EL DEAN MARTINEZ DE MAZAS Y LA PEDAGOGIA   DEL JAEN DE SU TIEMPO.

 Manuel López Pérez.

 

Muchas son las facetas que pueden estudiarse en la recia personalidad del dean D. José Martínez de Mazas (1.731-1.805). Una de ellas es sin duda su talante de pedagogo y educador. Desde su llegada a Jaén en 1.765 hasta el día de su fallecimiento en 1.805, el dean Martínez de Mazas se nos revela como un hombre profundamente preocupado por la teoría y práctica de la Educación. Como buen ilustrado, entendía que la formación de la niñez y juventud, que la educación de las gentes sin distinción de sexo, edad y condición social, era el fundamento básico para sacar a Jaén de su secular atraso y abandono.

Con su capacidad de sociólogo y educador moderno programó un elaborado plan de acción educativa, que dentro de sus posibilidades intentó llevar a la práctica a lo largo de sus cuarenta años de residencia en la ciudad. Martínez de Mazas llega a Jaén con la energía vital de sus treinta y cuatro años y eso le permitió practicar una intensa pedagogía de acción. No se limitó solo a escribir, a formular una determinada teoría pedagógica, sino que trató de poner en práctica, por su propia mano, sus particulares ideas educativas que son resultado lógicamente de las corrientes naturalistas que fluían en su tiempo, de su formación humanística y sacerdotal y de su propia experiencia como educador.

A la llegada de Martínez de Mazas a Jaén en 1.765, el panorama educativo de la ciudad, aparte de ser de muy cortos alcances, estaba anquilosado en unos usos y métodos que no habían evolucionado desde el siglo anterior.

Los propios condicionantes socio-económicos de aquel Jaén de la segunda mitad del siglo XVIII ya suponían de entrada una forzada limitación para cualquier política educativa. Basada fundamentalmente la economía familiar de la mayoría de las gentes, en la incertidumbre del trabajo temporero en las faenas agrícolas, o en rudimentarias labores artesanas, eran pocos, muy pocos, los niños y jóvenes que accedían a la escuela. El absentismo escolar era algo natural en todos los barrios de la ciudad. Cuando más, el niño llegaba a la escuela y apenas adquiridos los rudimentos de la lectura, escritura y numeración, la abandonaba para tratar de sumar su aportación laboral a la comunidad familiar.

La educación no se entendía aún como un servicio público imprescindible. Ciertamente en Jaén ya se detecta la preocupación de los obispos de la época y la adopción de algunas ordenanzas municipales que tratan de fomentar la temprana incorporación de las clases populares a las escasas escuelas abiertas de la ciudad. Pero los resultados prácticos eran bastante desalentadores.

La enseñanza primaria se cubría a duras penas con el concurso de instituciones religiosas y benéficas y alguna que otra escuela privada. (1)

El Cabildo Catedral sostenía su propia escuela o "cátedra de Gramática" que estaba dividida en cuatro clases -mínimos, menores, medianos y mayores- en las que los alumnos se integraban según edad y conocimientos. En ella convivían tanto alumnos gratuitos como "de pago", procedentes de familias acomodadas. Su funcionamiento y calidad educativa estaba a merced de los recursos disponibles, por lo que sufría frecuentes altibajos. También dependían de la Catedral otros dos centros, el Colegio de San Pedro y San Pablo, para niños de coro, creado en 1.728 y transformado años más tarde en Colegio de Seises de San Eufrasio y el Colegio del Santísimo Sacramento, creado en 1.682. Pero ambos, por sus singulares características, tenían un campo de acción muy reducido. (2)

Los múltiples conventos de religiosos abiertos en la ciudad, disponían también de sus propias escuelas. Sobresalían las de los franciscanos, dominicos y agustinos. En ellas, al igual que en las dependientes de la Catedral, la enseñanza, aparte de proporcionar unos conocimientos instrumentales básicos, tenían una clara y definida orientación vocacional, pues se trataba de encauzar a los pequeños hacia el estado eclesiástico. (3)

En el Real Hospicio, abierto en 1.699 "...para evitar el riesgo de que muchos niños se criasen vagamundos, sin aprender la doctrina cristiana ni a leer y escribir..." se contaba también con una escuela a cargo de "un maestro bueno, el mejor que se hallare", que trataba de proporcionar a los pequeños un bagaje cultural básico: lectura, escritura, doctrina cristiana y buenas costumbres. En esta escuela se admitían también niños que no tenían la condición de huérfanos y abandonados mediante un reducido estipendio. Pero el carácter esencialmente benéfico del establecimiento no era precisamente un atractivo para incorporar alumnado. (4)

Muy concurridas y solicitadas, por su secular prestigio, eran las Escuelas de la Santa Capilla de San Andrés, abiertas desde los años primeros del siglo XVI y dotadas de una metodología y recursos didácticos propios y personalísimos. Sus aulas eran muy atrayentes para el pueblo llano, lo que hacía muy reñido el ingreso. (5)

Había también un número variable de escuelas privadas. Los maestros, que debían contar con el preceptivo permiso del Consejo de Castilla, refrendado después mediante examen por el Ayuntamiento, podían abrir escuela en sus propias casas. Mal pagados y por lo general sin medios para adecuar la clase con un mínimo de comodidad y eficacia, su número era muy reducido.

Estos centros estaban orientados básicamente a la enseñanza de los varones. La enseñanza de la mujer era prácticamente inexistente.

Con ligeras variantes, la programación de estas escuelas primarias era muy similar. Lectura; caligrafía en sus diversas variantes; algunas nociones de gramática; operaciones básicas de aritmética; doctrina cristiana... y fomento de hábitos de "buenas costumbres y urbanidad".

La enseñanza era esencialmente memorística. Con algún que otro ribete de dogmatismo. Y con el uso frecuente y habitual de los castigos físicos, considerados por la mentalidad de la época como excelente recurso didáctico. En las escuelas de mayor prestigio, la ratio profesor/alumno era muy elevada, por lo que el maestro se auxiliaba con algún pasante y aun con alumnos aventajados. Las aulas, carentes por lo general de unos míminos de comodidad y salubridad, no eran precisamente atractivas.

Muy similar era el panorama de lo que podríamos denominar enseñanza secundaria. Que en buena parte venía a ser una ampliación de la propia escuela primaria.

Los estudios secundarios estaban asociados en su mayor parte a las instituciones eclesiásticas.

 La Escuela Catedral se prolongaba en una Cátedra de Latinidad que permaneció abierta hasta bien entrado el siglo XIX. El Colegio del Sacramento, acogía mediante beca, a jóvenes de 12 a 16 años, fundamentalmente dependientes menores de la S.I.Catedral. Actuaba como un seminario menor, proporcionando estudios de latín, filosofía y teología.

En los conventos de San Agustín y San Francisco, había estudios a los que podían asistir seglares, donde los jóvenes se preparaban para proseguir estudios universitarios. El Real Convento de Santa Catalina Mártir, de la Orden de Predicadores, mantenía abierto un Estudio General -especie de Universidad eclesiástica- que era sin duda el centro más elevado de la ciudad. (6)

En la Santa Capilla de San Andrés, se disponía también de una Cátedra de Gramática y Latinidad, que propiciaba el acceso a la enseñanza secundaria de muchos jóvenes carentes de recursos, que aunque luego no pudieran acceder a estudios de mayor rango, adquirían una sólida y esmerada formación humanística.

Los P.P. de la Compañía de Jesús mantenían abierto desde 1.668 un colegio con advocación de San Eufrasio que era sin duda el centro más prometedor de la ciudad, pues abarcaba desde la enseñanza primaria hasta la latinidad, filosofía y teología, con fundadas esperanzas de completar y ampliar sus enseñanzas. Más la inesperada expulsión de la Compañía, en Abril de 1.767, malogró tal proyecto educativo. (7)

Fracasados los múltiples intentos de convertir alguno de estos centros en Universidad, los escasos jóvenes que tras muchas dificultades decidían culminar sus estudios, se veían obligados a marchar lejos de sus casas. Las aulas universitarias de Baeza, Granada, Alcalá o Salamanca eran las más solicitadas.

Con este ambiente, sobre el que prevalece un ideario pedagógico trasnochado y unos criterios metodológicos ineficaces, se enfrenta D. José Martínez de Mazas al tomar posesión de su canongía en la Catedral de Jaén.

Para ese momento, muchas cosas están cambiando ya en la pedagogía española. Nuestra ciudad, aislada, lejos de las grandes vías de comunicación, falta de recursos y atractivos, queda al margen de las nuevas corrientes ideológicas. Pero la realidad es que para 1.765 los conceptos educativos están cambiando vertiginosamente. La llegada de Carlos III al trono en 1.759 supone una profunda renovación ideológica, que afecta a muchos usos y prácticas de la vida cotidiana, entre ellas a la enseñanza. Más de un tratadista -recordemos los nombres de Fr. Benito Feijoo (1.676-1.764), Fr. Martín Sarmiento (1.695-1.772), el P. José Francisco de Isla (1.703-1.871), Lorenzo Hervás y Panduro (1.735-1.809) y otros muchos que han de culminar con las figuras de Gaspar Melchor de Jovellanos (1.744-1.811) y Juan de Meléndez Valdés (1.754-1.817)- comienza a difundir unas ideas renovadoras y novedosas, que propugnan una reforma en profundidad de los criterios pedagógicos vigentes hasta el momento.

Comienzan a cuestionarse los métodos memorísticos; se fustigan los viejos métodos escolásticos para el estudio de las ciencias físico-naturales, decantándose por nuevos sistemas en los que predomine la observación y experimentación; se habla ya de un tipo de enseñanza directa, en la que el maestro saque al niño del aula y le ponga en contacto directo con los objetos y las cosas; se descubren las ventajas de la enseñanza simultanea de la lectura y escritura; aparece la preocupación por la higiene escolar; se advierte la necesidad imperiosa de fomentar la enseñanza en la mujer...

Se impone la idea de que sin reforma educativa, no es posible la reforma social; ni el progreso económico. Jovellanos ha de llegar a la conclusión de que para que los hombres sean felices, es indispensable ilustrarlos. Y Meléndez Valdés concluirá, que el hombre es miserable y débil en tanto que es ignorante.

Martínez de Mazas, que ya conoce todo este movimiento antes de llegar a Jaén, se convierte en un decidido impulsor de la renovación educativa de la ciudad. Y para ello trabaja en dos direcciones simultáneas.

De un lado, utiliza su categoría social, su privilegiada posición en el estamento clerical, tan dominante en la ciudad, para impulsar cuantas iniciativas y proyectos estima que pueden fomentar el común empeño de elevar la cultura y la preparación de los giennenses.

De otro, no duda en dedicar su tiempo libre y sus bienes patrimoniales al ejercicio personal de la docencia, en la forma y modo que considera puede ser más efectivo, según las circunstancias o la ocasión que se le presenta.

Una de sus primeras acciones surge cuando en la primavera de 1.767 los jesuitas se ven obligados a abandonar su renombrado Colegio de San Eufrasio.

Mazas es consciente de que el forzoso cierre de aquel centro ha de suponer un duro percance para un Jaén no muy sobrado precisamente de centros escolares. Por eso, inmediatamente busca el apoyo y la colaboración de algunas personas influyentes a las que ha conseguido imbuir de su espíritu dinámico y renovador.

Las ordenanzas firmadas por Carlos III en 1 de Marzo de 1.767 por las que se decretaba la expulsión de los jesuitas, establecían en su artículo XXVIII que "...en todos los pueblos donde hubiere casas o seminarios de educación, se proveerá en el mismo instante a substituir sus directores y maestros jesuitas con eclesiásticos seculares que no sean de su doctrina, en tanto que con más conocimiento se providencia su régimen...". Con esta base legal, se aprovechó el inmenso caserón abierto a las calles "de la Compañía" y "de las Escuelas", para abrir unas Escuelas Públicas atendidas por un selecto grupo de maestros que tenían su vivienda en ellas y que proporcionaban enseñanzas de lectura, escritura, Gramática y Retórica. (8)

Entendiendo que aquel era un centro donde podrían ponerse en práctica las nuevas corrientes pedagógicas que podrían cambiar la sociedad local, Martínez de Mazas buscó el apoyo de otro ilustrado de reconocido prestigio y eficacia, el Licenciado D. Juan Nepomuceno Lozano y López para hacer de ellas un centro docente de mayor rango y efectividad.

Era D. Juan Nepomuceno Lozano (1.738-1.823) persona de sólida formación humanística y abogado de reconocido prestigio. Inquieto, activo y muy preocupado por la realidad social de Jaén, trabajó siempre en estrecho contacto con el dean Mazas, de quien además de amigo fiel, fue eficiente colaborador y hábil organizador de cuantas empresas de trascendencia social ideaba el benemérito dean. (9)

Fruto de sus esfuerzos fue la creación de los denominados "Reales Estudios de la Concordia", en los que se intentó poner en práctica un novedoso sistema pedagógico, que desgraciadamente no dio los frutos que se esperaban. La resistencia de las gentes, más inclinadas a los viejos usos y la escasez de medios económicos, limitaron considerablemente los resultados educativos de este centro.

Dirigido por D. Manuel Palomino Morales, tuvo como profesores más destacados a D. Juan Nepomuceno Lozano, que lo fue de Retórica; a D. Tomás Ximénez, de Gramática, y D. Antonio José Jiménez, de Latinidad.

Los alumnos utilizaban como textos las "Geórgicas", de Virgilio, el "Catecismo Histórico", del abate Fleury, algún compendio de historia y unas "Máximas del Arte de Persuadir o Rethórica Filosófica", que escribió D. Juan Nepomuceno Lozano.

La enseñanza era totalmente gratuita, lo que trajo como consecuencia la animadversión de los restantes centros -sobre todo los de patrocinio eclesiástico- que se quejaban del supuesto laicismo de las enseñanzas que allí se impartían, que algunos llegaron a considerar influenciadas por las ideas racionalistas que en Francia defendía Juan Jacobo Rousseau (1.712-1.778) y de las continuas bajas de alumnos en sus centros, pues los jóvenes "...prefieren irse a los Reales Estudios, donde nada pagan...".

Esto motivó algún que otro pequeño conflicto que tuvo sus ecos en el Ayuntamiento. Tal vez por esa razón y por el posible escándalo que pudiera causar dada su condición sacerdotal, el dean Mazas no llegó a implicarse a fondo en este proyecto educativo.

Su acción se proyectó, no obstante, a través del continuado ejercicio docente de su gran amigo D. Juan Nepomuceno Lozano, que permaneció fiel al proyecto, incluso en los años de decadencia y extinción de los Reales Estudios.

Pero el centro donde Mazas va a tener la oportunidad de poner en práctica sus ideas pedagógicas es fundamentalmente la Real Sociedad Económica, institución que se crea en 1.786. (10).

Es curioso observar cómo el dean Martínez de Mazas, que según afirma su biógrafo Muñoz Garnica fue quien promovió la idea inicial de crear una Sociedad Económica, no figura explícitamente como directivo de la Sociedad. Es posible que ello se debiese a su personal concepto de la humildad, o al deseo de evitar cualquier posible incompatibilidad con los cargos que ostentaba en la iglesia diocesana. Pero ciertamente se aprecia en aquellos momentos iniciales, que detrás de la ilusionada actividad de la Real Sociedad Económica andaba el celo y la inquietud del señor Dean. Así se le reconoció años después, cuando la Sociedad Económica publicó sus "Anales". (11).

"Auxiliar la enseñanza" es uno de los objetivos primordiales que la Sociedad Económica se traza en sus Estatutos. Para ello una de las comisiones que establece en su seno, la 90 concretamente, es la "Comisión de Educación de los niños". La Comisión estaba compuesta por un jefe y tres socios, que eran auxiliados a su vez por otra comisión de "Protectores de los oficios y celadores de la enseñanza de primeras letras". (12)

La acción educativa de la Sociedad Económica se ejercía en dos modalidades diferentes. A través de las denominadas "Escuelas Patrióticas" y estableciendo la novedosa condición de "socio alumno".

La organización de las "Escuelas Patrióticas" está detallada a través del título decimocuarto de los Estatutos. Están planteadas como un recurso válido para "que la juventud no vague" y constituían un avance de lo que hoy denominamos formación profesional. En ellas se trataba de compaginar la enseñanza de las materias instrumentales que entonces se consideraban básicas -lectura, escritura, cálculo y doctrina cristiana- con la formación profesional de un oficio que pudiera ser útil y adecuado a las características y necesidades de la sociedad giennense.

Estas escuelas ofrecen también la novedad de fomentar la incorporación a ellas de la mujer, que hasta entonces estaba muy descuidada.

Con el establecimiento de la condición de "socio alumno", la Real Sociedad Económica pretender ejercer una acción educativa más directa, al actuar sobre un grupo de jóvenes escogidos y dotados ya de una formación básica. A ellos dedica el título decimoquinto de los Estatutos.

Se intenta complementar la formación que los jóvenes reciben en las escuelas y estudios menores existentes en la ciudad. Por eso quienes aspirasen a ingresar como "socio-alumno" tenían que sufrir un examen previo, para demostrar su dominio de la lectura, escritura, cuatro reglas de la Artimética y doctrina cristiana según el catecismo de Fleury.

Consciente de que las enseñanzas que los niños y jóvenes recibían en los centros docentes de Jaén, estaba aún muy influenciadas por fórmulas metodológicas y didácticas ancladas en la escuela dogmática del pasado, la Sociedad Económica se propone ampliar esa formación con una programación muy ambiciosa para su tiempo. Trata de que los alumnos se perfeccionen "...en la Ortografía, dando a cada letra su valor legítimo y expresando bien las interrogaciones, incisos, miembros y períodos, sin resabios, uniformando más nuestro idioma que tan desfigurado se oye en la boca de muchos que deberían saberlo, arreglándose a la Ortografía, sino también para que se instruyan en la verdadera política, gramática castellana, latina y de otras lenguas, dibujo, geografía, cronología, historia, ética, retórica, matemática, atendiendo mucho a la hidráulica, maquinaria, mineralogía, química y botánica, que son muy útiles para el país y también la historia nacional, costumbres, gobierno, leyes y privilegios con los motivos de su concesión, sus industrias, sus cosechas, su comercio, su población con los atrasos o progresos, aprendiendolo metódicamente desde su origen por anales o épocas, bajo la dirección de algunos socios doctos, que al mismo tiempo trabajarán unos tratados históricos en que se contengan estas materias por su orden, con brevedad y exactitud para facilitar a los alumnos el aprovechamiento según su inclinación y talentos..." (13)

Aparte de esta actividad docente propia, la Sociedad Económica trató desde un principio de estimular a los educadores giennenses y a sus alumnos creando, a partir de 1.787 una serie de premios y distinciones que incentivarán la preocupación común por los avances en la enseñanza. De ellos, el más significativo era la concesión de una medalla, que se colocaba pendiente de una cinta azul en el ojal de la casaca, en cuyo anverso figuraba el busto de Carlos III, coronado de laurel y en el reverso una inscripción que decía: "Premio de la Sociedad Patriótica de Jaén". Los premios se entregaban en una sesión solemne que tenía lugar anualmente el día de San Carlos.

Toda esta actividad docente estaba supervisada por dos socios denominados "curadores" que en cumplimiento de su función inspectora estaban obligados a visitar con frecuencia las escuelas para atender a su régimen económico, dotación de enseres y material, cumplimiento de los objetivos docentes programados, control del absentismo, etc., con la facultad de recurrir incluso a la Justicia en caso preciso.

Con su actividad docente, que en el transcurso de los años se fue completando y perfeccionando, la Sociedad Económica no sólo presentó a Jaén muchos de los postulados y principios científicos de la pedagogía naturalista y semi-racionalista de la segunda mitad del XVIII, sino que por vez primera se hizo realidad de una forma metódica y organizada algo, que desde la práctica docente cotidiana se veía muy lejano: la implantación de actividades regladas de formación profesional y la apertura de escuelas para niñas, hasta entonces prácticamente inexistentes.

En todos estos proyectos educativos está presente el dean Martínez de Mazas, que aprovecha todas las oportunidades que se le ofrecen para difundir sus ideas pedagógicas.

Su conocido y celebradao libro "Retrato al natural de la ciudad y término de Jaén" publicado en 1.794, cuando después de casi treinta años de continua residencia en la ciudad había adquirido suficientes elementos de juicio para conocer en profundidad cuáles eran las carencias de Jaén, contiene repartidas entre sus páginas muchas de sus ideas pedagógicas. (14).

Ya en la extensa dedicatoria que de él hace a la Real Sociedad Económica, fechada en 30 de Diciembre de 1.791, deja bien claro que el libro pretende ser un recurso didáctico para que los alumnos de la Sociedad Económica "...consigan la instrucción que necesitan...".

El dean Martínez de Mazas está plenamente convencido de que la prosperidad de los pueblos depende fundamentalmente de la cultura e instrucción de sus habitantes. Por eso trata de que las nuevas generaciones de giennenses accedan con mayor facilidad a la educación. De ahí su contínuo interés por los temas educativos y esa ilusión que manifiesta en voz alta al hacer la dedicatoria del libro: "...si se lograse establecer en esta capital un Colegio de Nobles como lo tiene pensado el Real Consejo de Castilla, tendría V.S. mayor proporción de extender sus cuidados sobre la juventud más escogida de la Provincia...". (15)

Convencido de que la Historia es maestra de la vida, el dean Mazas escribe una historia de Jaén, en la que los jóvenes, partiendo del conocimiento objetivo de los siglos pasados, encuentren los elementos de juicio precisos para hacer un diagnóstico veraz de los males que aquejan la ciudad y así, utilizando la Educación como recurso fundamental, puedan encontrar soluciones prácticas que ayuden a despejar el futuro de la ciudad.

Con la obra del dean Mazas vemos como hace su aparición en Jaén el gran principio de la enseñanza por el ejemplo, de la pedagogía de acción que se contrapone con la pedagogía de instrucción, tan común en los tiempos anteriores. Y en todos los capítulos de su libro incluye observaciones prácticas con la esperanza de que los poderes públicos las recojan y apliquen.

De ahí su insistencia para que en las escuelas se usen textos como el "Praedium Rusticum" de Jacobo Varnier y las "Geórgicas" de Virgilio.

"...Los maestros de Gramática -escribe- después de  haber explicado a sus discípulos las Geórgicas de Virgilio, deberían hacer lo mismo con el Praedium Rusticum, no solo para darles más extensión y conocimiento de la lengua latina y que no ignorasen los términos más comunes de las cosas del campo, sino para aficionarlos insensiblemente a la agricultura, imprimiendo en sus tiernos años aquellas ideas y noticias que les aprovecharían después y que no se borran tan fácilmente. )Quién sabe la utilidad que resultaría de estos principios?. Todos aquellos que con el tiempo llegan a ser párrocos, intendentes, corregidores y aun labradores acomodados y buenos padres de la Patria, se acordarían de lo que oyeron al Maestro y gustarían de saber la práctica de labrar tierras, criar ganados, etc. Harían sus observaciones y enmendarían muchos abusos. Ciertamente que es muy vergonzosa la desidia que hay en esta parte y que saliendo tantos sujetos de letras a pasearse todos los días en el campo, no procuren más utilidad que la de exercitar el cuerpo y recrear vanamente la vista, mientras la tierra, madre común de los vivientes, no cesa de obrar para su alimento y vestido...". (16)

Juiciosa reflexión, muy ajustada a la pedagogía naturalista de su tiempo, que sugiere complementar con la creación de "...una posesión de campo, olivar y viña, para hacer en ella todas las experiencias que pide la materia. Este sería el mejor Jardín Botánico en que se estudiase y enseñase el modo de hacer más útiles y fructuosas muchas tierras y aun el conocimiento de muchas hierbas medicinales que aún las mismas bestias nos han enseñado...".

También exhortaba a los maestros para que cuidasen sus enseñanzas al máximo, buscando una metodología sencilla y eficaz y unas formas didácticas que se hiceran gratas a los pequeños.

Pedía con insistencia que se atendiera la enseñanza de la mujer, creando a tal efecto una Junta de Señoras que promoviese la adecuada instrucción y educación de las niñas "de cuya buena educación depende la mayor parte del bien de la República", estableciendo a tal efecto escuelas gratuitas en los conventos de religiosas y "dotando algunas maestras seculares que enseñasen de balde".

Personalmente trataba de ejercer el magisterio en cuantas ocasiones podía. "...Ibase -ha escrito Muñoz Garnica- a las escuelas y aulas de latinidad; hacíase el amigo de los niños; los llevaba al campo, solía ser a la Fuente de la Salud y allí los regalaba, pero no se pasaba la tarde o la mañana sin que sacara un libro que a prevención llevaba en el bolsillo y sin la severidad del aula, cosa que hubiera quitado a los niños el placer de aquel entretenimiento, los instruía y ejercitaba su aplicación..." (17)

Para esa particular actividad hay referencias ciertas de que escribió dos obritas, de las que por desgracia no ha llegado a nosotros ningún ejemplar que nos ilustre aun más sobre las cualidades pedagógicas del Dean.

Dícese que una tarde en que según su costumbre paseaba junto a su compañero el canónigo lectoral D. Juan José de la Madrid, coincidieron con unos jóvenes estudiantes que se afanaban en traducir fragmentos de un libro latino. Y como los jóvenes les informaran que traducían de la Eneida, el Sr. La Madrid opinó que no tenían madurez para comprenderla. El dean Mazas, preocupado, intentó colaborar a la posible resolución de aquel problema didáctico, muy común en los centros de enseñanza secundaria y escribió un libro titulado "La Eneida al alcance de los niños", que se empleó como texto en los Reales Estudios y en las escuelas de la Real Sociedad Económica.

Igualmente escribió y editó un pequeño manual titulado "El Arte de Escribir", destinado a las escuelas de primeras letras.

En el siglo XVIII la vieja y tradicional escuela de calígrafos españoles estaba en crisis, por lo que hubo varios intentos de revitalizar este arte. Intentos que en muchos casos estuvieron apadrinados por las Reales Sociedades Económicas, entre las que fue pionera la Real Sociedad Vascongada, que en 1.774 encargó a D. Francisco Javier de Santiago Palomares su famosa obra "Arte nueva de escribir" que se editó en 1.776. Estaban también en boga otras obras semejantes, como el "Arte de escribir por reglas y sin muestras", de José Anduaga y Garimberti, publicado en 1.781 y el conocido "Arte de escribir por reglas y con muestras", editado en 1.798 por Torcuato Torío de la Riva. (18)

Todos estos tratados circulaban por las escuelas ilustradas, pero por su costo quedaban fuera del alcance de los alumnos y aun de las escuelas humildes. Se precisaba algo más sencillo y accesible, que los maestros suplían con buena voluntad preparando, inspiradas o copiadas de esas obras señeras, láminas y "planas" de muestras que circulaban por los  pupitres para que los alumnos se adiestrasen.

Mazas, que conocía indudablemente este vacío de las escuelas giennenses, quiso llenarlo y con su habitual diligencia editó su "Arte de Escribir", del que es de lamentar la carencia de ejemplares que permitan su estudio comparativo con el resto de los manuales coetáneos.

Quédanos por reseñar la importante labor educativa que el dean Mazas promovió a través de la "Casa de Labor" instalada a sus instancias en el edificio que antaño fue Casa de Comedias, en la Plaza del Mercado, edificio cuya cesión se consiguió en septiembre de 1.787.

Esta obra benéfico-educativa se planteó como un recurso eficaz para educar niñas pobres y para evitar la mendicidad de ancianos, enfermos y disminuidos. Organizada en un taller de manufacturas del esparto y una escuela gratuita de hilados, la Casa de Labor es un claro antecedente de lo que hoy son los talleres ocupacionales y las aulas de educación compensatoria. (19).

Con el aliciente de aprender un oficio, ganar un jornal, e incluso conseguir el plus de alguna que otra ayuda que remediara sus necesidades, un promedio de ochenta personas acudían diariamente a la Casa de Labor. La Sociedad Económica concentró en ella muchos de sus esfuerzos y entusiasmos iniciales. Se compraron máquinas textiles en Madrid, Sevilla y Granada y se contrató a una maestra a quien se facilitó vivienda en el mismo edificio para garantizar el contacto con las alumnas. Los señores socios, aparte de aportar sus ayudas económicas indispensables para el sostenimiento de la casa, aportaban también su colaboración personal a las tareas educativas.

En esa misión destacó el dean Mazas, que a diario pasaba por la Casa de Labor y luego de dirigir algunos ejercicios piadosos compatibles con el trabajo manual, aprovechaba para explicar con sus personalísimas dotes de maestro, distintos temas ocasionales con los que se intentaba la promoción social y cultural de aquel heterogéneo alumnado.

Ese contacto diario con las niñas de la Casa de Labor le inspiró la que habría de ser la obra pedagógica que culminara su vida.

Seguro de que se encontraba ya en el ocaso inexorable de la vida, el 16 de Abril de 1.805 otorgó testamento. En él, luego de cumplir con todas las mandas y legados que le dictaba su conciencia, no puede sustraerse a su intrínseca condición de educador. De su práctica docente de tantos años, ha sacado la conclusión de que entre las necesidades educativas de Jaén ocupa lugar primordial el fomento de la enseñanza para la mujer. Por eso, en su lecho de muerte todavía le acucia la preocupación social de aportar su granito de arena para cegar este lamentable hueco. Y dispone que una parte de sus bienes se destinen a la fundación de una escuela de niñas en el barrio de San Ildefonso, donde siempre vivió.

En aquel momento, el dean Mazas siente la desazón de no haber solventado antes este problema educativo por el que tanto ha luchado. "...Quisiera -se lamenta- que tuvieran mejor educación tantas niñas pobres como viven en dicha parroquia, con lo que se evitarán en adelante muchas ofensas a Dios; pero no he tenido, ni al presente me hallo con medios suficientes para dejarla bien establecida. Sin embarago, quiero y es mi voluntad fundar, como desde luego fundo dicha escuela de maestra de niñas...". Y luego de señalar los bienes raices que han de constituir la fundación y establecer algunas orientaciones en orden a su futura organización, testimonia su condición de educador creyente confiando la escuela a la Divina Providencia: "...Y que Dios le eche su bendición aunque empieza la escuela tan pobre, pues no tengo arbitrio para más..." (20)

Cuatro días más tarde de esta su última actividad educativa, a la una y cuarto de la madrugada del 20 de abril de 1.805 fallecía el M.I.Sr.D. José Martínez de Mazas, dean de la S.I.Catedral.

Más como suele ocurrir con todos los auténticos educadores y maestros, la muerte no supuso el fin de su obra.

Ciertamente, la tremenda conmoción sufrida por la ciudad en el período de 1.808-1.813, sacudió fuertemente los cimientos de todo aquel proyecto educativo que el dean Mazas y el grupo de ilustrados que con él hicieron causa común habían levantado a fuerza de entrega y dedicación. Pero la sacudida fue solo pasajera.

La pedagogía renovadora del dean Martínez de Mazas había llevado un aire fresco y vivificador a las escuelas giennenses. Muchas de sus ideas y metodologías se habían consolidado en las aulas de aquella vieja Casa de Comedias, ahora convertida en sede de la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Algunos de los amigos y colaboradores que le sobrevivieron -como D. Juan Nepomuceno Lozano- guardaron con fidelidad por muchos años a las directrices pedagógicas del dean Mazas. Y su "Retrato al natural de la ciudad y término de Jaén", se convirtió en un texto clásico con el muchos giennenses, con más ilusión que éxito, trataron de buscar el pasado de Jaén para, desde su análisis, proyectar el futuro.

Hoy, a los doscientos años de la publicación de aquel libro que compendia todos los saberes y la capacidad pedagógica del dean Mazas, sus apreciaciones aun siguen vigentes. Quizás porque aun tienen validez aquellas palabras de Plinio "el joven", que el canónigo La Madrid utilizó como colofón a un fraternal elogio necrológico del dean Mazas:

"...Fue digno de servir de ejemplo por la pureza de sus costumbres, por la elegancia de su ingenio, por la variedad de sus obras...".

 

          NOTAS.

 1.- Las "respuestas generales" del Catastro de Ensenada nos indican que en Jaén durante 1.753 solo había cinco maestros de primeras letras y cuatro preceptores de Gramática, cifra muy exigua para la capital.

2.- La documentación referente a ambos centros se conserva en el Archivo Catedralicio.

    El más antiguo fue el Colegio del Santísimo Sacramento, abierto en la calle hoy denominada "del Colegio" en 1.683, gracias a una fundación instituida por D. Gaspar de la Justicia y Robles. Admitía seis u ocho colegiales en régimen de internado, con edades entre 12 y 16 años y su régimen académico equivalía al de un seminario menor. Muy transformado en su régimen y organización se cerró bien entrado el actual siglo.

    El Colegio de Seises se abrió en 1.728. Primero estuvo en la casa de "las Recogidas", en la calle de su nombre, después en la calle Campanas y finalmente, desde 1.829, en la calle de Jorge Morales. En él se acogían seis niños en régimen de internado a los que aparte de formación musical se les enseñaban las primeras letras. Se cerró también ya bien entrado este siglo.

3.- En aquellas fechas existían en Jaén los conventos de San Francisco, Santa Catalina Mártir -también conocido de Santo Domingo- P.P.Capuchinos, la Trinidad; Carmelitas Calzados; Carmelitas Descalzos; San Agustín; San Juan de Dios y P.P.Jesuitas.  

    De todos ellos, las aulas más frecuentadas por seglares eran las de los franciscanos, dominicos, agustinos, carmelitas descalzos y como es lógico, jesuitas.

    Las enseñanzas cursadas en ellos habían de convalidarse en una universidad para que tuviesen la debida validez a efectos civiles.

4.- El Real Hospicio y Casa de Niños Huérfanos se creó en 1.699 gracias a un patronato fundado por D. Tomás de Vera y Prado. Admitía cuarenta niños. Después se agregaron a él otras fundaciones  y se reformó su organización. A los niños se les acogía en internado y se les enseñaban las primeras letras y un oficio. A mediados del XIX se integró en la Beneficencia Provincial.

5.- Se fundaron en 1.515 por D. Gutierre González Doncel. Disponían de cuantiosas rentas, lo que permitía contratar a los mejores maestros. Utilizaba como texto un doble libro escrito por su fundador, el "Libro de la Doctrina Cristiana" y el "Libro de la Doctrina Moral y Exterior". Las enseñanzas se complementaban con otras ayudas y socorros.

6.- Sobre este centro docente ver R. Ortega Sagrista, "La extinguida Universidad de Santa Catalina Mártir", en Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, n1 54 (1.967), págs. 9 y siguientes.

7.- Amplia información sobre este centro figura en el manuscrito "Historia de la entrada y misión de la Compañía de Jesús en la ciudad de Jaén", existente en el Archivo Catedralicio. De él tenemos una transcripción y estudio inédito.  

     Sobre la expulsión de los jesuitas giennenses, ver nuestro trabajo "Los jesuitas en Jaén", en diario JAEN de 23 y 24 de mayo de 1.967.

8.- Se trata del edificio que hoy es Conservatorio Oficial de Música. Allí los Reales Estudios compartían dependencias con otras instituciones benéficas, lo que no favorecía precisamente la necesaria paz de la actividad docente.

9.- D. Juan Nepomuceno Lozano era natural de Jaén, donde siempre vivió a lo largo de su dilatada vida. Aparte de ser un prestigioso abogado, tenía una completísima preparación literaria y humanística. Hombre inquieto y emprendedor fue dirigente de numerosas entidades. Destacó su labor en la Real Sociedad Económica, de la que fue el primer secretario. Figura fundamental para conocer a los ilustrados giennenses, tenemos en preparación  un bosquejo biográfico con el que pretendemos sacarlo del olvido.

10.- Para el estudio de esta institución, ver:

 * Felipa Sánchez Salazar: "LA REAL SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS, DE JAÉN". Jaén, 1.983. Instituto de  Estudios Giennenses.

 * Inmaculada Arias de Saavedra: "LAS SOCIEDADES    ECONÓMICAS DE AMIGOS DEL PAÍS DEL REINO DE JAÉN".    Granada, 1.987. Universidad.

11.- "ANALES DE LA SOCIEDAD ECONÓMICA DE JAÉN". Jaén, 1.820. Imp. de Manuel nuel M0 Doblas.

12.- "ESTATUTOS DE LA SOCIEDAD ECONÓMICA DE JAÉN". Jaén, 1786.

13.- Ver "Estatutos", Título XV, artículo IV.

14.- "RETRATO AL NATURAL DE LA CIUDAD Y TERMINO DE JAÉN". Jaén, 1.794. Imp. de Pedro de Doblas.

15.- "Retrato...", final de la dedicatoria-introducción.

16.- "Retrato...", págs. 315-318.

17.- Manuel Muñoz Garnica: "VIDA Y ESCRITOS DE D. JOSÉ MARTÍNEZ DE MAZAS". Jaén, 1.857. Imp. de López y Cía. Ver págs. 42 y siguientes.

18.- Una visión de la situación de la caligrafía española de la época en el libro de Eufrasio Alcázar Anguita: "HISTORIA ESCOLAR DE LA CALIGRAFÍA". Guadalajara, 1.966.

19.- Sobra la "Casa de Labor", ver las obras citadas en notas   10 y 11.

20.- Testamento de D. José Martínez de Mazas, ante José A. de Bonilla. 16 de Abril de 1.805. Al folio 156 del Protocolo de ese año. 

 

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