LA ENSEÑANZA DE LA MUJER EN EL JAÉN DEL DEÁN MAZAS.
Mª DESAMPARADOS ARANDIA LLACER.
Los años de estancia
del Dean D. José Martínez de Mazas en la ciudad de Jaén (1.765-1.805) coinciden con una etapa en la que los servicios educativos eran muy limitados y bastante deprimentes. Sin centros docentes de rango superior, con una mínima cobertura de la enseñanza secundaria y con escasas escuelas
primarias, las posibilidades formativas de los giennenses eran muy contadas. Y por supuesto, dirigidas casi en exclusiva a la enseñanza de los varones.
El
criterio muy arraigado en la sociedad española, de que la mujer solo estaba capacitada para dirigirse por dos caminos, el claustro monjil o el matrimonio, hacía que su formación intelectual estuviera muy descuidada, tanto a nivel familiar como institucional.
Todos los esfuerzos públicos y privados se dirigían esencialmente a preparar a las mujeres para que fuesen intachables cristianas, completas amas de casa y abnegadas madres de familia. La edad temprana a la que se solía llegar al matrimonio y la extendida indigencia de la mayor parte de las familias giennenses, potenciaban ese desinterés general por mejorar la formación femenina.
Escasos
son los datos que conocemos sobre la enseñanza local en el siglo XVIII. Las "Respuestas Generales" del Catastro de Ensenada nos indican que en 1.753 ejercían en Jaén cinco maestros de primeras letras y cuatro preceptores de Gramática, censo bien exíguo y ajeno por lo demás a la enseñanza
femenina.
Tan
natural y lógica se encontraba esta situación, que tres cuartos de siglo después, cuando D. Pedro Mª Barrera analiza las peculiaridades de la mujer giennense, nos ofrece estas consideraciones:
"...Circunscribiéndonos
a Jaén, puede asegurarse que desde lo más granado de las clases privilegiadas, hasta lo más abyecto de las desheredadas, la mujer vive en un lamentable abandono intelectual, que la despojaría de muchos de sus naturales encantos si la imaginación fecunda y maravillosa y el gracejo peculiar de
las hijas del Mediodía no cubrieran con un manto de flores artificiales la esterilidad de inteligencias apenas cultivadas...". "...En Jaén, las familias que más se interesan por la instrucción de sus hijos y que presumen de marchar a la cabeza de la civilización provincial suelen
afanarse sin descanso para poner a los varones en camino de ser capitanes generales del Ejército o presidentes del Consejo de Ministros. Pero las mujeres tienen que contentarse con tomar un bañito muy ligero de lo más indispensable para alternar en sociedad y bien pueden decir las que consiguen
colocarse a cierta envidiable altura, que lo deben a su buen juicio, a su claro talento y a su prodigiosa intuición. (Ya se ve!. Comienzan por asistir a una escuela de niñas donde las que más, aprenden a leer de corrido, a escribir con
ortografía no muy católica, a practicar maquinalmente las cuatro reglas fundamentales de la Aritmética y a mascullar la doctrina cristiana con la extensión que tiene en el catecismo de Ripalda.
Cuando
abandonan la escuela se dedican bajo la inmediata dirección de las madres a las faenas domésticas, para llegado el caso en que la niña, convertida en joven casadera, tenga que concluir deprisa el ajuar porque el novio arde en deseos de que les lean la epístola
de San Pablo, no se encuentre la propia chica con que ignora por completo las obligaciones de toda casada hacendosa...".
"...En
Jaén -escribe Barrera (en 1.877!- respecto a mujeres se sigue pensando como pensaban nuestros abuelos. Y nuestros abuelos, que como ellos decían, estaban chapados a la antigua, ni siquiera llegaron a sospechar la grave injuria que inferían a las madres de sus hijos al sustentar la tesis de que
los mandamientos de la mujer se reducen a dos: a ser honrada hasta la pared de enfrente y a tener su casa y familia como una taza de plata...".
Con la lectura de
estos textos podemos comprobar que desde finales del siglo XVIII en que comienzan a proliferar escuelas gratuitas para niñas gracias a las iniciativas del Deán Mazas, hasta 1.877 en que D. Pedro Mª de Barrera escribe sus observaciones sobre la educación de nuestras paisanas, las cosas cambiaron
muy poco y practicamente la enseñanza de la mujer estuvo estancada.
Por
eso Pedro Mª Barrera no duda en afirmar en su trabajo "Mujeres de Jaén" algo que era común opinión:
"...Si la mayor
parte de las españolas se pusieran a escribir, les estorbarían los dedos; si se ponen a leer, les estorba lo negro...".
Carlos III con una Real
Cédula promulgada en 1.768, había dictado unas normas básicas para fomentar la creación y organización de escuelas gratuitas para niñas. En ella se detallaban minuciosamente los diferentes aspectos administrativos que las regían, así como los métodos, horarios, condiciones que habían de
reunir las maestras, etc. Pero de esa Real Cédula se desprende con claridad cual es el concepto que se tiene en la época de lo que debe ser la educación de la mujer, que basa en dos aspectos fundamentales, enseñanza de doctrina cristiana y dominio de un amplio catálogo de labores domésticas,
con preferencia de costura. Todo lo demás se considera accesorio.
"...El
principal objeto de las escuelas - concluye la Real Cédula- es la labor de manos. Pero si alguna de las muchachas quisiese aprender a leer, tendrá igualmente la maestra la obligación de enseñarla...".
Era pues muy
normal que en la segunda mitad del siglo XVIII la enseñanza de la mujer tuviera en Jaén muy escasas pretensiones.
A
nivel general las niñas asistían en sus primeros años a las populares y tradicionales "migas", centros improvisados de calle o barrio, en los que alguna mujer con mejor voluntad que preparación, iniciaba a las niñas en los rudimentos más elementales del saber. Que no solían pasar
del aprendizaje de oraciones y deberes religiosos; algo de iniciación a la lectura y escritura y principios de las labores de aguja.
Esta
preparación era, además de muy precaria, corta en el tiempo ya que lo habitual era que antes de cumplir los diez años, las niñas pasaran a integrarse en el mundo laboral, bien por cuenta ajena o bien colaborando en las faenas domésticas de su propia casa.
Quienes
contaban con medios económicos o con alguna protección conseguían entrar muy niñas aún en alguno de los múltiples conventos de religiosas de la ciudad, donde la formación se prolongaba hasta los primeros años de la adolescencia, en que la presión social y familiar forzaba a la niña a
decidir su futuro, que no era otro que continuar en el convento o contraer matrimonio.
En
conjunto, la formación que se proporcionaba a la mujer en aquellos años era, en el mejor de los casos, incompleta y muy limitada: lectura, caligrafía, algún rudimento de numeración y cálculo, mucha doctrina cristiana y labores. Estas dos últimas áreas gozaban de predominio sobre las demás.
De ahí la gran tasa de mujeres analfabetas que se detectan en aquellos años.
Los
ilustrados del siglo XVIII son conscientes de este problema social y manifiestan una preocupación constante por la enseñanza. Todos los males de España los atribuyen a la incultura. Por eso aspiran a inculcar en la sociedad la inquietud por la enseñanza y el aprendizaje.
La tasa de
analfabetismo era alarmante. El absentismo escolar, sobre todo en la mujer era práctica habitual. Se prescindía de métodos de observación y experimentación. Primaban los métodos memorísticos...
Desde
la mentalidad ilustrada se imponía reformar a fondo la enseñanza y los recursos y métodos educativos.
Los
colaboradores de Carlos III y algunos hombres ilustrados como Menéndez Valdés, Jovellanos o el Padre Feijoo, trabajan incansablemente para difundir nuevos estilos y conceptos que mejoren el panorama educativo español.
Se
persigue una acción común para conseguir unos objetivos fundamentales, entre los que están la obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza básica; la consideración de la enseñanza como un servicio público; la enseñanza de técnicas científicas que rescaten a buena parte de la población del
atraso y la miseria. Y sobre todo dos principios novedosos: promocionar la educación de la mujer dignificando su nivel intelectual y rescatar a las niñas de la masa ociosa o la rutina hogareña, aplicándolas útilmente a ocupaciones adecuadas a su sexo, mejorando su formación profesional.
La
creación de las Sociedades Económicas de Amigos del País será sin duda un excelente recurso para hacer posibles estos proyectos. Sobre todo en lo referente a la educación de la mujer, pues ya Campomanes, en su divulgado "Discurso sobre la educación popular", señala como tarea más
urgente de las Sociedades Económicas, la búsqueda de fórmulas que propicien la mejora del sistema de enseñanza de la mujer.
En todo este movimiento
ilustrado en pro de la mejora de las posibilidades educativas de la mujer giennense, resulta clave la actividad del Dean Mazas. Su pensamiento queda evidente, cuando al finalizar la parte primera de su memorable "Retrato al natural de la ciudad y término de Jaén", completa sus notas históricas
con un íntimo deseo:
"...Un autor
moderno -dice- clama con razón por que en los conventos de monjas hubiese escuelas gratuitas para niñas, de cuya buena educación depende la mayor parte del bien de la República y fácilmente se pudieran establecer sin perjuicio de la clausura. También fueran útiles para que las niñas se
aficionasen a ser religiosas. Entre tanto se debieran dotar algunas maestras seculares que enseñasen de valde...".
Martínez de
Mazas es quien asume con decisión en el Jaén de su tiempo la lucha en pro de la creación de escuelas para la mujer, tarea a la que dedica muchas energías, tanto a nivel personal, como influyendo sobre los programas de acción social que pone en marcha la Real Sociedad Económica de Amigos del País,
creada a iniciativa suya en 1.786. Hecho innegable que con justicia resalta su biógrafo D. Manuel Muñoz Garnica en 1.857, cuando escribe:
"...Con tal
solicitud miraba la educación de la mujer y con tanto dolor el abandono en que se hallaba, que si su caridad no le hubiese empobrecido, hubiera destinado pingües rentas al socorro de esta necesidad. Sin embargo, con lo poco que tenía, estableció una escuela y dotó una maestra...".
Creada la
Sociedad Económica en 1.786, la preocupación del Dean Mazas por esta cuestión se recoge en la organización de las Comisiones de trabajo, de las que la 90 se ocupa exclusivamente "...de la educación de niños y jóvenes en oficios y facultades, cuidando especialmente de los huérfanos y expósitos
y de la crianza y aplicación de niñas pobres...". Y también dedicando todo el título decimocuarto de los Estatutos a la organización de las denominadas "Escuelas Patrióticas", consideradas esenciales para la protección de la mujer, sugiriendo en el artículo VII de ese
mismo Título, que
"...Será
muy apreciable el celo de los socios que quieran concurrir a mantener algunas escuelas gratuitas para niñas pobres, en donde aprendan a trabajar labores finas y bastas según la
inclinación y proporciones de cada una, incluyendo desde las hilazas, tejidos y bordados más exquisitos hasta labrar el esparto, haciendo pleitas y otras maniobras, porque todo conduce al fin y objeto de esta sociedad...".
Se pensó además
en principio incluir en los Estatutos la constitución de una "Junta de Señoras", que había de contribuir a estos proyectos de promoción de la mujer giennense promovidos por la naciente Sociedad Económica de Jaén. Si bien antes de enviar los Estatutos a Madrid para su aprobación, se
decidió suprimir este apartado por considerarlo muy avanzado. Es muy posible que el Dean Mazas fuese su inspirador.
La
acción de la Sociedad Económica de Jaén en pro de la enseñanza de la mujer se hizo presente en la sociedad local a través de dos acciones distintas, pero complementarias.
Primero,
estableciendo una serie de premios y galardones que sirvieran de estímulo a quienes se comprometieran, bien como maestras o como alumnas, a una integración activa y destacada en los nuevos proyectos educativos de enseñanza de la mujer.
Y
después, creando una "Escuela Patriótica" o "Casa de Labor", que entre sus finalidades principales mantenía la de promover la educación de niñas de familias humildes.
Por
lo que respecta al primer aspecto, desde su primer año de funcionamiento la Sociedad Económica estableció entre el amplio repertorio de premios anuales, varios destinados a estimular iniciativas en pro de la educación de la mujer.
En
la convocatoria de 1.787 fijó un premio de cien reales para la maestra o "amiga del País" que presentara más niñas adelantadas en manufacturas o instruidas en la doctrina cristiana. Y veinte reales a la que sobresaliese en esta última materia. Así como cuatro vestidos para niñas
menores de siete años que demostraran mediante examen estar bien instruídas en la doctrina cristiana.
El análisis de
la convocatoria de premios de 1.787 nos indica que aún no se había iniciado en profundidad el interés de la Sociedad Económica por la educación de los varones y que en las niñas se premia sobre todo su dominio del conocimiento del catecismo.
Pero
ya en las convocatorias siguientes se advierte un notable interés por galardonar enseñanzas femeninas.
Se
designa una Junta de Damas, integrada por las marquesas de Acapulco y Cadimo y la Vizcondesa de Los Villares, a las que se unen otras señoras como Dª Cristobalina Caicedo, Dª Mª Francisca Hierro y Rojas, Dª Francisca Padura Uribe, Dª Damiana del Prado Ruiz de Castro y Dª Francisca de Paula
Salazar, que tienen como misión supervisar e informar sobre los adelantos advertidos en la enseñanza de las niñas. Y se comienzan a otorgar numerosos premios que estimulan públicamente los afanes de promoción de las niñas. De esta forma se otorgan tres medallas y dos premios extraordinarios a
"las niñas más adelantadas en manufacturas". Tres medallas de plata y un premio extraordinario a las "niñas más instruidas en la doctrina cristiana". Dos premios a las niñas menores mejor instruidas en doctrina cristiana. Y tres premios a "las niñas más diestras en
leer y escribir". Curiosamente, uno de ellos recayó en la niña Dª Mª Dolores Zeballos, que era hija del Vizconde de los Villares, lo que indica que la lectura y escritura eran ya una posibilidad no muy común en las clases populares.
Para
las maestras se conceden dos premios a las que tutelen mayor número de alumnas premiadas.
En esta
convocatoria de premios hay un caso singular que testimonia el interés que la Sociedad Económica sabe despertar por la educación de la mujer.
"...Concluida
la adjudicación de premios -dicen las actas de la Sociedad- se presentó Antonia de Arcos y Ecija, de edad de doce años, manifestando no haber llegado a su noticia el examen de leer que se había hecho a las niñas, porque era una infeliz retirada en su casa donde por su aplicación había
conseguido que una vecina suya le diese algunas lecciones; y sin embargo leyó a presencia de toda la Sociedad en el libro que se le dio con perfecto sentido, sin resabio alguno, de suerte que llenó de satisfacción y complacencia a todo el cuerpo y
demás circunstantes. Así por este motivo, como por estar ayudando a mantener a su madre, viuda y enferma con el trabajo de sus manos, se movieron los compasivos corazones de algunos socios a darle varias gratificaciones y D. Andrés de Viedma, segundo Director, ha puesto maestro que la enseñe a
escribir y la instruya con el mayor esmero, cultivando los extraordinarios talentos de esta joven benemérita cuya memoria y feliz comprensión son casi increíbles...".
Esta cita demuestra cómo
con los trabajos del Dean Mazas y las iniciativas de la Sociedad Económica, la educación de la mujer se comienza a valorar en Jaén cual corresponde.
Siguiendo la
opinión de Campomanes y los acertados consejos del Dean Martínez de Mazas, la Sociedad Económica de Jaén manifiesta desde sus principios el deseo de combinar en la formación de las niñas, tanto la instrucción en las primeras letras como la habilidad en el dominio de alguna manufactura,
principalmente de carácter textil.
D.
Manuel Muñoz Garnica, biógrafo del Dean Mazas, nos informa de cómo a instancias del clérigo santanderino,
"...para educar a las niñas pobres y evitar la mendicidad de los ancianos y enfermos, tomó la Sociedad Económica en arriendo la casa que fue de Comedias, agregada al Pósito. En ella se establecieron la fábrica de espartos y la escuela gratuita de hilados...".
Se trata de la
"Escuela Patriótica" o "Casa de Labor", instalada en la vieja Casa de Comedias, de la Plaza del Mercado, que el Conde de Floridablanca cedería definitivamente a la Sociedad en 17 de Septiembre de 1.787 para su fundación benéfico-docente.
Allí
se recogen niñas y ancianos, que a la vez que se instruyen aprenden un oficio.
Mediante
una suscripción entre los señores socios se compran materiales: lino, cáñamo y esparto. Se adquieren en Madrid, Sevilla y Granada,modernos tornos y tornillos. Y se busca una maestra hábil, a la que se proporciona vivienda en la misma casa.
A las niñas se
les enseña a trabajar las hilazas de lino y cáñamo y a la vez se les enseñan las primeras letras y los fundamentos de la doctrina cristiana. Se les paga su trabajo y se les da una ayuda diaria de un real.
Se
organiza así una escuela de formación profesional de resultados muy esperanzadores. Incluso se crea un premio dotado con 300 reales para la maestra que enseñe a mayor número de niñas, aparte de las primeras letras, el hilar a torno.
A
esta fundación dedicó especiales desvelos D. José Martínez de Mazas. Cada día al atardecer acudía a la "Casa de Labor" y en unión de la maestra participaba en la instrucción religiosa de las niñas, aprovechando para hacer atinadas observaciones sobre los trabajos realizados. En más
de una ocasión sufragó los gastos del material preciso para las enseñanzas. Llegando en 1.800 a ofrecer tres dotes a las alumnas que acreditaran mayor aprovechamiento.
Próximo
su final, el Dean Mazas quiso prestar un último servicio al ideal ilustrado de mejorar la enseñanza de la mujer. Y por su testamento otorgado en Jaén ante el escribano D. José A. de Bonilla en 16 de Abril de 1.805 establece la fundación de una escuela de niñas.
"...Declaro -dice- que he tenido muchos años hace la intención de dotar una escuela de maestra de niñas en mi parroquia de San Ildefonso, porque me ha valido mucho el Préstamo que tengo en ella agregado a mi dignidad y quisiera que tuvieran mejor educación tantas niñas pobres como
viven en esa parroquia y se evitarán en adelante muchas ofensas a Dios; pero no he tenido ni al presente me hallo con medios suficientes para dejarla bien establecida.
Sin embargo es mi voluntad fundar, como desde luego fundo, dicha Escuela de Maestra de Niñas y para su dotación y capital que le produzca, señalo la cantidad de 30.000 reales que se junten con los frutos que quedaren vencidos de mi dignidad y Préstamo anejo, lo mismo que los S.S.Patronos
que nombraré dispondrán que se vayan recogiendo en la distribuidoría de la Santa Iglesia de esta ciudad y así verificado, se impondrá la mencionada cantidad a censo en un vecino o comunidad con las hipotecas y fianzas correspondientes a su seguridad y a el pago de un rédito anual del tres por
ciento en favor de la que fuere nombrada maestra. Y además de esto señalo para dicha función una casa, la mayor de las tres que compré al convento de Santo Domingo de esta ciudad y poseo en la Calle Carrera de la misma, que habita Juan Mariscal, para que en ella se establezca y acomode la
mencionada Escuela a costa de los demás mis bienes. Y nombro por Patronos de ella a los S.S.Arcedianos que son y fueren con los títulos de Jaén y Baeza, de la Santa Iglesia Catedral de esta ciudad y a cuatro S.S.Prebendados de oficio de ella de la misma forma, por quienes según queda expresado
se practicará el percibo y depósito de dichos 30.000 reales mientras se vayan imponiendo y asegurando su empleo, de modo que no sean en fincas que se enagenen, pues la dicha fundación, aunque pequeña, es de utilidad pública y trascendental a todas las
familias que vivan o moren en la expresada parroquia de San Ildefonso y en cuyo marco establezco la insinuada Escuela de Niñas. Debiendo ser preferidas las que vivan en la feligresía de dicha parroquia. Y puede servir su ejemplo para que otros señores
se dediquen a aumentarla. Y los mismos seis señores Patronos o los que se hallaren en la ciudad en los casos ocurrentes, nombrarán la citada maestra de virtud e inteligencia competente. Y espero de dichos señores, que si mi criada principal María Rivilla estuviera para servir este oficio, la
elijan de tal por concurrir en ella las circunstancias apetecidas. Y la visitarán cuando les parezca, para formar ordenanzas e instrucciones para el mejor cumplimiento de su cargo pidiendo al señor Obispo y Corregidor de esta ciudad, que las aprueben para su mayor observancia. Y así mismo quiero
y es mi voluntad que después de los días de la vida de mi sobrino y heredero D. Felipe Santiago Martínez, presbítero, o antes si Dios le diera fortuna de conseguir una renta decente con que poderse mantener, dejándolo a su conciencia, venga a esta dotación de Escuela, la casa nueva que tengo
por ahora agregada a la que vivo y otra de las dos referidas que poseo en la calle Carrera, desde este caso agregadas a dicha dotación, como las demás fincas y capitales que ya le
correspondan, para que así se cumpla por ser mi voluntad. Y que Dios le eche su bendición, aunque empieza tan pobre, pues no tengo arbitrio para más...".
En base a este deseo testamentario, se creó pues, una modesta escuela que atendía a doce niñas pobres del barrio de San Ildefonso, a las que se enseñaba lectura, escritura, doctrina cristiana y labores y que sirvió para promover a poco otras escuelas semejantes.
Fallecido
el Dean D. José Martínez de Mazas en 20 de Abril de 1.805, sus empeños en favor de la enseñanza de la mujer tuvieron continuidad a través del amplio grupo de amigos nucleados en torno a su memoria y a la Sociedad Económica.
De
tal manera, que incluso durante los años de la Guerra de la Independencia en los que Jaén atravesó una profunda crisis económica y social, las ideas que había sembrado el Dean Mazas continuaban germinando. Y en 1.813 dieron como resultado un ambicioso "Plan para el establecimiento de una
casa de educación y escuelas gratuitas para la enseñanza de las niñas de esta ciudad".
Pretendía
crear este Plan una Casa de Educación destinada exclusivamente a niñas, fusionando el antiguo Hospital de Jesús y María sito en las calles San Clemente-Berberiscos, con la escuela fundada y dotada por el Dean Mazas.
En
esta casa, cuyo edificio databa de 1.685, se acogerían en régimen de internado, hasta veinte niñas con carácter gratuito y cuantas desearan abonar su correspondiente pensión. También se admitirían alumnas externas.
Un
director, que lo sería el del Hospital, auxiliado por una Junta de Señoras, regiría la casa. Dos maestras, que recibirían casa, manutención y un sueldo anual de 100 ducados, impartirían las enseñanzas, con la ayuda de dos auxiliares o pasantas que
tendrían 50 ducados de sueldo.
A
las niñas se les enseñaría a leer, doctrina cristiana y labores. Para atender a otros complementos educativos -escritura, aritmética y dibujo- se contratarían buenos maestros "de conducta conocida, que no vicien las costumbres
de las niñas". Circunstancia notable, pues indica que en ese tiempo no había en Jaén maestras capacitadas para enseñar materias tan elementales como la escritura y la Aritmética. La formación religiosa la completaría el capellán del Hospital.
Esta
Casa de Educación se complementaría con la apertura de cuatro escuelas gratuitas de niñas, que se establecerían en los barrios más populosos: San Ildefonso, el Sagrario, San Pedro y La Magdalena. Escuelas dotadas de maestra, con sueldo anual de 150 ducados y pasanta-auxiliar, gratificada con 75
ducados al año. Del control de estas escuelas se haría cargo también el director de la "Casa de Educación" y la mencionada Junta de Señoras.
Se
consideraba que con este Plan quedaba perfectamente atendida la educación de las niñas de 6 a 15 años, en una línea muy en sintonía con el ideario seguido en los años finales del siglo XVIII por el Dean Mazas y la Sociedad Económica.
Redactado
por D. José María de Cuéllar, este Plan se elevó a la Regencia en 1 de Octubre de 1.813.
La escasez de medios
económicos y la situación política impidieron su puesta en práctica, malogrando una inmejorable ocasión de consolidar y definir las enseñanzas femeninas en Jaén.
Al
no poder llevar a cabo este plan de enseñanzas, a partir de 1.814 se trató de reorganizar la "Casa de Labor", que volvió a acoger ancianos y niñas, que se dedicaban a trabajos de esparto. A las niñas se les destinó una maestra, con un real diario de salario, que aparte del trabajo
manual les enseñaba doctrina cristiana y catecismo "que se canta en coros armoniosos con perfecto sentido".
Pero
al faltar en la "Casa de Labor" persona de tanto celo como el Dean Mazas, sus frutos fueron escasos. Sí siguió funcionando la escuela de niñas creada con el legado testamentario del Dean, aunque corto número de niñas podía atender.
Cada
vez se advertía más la necesidad de potenciar las escuelas de niñas.
En
Junio de 1.818 Dª Francisca Ribera dirigió a la Sociedad Económica una exposición en la que señalaba "...la grande necesidad que esta ciudad tiene de miga pía para la buena educación de las niñas", ofreciéndose para desempeñar esta labor educativa "pues está capaz de
desempeñar dicho empleo".
La
Sociedad Económica pasó dicha solicitud a informe de los socios D. Francisco de Lanuza y D. José Mª de Cuéllar, que redactaron un documento escrito analizando la situación de la enseñanza de la mujer en Jaén.
En su informe
advertían de la deficiente calidad de la enseñanza femenina, pues las escasas maestras que ejercían en Jaén, ni "son aprobadas por el Gobierno, ni aún sabrán producirse".
Recordaron
la necesidad de llevar a cabo -como siempre había propugnado Mazas- los planes de enseñanza de la mujer promovidos por Carlos III y actualizando los proyectos de 1.813 recomendaban la creación de cuatro escuelas de barrio y una "casa de enseñanza para las hijas de pobres militares y de
labradores y artesanos" en el viejo Hospital de Jesús y María.
Como
no había medios, la Sociedad Económica se conformó con abrir una escuela de niñas gratuita que instaló en la "Casa de Labor", con la esperanza de que inspirase la creación de las ansiadas escuelas de barrio.
La
escuela se abrió el 14 de Octubre de 1.818, día del cumpleaños de Fernando VII, teniendo como maestra a Dª Francisca Ribera. A la apertura precedió una campaña informativa por medio de pasquines y carteles ya que de antemano se suponía que las alumnas serían reacias a matricularse.
El
ideario educativo de esta escuela era similar al del siglo anterior. Y sin grandes ambiciones. "...El objeto del establecimiento -decían los pasquines- es fomentar en esta ciudad la buena educación de las niñas en los rudimentos de la fe católica, en las reglas del bien obrar, en el
ejercicio de las virtudes y en las labores propias del sexo, dirigiéndolas desde su infancia y en los primeros pasos a su inteligencia hasta que se proporcionen para hacer progresos en el manejo de sus casas y familias...".
El
número de alumnas gratuitas era de 24 y se les proporcionaba silla, hilo y agujas. También podían incorporarse alumnas "pudientes" que abonaban un estipendio a la maestra. La revisión de las listas de alumnas que se conservan, nos indican que fueron escasas las alumnas
"pudientes".
La
apertura de la escuela gratuita de niñas consiguió llamar la atención de los socios hacia este viejo problema educativo. Y gracias a la generosidad de varios de ellos, pronto se pudo contratar a otra maestra, elevándose el número de niñas hasta 60 gratuitas y 24 pensionistas.
La
enseñanza se hacía utilizando el Catecismo de Ripalda, la historia sagrada, a cuyo efecto D. Diego Antonio Coello de Portugal hizo un breve tratado poniéndola en verso, y la lectura diaria de fábulas.
Dos
veces al año se hacían exámenes públicos de las niñas para advertir sus avances y progresos.
El
éxito fue tan notorio que la Secretaría de Estado de Hacienda solicitó el proyecto y presupuesto para abrir las deseadas cuatro escuelas de barrio. Pero los sucesos políticos del trienio liberal, volvieron otra vez a impedir su instalación.
Las
sesiones solemnes celebradas para examinar a las niñas nos informan de la paulatina extensión de conocimientos en la formación de las alumnas, que unos años después de la apertura de la escuela, incluían en su programa materias muy variadas: Catecismo de Ripalda; explicación de la Santa Misa;
pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento; deberes del hombre en la sociedad; constitución política de la Monarquía; fábulas de Iriarte y Samaniego; principios de urbanidad político-moral; teoría y práctica de la Gramática Castellana; suma, resta y multiplicación; numeración romana; teoría y
práctica de la Aritmética; lectura en prosa y verso y caligrafía "hasta la sexta regla inclusive". Un programa muy ambicioso y completo con el que la Sociedad Económica reafirmaba su preocupación por la formación de la mujer, ya que como afirmaba su Director en un discurso,
"...nada es más útil que la educación de las niñas, ya que la escuela gratuita es el plantel de las buenas esposas y las buenas madres de familia...".
Ante
los éxitos alcanzados, vuelven a surgir en la Sociedad Económica socios que retoman los proyectos pedagógicos del Dean Mazas y se convierten en pedagógos teóricos, que emiten acertador juicios y divulgan de nuevo acertados principios que avalan la apuesta de la Sociedad Económica por las enseñanzas
femeninas.
Uno
de ellos fue el Rdo.P.Fr.José Antonio García Ortigosa, de la Orden de la Merced, que en la sesión de exámenes celebrada en 14 de Octubre de 1.820 pronunció un "Discurso retórico-político- histórico-moral" sobre la educación de la mujer, en el que se hacen atinadas reflexiones
sobre el tema y se ataca a quienes aun se oponían en Jaén a la extensión de este tipo de enseñanzas.
Estas
escuelas de niñas estuvieron en plena actividad hasta 1.832. Las alumnas tenían edades comprendidas entre los 4 y los 10 años y a lo largo del período 1.818-1.832 fueron hasta 762 las que pasaron por aquéllas aulas. Como maestras nos constan los nombres de e Dª Francisca Ribera, Dª Josefa
Martínez, Dª Juana Caballero, la Sra. Aguilar y Dª Antonia Castilla. También figura en ocasiones como director, D. Mariano Arrabal.
A
lo largo de todos estos años, la Sociedad Económica continuó sufragando casi en exclusiva los gastos de las escuelas de niñas, con escasas subvenciones oficiales.
La
decadencia económica de la Real Sociedad y sobre todo la resistencia de las clases dirigentes de la ciudad a admitir la necesidad de que la mujer cuidara su formación intelectual, acabaron con este loable proyecto educativo puesto en marcha por el Dean Mazas y consolidado por la Real Sociedad Económica.
Con
muchas dificultades, la escuela de niñas fundada por el Dean Mazas continuó abierta y fiel a las directrices de su creador hasta 1.844. Luego sucesivas medidas desamortizadoras malograron la fundación, que se extinguió en 1.857.
Los
criterios ideológicos del siglo XIX y lo arraigado de una mentalidad tradicional, cercenaron en Jaén los proyectos educativos en pro de la mujer, puestos en marcha gracias a la actividad del Dean Martínez de Mazas. De tal manera que en 1.847, D. Pascual Madoz, al calificar la situaciáon de la
enseñanza primaria en Jaén, pudo afirmar, en alusión a las escuelas de niñas:
"...Hay
muchas de diferentes categorías, pero ninguna está bien montada y según exigen los adelantos de las civilización. Esta falta es muy notable y debía pensarse en cubrirla, sin que arredraran los obstáculos que pudieran
ofrecerse...".
CONCLUSIONES.
Del breve análisis que hemos hecho sobre la situación de la enseñanza de la mujer en la época del Dean D. José Martínez de Mazas, podemos obtener las siguientes conclusiones:
1.-
En la segunda mitad del siglo XVIII la formación de la mujer estaba totalmente abandonada por las instituciones públicas, sin que existieran escuelas de niñas de tal calificación.
2.-
Este abandono obedecía al criterio de que las niñas sólo tenían dos caminos al iniciar la adolescencia: el matrimonio o el convento.
3.-
La formación escolar de la mujer tenía un programa muy reducido, en el que primaban la formación religiosa -hacer cristianas ejemplares- y el dominio de las labores del hogar -hacer buenas amas de casa-, objetivos ambos que la mentalidad de
la época consideraba únicos y básicos.
4.-
D. José Martínez de Mazas, como todos los intelectuales ilustrados, intenta romper con estos criterios e inicia, con el eficaz apoyo de la Real Sociedad Económica, diferentes acciones para extender en Jaén las escuelas de niñas.
5.-
A partir del último tercio del siglo XVIII la creación de escuelas de niñas abre nuevas posibilidades a la formación de la mujer giennense, preocupándose de su formación intelectual y laboral.
6.- Toda la obra emprendida por los ilustrados en el campo de la educación de la mujer se malogra tras la muerte de Mazas y la Guerra de la Independencia, pese a los esfuerzos de la Real Sociedad Económica.
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"MANIFIESTO DE LOS PREMIOS QUE CONCEDE LA REAL SOCIEDAD ECONÓMICA DE JAÉN". Jaén, 1.826. Un pliego, s.i.
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"MANIFIESTO DE LOS PREMIOS QUE CONCEDE LA REAL SOCIEDAD ECONÓMICA DE JAÉN". Jaén, 1.834. Un pliego. Imp. de Doblas.
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Martínez de Mazas, José: "RETRATO AL NATURAL DE LA CIUDAD Y TERMINO DE JAÉN". Jaén, 1.794. Imp. de Pedro de Doblas.
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Muñoz Garnica, Manuel: "VIDA Y ESCRITOS DE D. JOSÉ MARTÍNEZ DE MAZAS". Jaén, 1.857. Imp. de López y Cía.
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"REGLAMENTO PROVISIONAL PARA LA JUNTA DE SEÑORAS ERIGIDA EN ESTA CAPITAL". Jaén, 1.813. s.i.
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Sánchez Salazar, Felipa: "LA REAL SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS, DE JAÉN". Jaén, 1.983. Instituto de Estudios Giennenses.