I CONGRESO LA ILUSTRACIÓN
LA NOBLEZA GIENNENSE DEL S. XVIII Y SU FUNCIÓN EN LAS ECONÓMICAS.
M. Consuelo Díez Bedmar.
1. INTRODUCCIÓN.
Tras un siglo XVII en el que la
nobleza, al igual que el resto de las clases sociales, quedó sumida en un enrarecido ambiente de crisis, en el siglo XVIII, con las monarquías absolutas y el despotismo ilustrado ("todo por el pueblo pero sin el pueblo"), los estamentos privilegiados, aunque siempre bajo la mirada
reguladora y centralista de la corte, comenzaron en España a desarrollar medidas culturales que pretendían mejorar el status económico-social de un pueblo que había sido tan ampliamente afectado durante dos siglos anteriores de continuos cambios en la
estructura interna de sus clases sociales. Al pueblo lo tutela la aristocracia procurando su felicidad; una felicidad desde el punto de vista aristocrático que no responde a las necesidades reales de aquellos a quienes se dirige. Para mejorar su vida, y hacerlo más culto y razonable se establecerán
academias, museos, escuelas o centros de investigación a los que la mayoría no podía optar (frente a 400.00 aristócratas, 140.000 mendigos ).
Quizás
una de las clases donde más ampliamente pueda verse dicho cambio sea la nobleza, que ha ido evolucionando desde unos orígenes en el XV unidos a las armas y a la Reconquista, hasta llegar a ser un impulso cultural para procurar el desarrollo económico que la sociedad necesitaba en el siglo de la
Ilustración. Esto significa que aún en el seno del Antiguo Régimen con una monarquía y un mantenimiento más o menos férreo de la estructura estamental comienzan a introducirse ideas como la preeminencia de la razón, o la necesidad de la difusión de un saber sin tantos tapujos eclesiásticos
por parte de aquellos que se consideraban capacitados para hacerlo, la nobleza ilustrada, que se encuentra con una escasa sensibilidad hacia la cultura, la supeditación de la escasa escolaridad al ciclo agrario, falta de instalaciones y personal para la difusión del saber, la negación por parte
del pueblo a la educación de sus hijos pues de esta manera perdían el sueldo del día e incluso un ambiente de enseñanza con finalidad exclusivamente religioso.... que intentaron verse como límites a una Razón que empieza poco a poco ser reconocida.
En
el siglo XVIII, Jaén era uno de los cuatro reinos en que estaba dividida Andalucía, y una de las 25 provincias de la corona de Castilla. Sin embargo, su extensión -y, por tanto, sus límites- variaban bastante de los actuales: de las 268 leguas cuadradas (8.270 km2) de entonces a los
13.498 km2 de hoy. Esta diferencia se debía, sobre todo, a que la zona NE (cabecera del Segura) pertenecía a los reinos de Granada y Murcia, y a la pérdida, a partir de 1767 de una amplia zona al N que, junto con otra zona de la provincia de La Mancha, formaron el enclave de las Nuevas
Poblaciones, y que estaba formada por 26 aldeas, con capital en La Carolina, ajenas administrativamente de Jaén.
Este reino, según el Nomenclátor realizado en 1789 por orden del ministro Floridablanca, abarcaba 5 ciudades, 58 villas y 13 lugares, con una elevada concentración de población en pocos núcleos, lo que nos indica una gran extensión de sus términos municipales (más de 150 km2 cada uno por término medio). Sus 5 partidos (Jaén, Úbeda, Baeza, Andújar y Martos) aún se dividían en zonas de realengo, de señorío (secular o eclesiástico), cotos redondos y despoblados. Los señoríos, debido al gran peso de la realeza por su carácter fronterizo, eran propiedad de nobles guerreros de pequeños linajes, de las Órdenes Militares, o procedían de las ventas llevadas a cabo por los reyes, sobre todo en el siglo XVII.
Así, a finales del Antiguo Régimen y
debido al ocaso del régimen señorial, de las 58 villas del reino, 19 son realengas y 39 de señorío (25 de señorío secular, repartidas entre Jaén, Úbeda y Baeza, 4 de señorío eclesiástico[i]
y 10 pertenecientes a Órdenes Militares[ii]. De éstas, la de Calatrava adquirió todo el SE del
reino, con intención defensiva, ocupando gran parte de las tierras de la campiña del Guadalquivir, y la de Santiago tenía su principal enclave en la zona ganadera y maderera de la encomienda de Segura que, en el siglo XVIII no pertenecía al reino de Jaén, sino al de Murcia. Mucho antes, en el
siglo XIV, había formado también la encomienda de Bedmar y Albánchez.
Ya
en toda esta estructura se reconocen buena parte de los apellidos nobiliarios que encontramos desde los dos siglos anteriores. Así aparecen:
a) En el partido de Úbeda:
Rodríguez
de Benavides, a quien Enrique II hizo merced en 1371, extensiva a sus sucesores, de la villa de Santisteban del Puerto, con el título de conde.
Los Carvajal, marqueses de Jódar, que poseían
esta villa.
b)
En el partido de Jaén:
Los Córdoba, condes de la villa de
Alcaudete.
Los Quesada, condes de Garcíez y vizcondes
de Santo Tomé.
Los Mexía, marqueses de La Guardia.
Los De la Cueva, vizcondes de Huelma.
Los Torres de Portugal, condes de
Villardompardo y señores de la villa de Escañuela.
Los Acuña, señores de Torres.
c)
En el partido de Baeza:
Los Ponce de León, en Bailén.
Los Benavides, marqueses de Jabalquinto.
2. ÓRGANOS PROVINCIALES DE GOBIERNO.
Durante este siglo uno de los organismos que
cambian es el de las instituciones gubernamentales ,eso sí, sin salirse nunca de la monarquía establecida y la supeditación a la misma. Sin embargo y tras la llegada de algunas nuevas ideas se comienza a hacer una política más participativa a nivel de la clase alta formada ya por la nobleza y
una burguesía que había logrado comenzar a hacerse oír.
2.1. CIVILES.
Felipe V, en 1711, había creado, a imitación del francés, el cargo de intendente, que, regulado por las Ordenanzas de 1718, comprendía también el de corregidor de la capital de la provincia, donde residía, y era la autoridad superior de los demás corregidores de la provincia, que le estaban sometidos. Más tarde, en 1749, Fernando VI dicta una nueva "Ordenanza de Intendentes y Corregidores". Ambas se parecen en la confusión entre las funciones que cada uno de estos cargos desempeñaba.
Carlos III, en 1766, separa definitivamente
ambos cargos y, a partir de entonces, los intendentes ya no son corregidores de la capital. Se limitan a las ramas de hacienda y guerra mientras el corregidor se ocupa de policía y justicia, quedando convertidos en verdaderos funcionarios por la Real Cédula de 21 de abril de 1783. Los
corregimientos eran de tres categorías, según su importancia, y cada una tenía un sueldo distinto: de entrada (11.000 reales), de ascenso (22.000 reales) y de término (más de 22.000 reales). Se podía ascender de categoría por antigüedad, y al final del mandato había que presentar una
memoria de gestión.
Al
principio todos los corregidores eran de "capa y espada" y podían tener un letrado asesor. Poco a poco este carácter militar se va atenuando y afirmándose su carácter civil. A primeros del XVIII había en Jaén seis corregimientos: cuatro de "capa y espada" (Alcalá la Real,
Jaén, Mancha Real y Úbeda, que lo comparte con Baeza) y dos "de letras" (Andújar y Quesada). Sin embargo la intendencia era común para Jaén y Córdoba, con capital en esta última ciudad, hasta 1749 en que el reino de Jaén cuenta con intendencia propia aunque, como hemos visto, el
intendente era también corregidor de la capital. Posteriormente en 1767 se separan el corregimiento de la capital (que se organiza como "de letras") y la intendencia. En 1768 el corregimiento "de capa y espada" de Úbeda y Baeza se divide en dos "de letras", uno para
cada ciudad; en 1769 también cambia de carácter el de Mancha Real, y después se crea el de Linares.
Para
terminar, según la Real Cédula de 1783, que regula los corregimientos, los del reino de Jaén quedan así:
Uno de "capa y espada", el de
Alcalá la Real, de tercera categoría (término).
Seis "de letras": Mancha Real (de
primera categoría, la inferior, o de entrada), Baeza y Linares (de ascenso) y Andújar, Úbeda y Jaén (de término o superior categoría).
2.2. RELIGIOSOS
En lo referente a la administración eclesiástica,
sus límites en el siglo XVIII no se correspondían con los de la civil. Quedaban fuera de la jurisdicción el Adelantamiento de Cazorla y Alcalá la Real, que pertenecían ambos al arzobispado de Toledo. La sede episcopal fue fundada en Baeza por Gregorio IX en 1232 por la bula "In Eminenti",
pero alrededor de 1248 se trasladó a Jaén, a instancias de Fernando III, aunque con dos catedrales, una en cada ciudad, dependientes de la metrópoli de Toledo hasta que en el siglo XIX pasó a depender de la archidiócesis de Granada.
El obispado estaba dividido en tres
arcedianatos encabezados por las ciudades más importantes, y formada cada una por varios arciprestazgos con sus correspondientes parroquias:
Arcedianato de Jaén: arciprestazgos de Jaén
y Arjona.
Arcedianato de Baeza: arciprestazgos de Andújar
y Baeza.
Arcedianato de Úbeda: arciprestazgos de Úbeda,
Iznatoraf y Santisteban del Puerto.
Además
hay que señalar que el territorio llamado "Nuevas Poblaciones de Sierra Morena" tampoco entraba en la jurisdicción del ordinario de la zona, sino que, en lo religioso, era un territorio independiente.
3. SOCIEDAD Y ECONOMÍA
Podemos conocer la evolución de la población,
y su distribución por sectores, ya que en esta época la sociedad española tenía una estructura estamental, gracias a los censos de Floridablanca y Godoy. También podemos valorar el peso relativo de nobleza y clero, que eran los sectores privilegiados, porque ambos censos facilitan información
detallada de estos sectores.
Sin
embargo, a finales del XVIII esta división estamental comienza a cuestionarse: por una parte por algunos ilustrados que están en el poder y que intentan racionalizar la sociedad del Antiguo Régimen, y por otra parte por el empuje de dos fuerzas sociales, ejército y burguesía
-especialmente esta última- que, décadas más tarde derribarán la monarquía absoluta para sustituirla por el orden liberal. A pesar de esto, a finales del XVIII todavía se reconocen legalmente los privilegios jurídicos de ambos estamentos superiores.
3.1. LA NOBLEZA.
Referidos al reino de Jaén, el censo de
Floridablanca da un total de 874 hidalgos, y el de Godoy distingue entre 19 titulados y 785 simples nobles (804 en total)[iii].
Su porcentaje en uno y otro caso (0'49% y 0'38%) es notablemente inferior al de las provincias del norte de España[iv].
Es, sin embargo, un elevado porcentaje de nobleza titulada: de los 535 títulos del censo de Godoy para toda España, 19 están en el reino de Jaén, quizás como una reminiscencia del pasado fronterizo con el reino granadino, "el moro", lo que provocó que no sólo durante la primera
etapa de la Reconquista fuera necesaria una nobleza capaz de defender y garantizar la seguridad en dichos territorios, sino que, por el contrario, esto continuó hasta el siglo XVI, quedando, por tanto, en la zona, gran cantidad de casas nobiliarias tituladas, que habían recibido sus privilegios
directamente del Rey por razones de armas.
3.2. EL CLERO.
En este estamento se distingue entre clero
regular y secular, diferentes categorías de éstos y distribución de aquellos en órdenes religiosas. En el de Floridablanca aparecen un total de 3.196 eclesiásticos (1'80% de la población) y en el de Godoy son 3.590 (1'73%). Este aumento en una década (aunque hay una disminución relativa), se
debió al crecimiento del clero secular, al igual que sucedió en el resto de España, siendo el grupo que más creció el de "ordenados a título de patrimonio", seguramente el destino de bastantes segundones de la nobleza que se aseguraban así un porvenir en la carrera eclesiástica.
En
resumen, ambos estamentos privilegiados, nobleza y clero, a nivel cuantitativo representaban una minoría en la sociedad jiennense de la segunda mitad del XVIII (apenas el 2'5 % de la población). La gran mayoría social era el estado llano (casi el 97'5% de la población), que no tenía privilegios
jurídicos, pero que sufría una gran diferenciación entre sus individuos, debido a las enormes distancias económicas y de clase. Sin embargo, los estamentos privilegiados sí tenían una gran importancia cualitativa.
Primero de índole económica pues ambos poseían gran parte de los bienes y de las rentas, y luego de índole social, de prestigio y poder real (en la administración municipal, por ejemplo), con una situación legal de privilegios de la que se desprende un sistema de valores que hace que la
situación de ambos estamentos configure la sociedad entera, pues, aunque, como hemos indicado, en estos momentos sufren ataques, aún minoritarios, que cuestionaban los privilegios de la nobleza y la utilidad del clero, a nivel de amplias capas de la sociedad su posición era incuestionable.
Nobleza y clero, las dos clases dominantes, monopolizan el campo económico y el cultural que, como luego veremos, intentaron expandir a las clases menos privilegiadas, aunque sin fomentar el espíritu crítico en la mayoría de los casos, puesto que pretendían conseguir la felicidad de la masa, que en este momento equivalía al mantenimiento de cada uno en su estamento (sólo se admitía la enseñanza de las primeras letras). Por el contrario la mayoría queda totalmente vinculada al régimen económico vigente en este siglo, constituyéndose por tanto entre una "masa y minoría selecta", como denominaba Sarrailh la población andaluza, una enorme barrera de diferencias económicas y culturales: una escasísima población con economía desahogada y aceptable nivel cultural y una inmensa mayoría ahogada por la escasez de recursos, pobreza, miseria... y víctima de la ignorancia y superstición.
Siguiendo el Catastro de Ensenada y el
"Censo de frutos y manufacturas de España e islas adyacentes" se puede afirmar que en la segunda mitad del siglo XVIII, momento en el que nacen "Las Económicas", la economía jiennense, al igual que pasaba en el resto de España, es fundamentalmente agraria, particularmente importante en este reino donde constituían las actividades económicas
básicas, muy por encima de los otros dos sectores, industria y comercio. El campo era trabajado por labradores y jornaleros que, a finales de siglo, vivían en grandes núcleos urbanos, y su número había crecido notablemente. Así, frente al norte de España donde el jornalero casi no existía,
en Jaén, según el censo de 1797, de cada cinco hombres que trabajaban la tierra, cuatro eran jornaleros ( la mitad del año eran jornaleros y la otra mitad mendigos, como se demuestra en el gran número de vagos salidos de las levas de vagabundos). Éste es un problema derivado de un latifundismo
donde sólo se cultivaba la tercera parte del suelo por jornaleros (en 1797 eran el 79'82% del total de la población agrícola), arrendatarios (16'92%) y propietarios (3'25%). A esto hay que añadir que se imponía la ley de oferta y demanda, llegándose incluso a jornales paupérrimos.
Las
precarias condiciones de vida en el campo trajeron consigo una importante inmigración a las ciudades, en las que periodos de malas cosechas, aumentos de precios e imposibilidad de adquirir alimentos seguían produciendo hambre. Un intento de evitar esta catástrofe es, como nos señala Francisco de
Pueyo en Jaén, que los cortijos lejanos a las ciudades se conviertan en pueblos para facilitar la labor, e incluso los dueños lleguen a construir casas para los labradores. Frente a esto, la ganadería pierde importancia, por el aumento de superficie explotada.
En
cuanto a la industria y al comercio, tenemos que señalar que estaba, en su mayor parte, en manos de extranjeros. El tema del honor, tan arraigado en la nobleza española que era la única que podía llevar estas actividades a cabo, era aún incompatible con estos oficios denominados viles. Hasta
que en 1783 una Real Cédula declara honestas todas las profesiones, y promete el ennoblecimiento a aquellos que hubieran mantenido un establecimiento comercial o mercantil durante tres generaciones, no hubo verdadera respuesta nobiliaria. Ésta se centró más en el norte peninsular que en nuestra
tierra, donde tomaron importancia, si acaso, las de corte artesanal o familiar como la de paños de Baeza. En este intento de impulsar estos sectores económicos hemos de situar a las Sociedades Económicas de Amigos del País, que se encontraron en un principio un problema casi tan importante como
el latifundismo: la falta de infraestructura viaria entre los diferentes núcleos andaluces y entre éstos y las demás regiones españolas, con una red de caminos y transportes calificada por muchos de "desconsoladora". En medio de todo este
contexto surgirá una iniciativa económico-cultural por parte del poder central y que se consolidará en las llamadas "Económicas".
4. LAS SOCIEDADES ECONÓMICAS DE AMIGOS DEL
PAÍS.
Son instituciones que aparecen en el último
tercio del siglo XVIII, promovidas por el poder central y concretamente por el fiscal del Consejo de Castilla don Pedro Rodríguez de Campomanes, prolongándose hasta el siglo XIX y llegando algunas hasta el XX. Y, aunque sus funciones cambiaron a lo largo del tiempo, no cabe duda de que, ya las
consideremos "conducto de la ilustración" o "instituciones especializadas en modelar la conciencia de la sociedad", representan un esfuerzo de racionalización dentro de los esquemas del Antiguo Régimen pero sin romper con ellos.
De toda Andalucía, el Reino de Jaén fue el que menos instituciones de esta clase tuvo, ya que sólo existieron tres: Baeza, Jaén y Quesada, y esta última, aunque inició los trámites para su aprobación, no llegó a realizar actividades concretas.
En general, la opinión que las Económicas
suscitaron en distintos autores, tanto españoles como extranjeros, fue muy favorable. Partiendo de que el país estaba sumido en una profunda decadencia, las consideraron instrumentos que podían hacer salir a España de esta situación, recuperándose, sobre todo, en el aspecto económico. Algunos
opinaban que los ayuntamientos debían incitar a las capas sociales altas a formar parte de ellas. Otros las consideraban capaces de aunar los intereses públicos y privados y de presentar en su seno a la quintaesencia de la sociedad, viéndolas como reuniones de patrióticos ciudadanos,
movidos por los buenos deseos de ayudar a los menos dotados. Hay quien opina que la fundación de las Económicas se debe a los deseos del Rey de sacar al país de la indigencia, considerando que pueden desempeñar una gran labor asesorando a la administración sobre qué ramas de la industria
conviene desarrollar en cada caso, pues conocen perfectamente la realidad sobre la que se asientan.
Una
de las opiniones más ecuánimes, señalando incluso algunos de los problemas que las sociedades atravesaron, es la de Juan Sempere y Guarinos, escritor, socio de número de la matritense, que considera como uno de sus mayores logros el "tener ocupados honestamente a los nobles y
hacendados de los pueblos" [v]
El
conde de Cabarrús, también individuo de la misma sociedad, es partidario, como muchos otros, de que las Económicas canalicen los fondos que el Estado debe invertir en el fomento del país. Y, para terminar, el mismo conde de Floridablanca, en su "Memorial presentado al Rey Carlos III",
opina que "... en todas hay el gran bien de reunirse los primeros ciudadanos, ocupar el clero y la nobleza dignamente su tiempo y cuidados, y excitarse en todas las clases la amulación (sic) y el deseo de hacer algo bueno en servicio de la patria".
Por
otra parte, como las Sociedades Económicas fueron creadas y favorecidas por el Gobierno, las críticas no prosperan en la administración ni en los medios oficiales. Las pocas que conocemos se dirigieron más a la escasez de logros efectivos que a la idea de lo que deberían ser, considerándolas en conjunto, beneficiosas para el país.
Modernamente
se considera (Gonzalo Anes, 1969), que el nacimiento de las Económicas es una consecuencia de la coyuntura expansionista de la segunda mitad del XVIII, y que sus promotores son, sobre todo, la nobleza y el clero, pero no la burguesía. Así se explica que no aparezcan Sociedades en aquellas
ciudades con núcleos burgueses más activos, como Barcelona, Cádiz, Bilbao o La Coruña, porque no son ellos quienes promueven su fundación, frente a ciudades como Baeza, con una marcada población noble.
El
periodo más floreciente en el nacimiento de estas Instituciones comprende de 1775 a 1786, años en que solicitaron su aprobación más de 80 sociedades, aunque en realidad sólo se pusieron en funcionamiento la mitad de ellas aproximadamente. Sin embargo, este entusiasmo duró poco y pasados estos
primeros momentos llegó el desinterés y la apatía. Un contemporáneo (Sempere y Guarinos), llegó a opinar que "... el amor propio, el deseo de acreditarse, la satisfacción de ver su nombre en los papeles públicos ha sido lo que ha llenado las primeras juntas de las Sociedades, y las ha
dejado desiertas pasado el primer ímpetu y logrados aquellos fines".
Se llegó a tal situación que el Consejo de Castilla, por orden de Su Majestad, envió el 14 de julio de 1786 una circular para investigar las causas de tal decadencia. Salvo la Matritense, que la negó, las demás aceptaron tal decaimiento, poniendo como responsable a falta de recursos económicos. Efectivamente, excepto las sociedades de mayor importancia, a las secundarias la administración no proveía de fondos, por lo que su potencial quedaba reducido a las cuotas y donaciones de los socios. A pesar de tal escasez de medios, algunas Sociedades funcionaron durante todo el siglo XIX (con el paréntesis de la guerra de la Independencia), y unas pocas llegaron hasta el siglo XX.
Así, la Sociedad de verdaderos patricios
de Baeza y reino de Jaén, parece que es la primera Sociedad que surge en toda España, a imitación de la Sociedad Vascongada de Amigos del País [vi].
A pesar de ser el proyecto del agrado del monarca, no la aprueba de modo definitivo, sino que decide llamarla "Junta Preparatoria de la sociedad de Verdaderos Patricios de Baeza y Reino de Jaén", aunque ya permite que se congreguen sus individuos en juntas y se pongan en planta las
Constituciones, lo que supone que la Sociedad empieza a funcionar de hecho. El carácter elitista y nobiliario pretende unirse de alguna manera ante las amenazas de pérdida de la individualidad en este final del Antiguo Régimen en que la consideración
social por nacimiento va dejando paso a una consideración social por el poder económico o por méritos personales. Entre sus objetivos se encuentran devolver a Baeza la grandeza pasada, y más concretamente "el cultivo de las ciencias y las
artes útiles, la instrucción de la juventud noble (...) fomentar la agricultura, la industria y el comercio (...) y contribuir con su estudio a las bellas letras e ilustrar las antiguas memorias de la Patria", objetivos especialmente
económicos, unidos a otros educativos aunque correspondientes a la realidad social del Antiguo Régimen, estamental, y por lo tanto distinta según a quién vaya destinada.
En lo referente a sus realizaciones prácticas,
al igual que ocurrió con otras sociedades, comenzó con mucho entusiasmo pero poco a poco el desinterés, la rutina y la falta de medios fueron haciendo que decayese. De todas formas, sus realizaciones pueden enmarcarse en dos campos distintos:
- La educación, considerada como
requisito previo para mejorar el nivel de vida material y moral de los individuos, usada como medio de reforma social. Esta labor se recoge en los Estatutos como una de sus tareas fundamentales, lo que no debe
extrañarnos si conocemos la desastrosa situación educativa del país en esa época, pues la enseñanza no era considerada como un servicio público. La elemental se ejercía mediante las Escuelas de Primeras Letras, generalmente en manos del clero o de maestros de deficiente formación y
remuneración. La secundaria en las Escuelas de Latinidad estaba relativamente mejor que la primaria, con una enseñanza básica del latín, retórica, gramática y lógica. Las Universidades (la de Baeza era una de las veintiuna menores que había en España) se aferraban a la tradición escolástica
y además sufrían una acentuada falta de recursos. Los centros adolecían de falta de investigación y espíritu crítico y las ciencias se consideraban algo cerrado. Las Económicas crearon una serie de instituciones educativas (como las Escuelas Patrióticas)
que sirvieron para imponer poco a poco algunas reformas aunque reproduciendo siempre el mismo sistema de valores de la sociedad estamental en que se encontraban. Los contenidos científicos de esta enseñanza eran el castellano, latín, lenguas extranjeras (francés, inglés e italiano, necesarios
para acceder a la mayoría de los adelantos científicos del momento), geografía, cronología, historia, ciencias, aritmética, dibujo, geometría y física.
Para
estimular el estudio, se establecían tres temas de concurso sobre estas asignaturas de estudio, concediéndose tres primeros y tres segundos premios consistentes en lotes de libros.
En
lo que se refiere a la educación del pueblo, el mayor exponente fue la creación de las Escuelas Patrióticas, especie de centros de formación profesional que intentaron enseñar un oficio con el que integrar entre los artesanos a gran cantidad de jóvenes míseros y vagabundos y salvarlos así de
la mendicidad. La Sociedad de Baeza creó estas Escuelas Patrióticas, que enseñaban a las niñas [vii]
labores de costura, utilizando posiblemente materiales procedentes de las fábricas que dependían de ella. También se creó una escuela gratuita de "Geometría, arquitectura y dibujo", como medio para mejorar la obra a realizar.
-La economía, creando una
Comisión de Agricultura para logros tecnológicos (de las que los miembros de la Sociedad serían los primeros beneficiarios), o una Comisión de Industria y Comercio fomentando la industria popular, especialmente la textil y, dentro de ésta, las manufacturas populares o bastas. Se trataba
de poder ocupar a los campesinos y a sus familias durante el tiempo que les dejasen libres las tareas agrícolas, complementando así sus economías durante los periodos obligados de paro estacional, al tratarse de manufacturas de fácil comercialización por ser artículos de primera necesidad.
Frente
a ésta la de Quesada, tercera y última de las Sociedades que se promovieron en el reino de Jaén, empezó a gestionarse en 1788, o sea, dos años después de estar fundada la de la capital y 14 años después de la de Baeza, en un segundo intento del Consejo por revitalizar estas
instituciones, después de la Circular ya comentada de 14 de julio de 1786.
El
motivo de tal fracaso no parece que pueda achacarse a la escasa importancia de la villa, pues hay ejemplos de Sociedades en ciudades de la misma o menos importancia que Quesada ni a la oposición de la Sociedad de Granada, sino a que los futuros miembros de la Sociedad, excepto el corregidor y el
arcipreste, eran un grupo de personas de clase social poderosa pero que no eran de la nobleza y, posiblemente, no poseían la formación suficiente para llevar a cabo los proyectos propuestos. (En el mismo proyecto de estatutos está presente la preocupación por la escasez de medios intelectuales,
lo que hace suponer que no serían muchos). Por otra parte en este momento ya se habían demostrado que no eran tan eficaces como se pensó en un principio para resolver los problemas, y sí podrían ser peligrosas por el tipo de ideas que, en ocasiones, habían ayudado a difundir. (La Económica de
Jaén, por ejemplo, había acudido a Jovellanos para el Informe sobre la ley agraria, y no cabe duda de que era un reformador).
5. LA SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS,
DE JAÉN.
Inició los trámites para su fundación el
29 de marzo de 1786, o sea, apenas cuatro meses antes de la Circular que el Consejo de Castilla, por orden de Su Majestad, envió para investigar las causas de la decadencia de la mayoría de las Sociedades que habían solicitado su aprobación en el "boom" de los años 1775 a 1786. Para
justificar su necesidad, exponen la situación social y económica, especialmente de la agricultura y la industria:
"...La decadencia de la agricultura ha dimanado, no sólo de la pobreza de los labradores, sino también de que imaginando éstos salir de su miseria con labrar más tierra de la que corresponde a sus pocos y flacos ganados, no dan el devido cultivo y se atrasan más cada día, sin moderarse ni tener presentes las reglas de la economía rústica. Los hortelanos causan grave detrimento a los frutales, discurriendo que su terreno puede llevar al mismo tiempo abundantes cosechas de granos, y así no logran utilidad alguna completa, ni sazonan las frutas ni arboledas a las orillas del río, cuyas crecientes roban sin resistencia la tierra cultivada. (...) Los fabricantes de seda, que mantenían con sus manufacturas muchas familias, adulteraron algunos texidos angostos, por lo que no han quedado sino muy pocos, aunque se conserva la casa fábrica con sujetos que pueden conseguir el restablecimiento que se apetece, especialmente si en los confines de las huertas se plantasen moreras, cuya seda es más fina que la del moral y menos costosa. Las fábricas de lana eran bastas y muy proporcionadas para ocupar la gente pobre y vestirla, pero apenas quedan vestigios de lo que fueron, porque faltan buenos batanes y otras disposiciones que fácilmente se pueden obrar, evitando que se lleven las lanas de esta provincia y que nos traigan bayetas y paños ordinarios de menor duración que los que aquí se labran. Los cáñamos y linos son de buena calidad, aunque pocos, y la aplicación los puede dar en abundancia, introduciendo al mismo tiempo tornos para su hilaza, de modo que se vistan con el travajo de sus manos las personas infelices, que oy no tienen ropa interior."
La Sala de Gobierno del Consejo de Castilla,
el día 1 de junio, dictaminó favorablemente y encargó a los solicitantes que "formen estatutos y elijan los cargos directivos teniendo como modelo los de la Sociedad Económica de Madrid", así como comunicó al Corregidor y cabildo municipal, al obispo y al deán y cabildo de la
catedral, exhortándoles a formar parte de la Sociedad. El día 25 de julio se celebró la primera junta general (se conserva la referencia en el único libro de actas que existe de aquella época), en la que se eligieron los cargos. Nuevamente, como veíamos en Baeza, los nobles y el clero ocupan
la mayoría de los cargos, señalando la preeminencia de clérigos.
Ya
desde sus comienzos quedan claros los fines de la sociedad, pues en la junta antes mencionada, don José Martínez Mazas, deán y gobernador del obispado, y uno de los principales promotores, manifiesta que "no sólo debían empeñarse los socios en discutir los medios de fomentar la
agricultura, manufacturas, artes y todo género de industria, sino también en concurrir con sus caudales, porque sin fondos no podía lograrse establecer esta capital a su antiguo esplendor; que se pensase seriamente este punto pues todo lo que no fuese obrar de este modo era inútil". En
el
artículo II de los Estatutos definitivos dice textualmente: "El fin es servir al Rey y a la Patria, mejorando la industria popular, artes y oficios, facilitando las maniobras y auxiliando la enseñanza, como también fomentando la agricultura y cría de ganado."[viii]Por
tanto se trata de fomentar el desarrollo económico de la zona, principalmente la agricultura, como actividad básica, pero también el artesanado. Menos importante fue la educación, pues hasta principios del siglo XIX no se promueve la formación de
escuelas de primeras letras. Otro objetivo fundamental era el fomento de las innovaciones y avances tecnológicos en agricultura, manufacturas y artes, para lo que se establecieron premios como estímulo a los productores.
Pasando
al campo de las realizaciones prácticas, podemos distinguir claramente dos épocas: la primera desde su fundación hasta 1808, en la que suspende sus actividades (aunque en la práctica siguió funcionando, como veremos), por la Guerra de la Independencia, y la segunda desde 1808 hasta el trienio
constitucional. En aquella, promueve actividades ajenas a ella misma, limitándose a convocar premios y fundar una casa de labor. En ésta, sin embargo, intenta realizar obras que antes sólo impulsaba, creando, por ejemplo, una escuela de dibujo, una escuela gratuita de niñas, intentando realizar
un canal de regadío, etc., además de continuar con la casa de labor. De la primera señalamos el inicio de las tareas de la casa de labor (sin duda uno de los mayores logros de la sociedad, al incorporar numerosos ancianos y huérfanas) y se convocaron abundantes premios para promover la labor de
las instituciones educativas existentes y para animar a los jiennenses a adoptar las mejoras tecnológicas más importantes del momento. La mayor parte de los premios se dedicó a promover la adopción de estos avances tecnológicos en relación con la
agricultura, que era la actividad económica más importante por su valor total y por el número de personas dedicadas a ella. También se convocaron premios para introducir nuevos cultivos, como el algodón, la barrilla (planta de la que se extrae la sosa natural) o los árboles (frutales o no,
como álamos o moreras). sin embrago en el campo agrícola quedaron normalmente desiertos estos premios, siendo más efectivos en el textil.
Se
convocaron también premios de 300 reales para la maestra que enseñase a mayor número de niñas, además de las primeras letras, el hilado al torno, y se ofrecía gratis un torno y cáñamo a las jóvenes que estuvieran dispuestas a enseñar a otras jóvenes a manejarlo. También hubo premios para
los alumnos de las escuelas de latinidad, regalando libros y becas para acceder al seminario de Baeza. Pero pronto fueron suprimidos, porque el Obispado convocaba un concurso con similares objetivos.
En el segundo periodo se siguen los trabajos en la casa de labor centrándose sobre todo en manufacturas de esparto para usos agrícolas o domésticos, la escuela de dibujo para la educación de la juventud artesana, la escuela gratuita de niñas donde realizaban ropas para los niños expósitos de la casa de misericordia y camisas para la tropa. También se fomentan los regadíos con el fin de mejorar la agricultura de la comarca, acometiendo la construcción de un canal en el río Guadalbullón .
La falta de fondos de la Sociedad durante
esta segunda etapa fue constante y, aunque se solicitaron del Rey arbitrios para mejorar su economía y se aprobaron algunos de ellos, la realidad es que no llegaron a hacerse efectivos. Tan sólo, una vez pasado el trienio constitucional, se consiguieron los 6.000 reales anuales sobre las rentas
del obispado, por bula de 1832.
7. CONCLUSIÓN
Mediante un recorrido por el ámbito
nobiliario jiennense en los siglos XVI, XVII y XVIII, se puede observar, no sólo el cambio de mentalidad experimentado en la sociedad, sino también el cambio económico y político. Pasando de una nobleza nacida de la reconquista castellana, que buscaba en algunos casos sus raíces en aquellos que
colmaron la leyenda del reducto cristiano en la Cordillera Cantábrica, a otra nobleza que, junto a los descendientes de la ya citada, había obtenido su título mediante el lucro económico y los matrimonios mixtos entre nobleza y burguesía. Por eso
podemos decir que la nobleza de la Edad Moderna española fue una nobleza "ociosa". De ahí que, cuando se fundan las Sociedades Económicas, algunos las apoyan porque eran una forma de mantener ocupada a esta clase social que, tras haber perdido su función principal (la defensa) habían
perdido también en cierta forma su sitio real en la sociedad. En el XVIII se ponen bajo las órdenes de una monarquía absoluta y de una corriente Ilustrada que pretendía "ilustrar" de manera y forma determinada, es decir, en busca de mantener a cada uno en su status social (lo que les
convenía en gran medida) y sin formar parte de levantamientos y manifestaciones en contra de un poder que, a primera vista, les estaba ayudando a mejorar su nivel cultural y de comprensión, aunque realmente esta educación no era, tras lo que he podido observar, más que otra arma política al
servicio de la monarquía y del poder central. De hecho, aunque las Económicas nacieron para impulsar la industria y la agricultura ofreciendo a las clases no privilegiadas una formación que pudieran utilizar en la práctica, en realidad quedaron sólo en los ámbitos de promoción y estímulo a
estas faenas económicas, quedando hoy en el recuerdo más bien como culturales que como lo que su propio nombre indica. Además, como la educación y la cultura siempre han sido un problema para el poder, se llevó a cabo la instrucción sólo en las primeras letras, y no en ámbitos más profundos
como filosofía o historia, y es que, en contra de lo que algunos opinen hoy, las letras en su sentido profundo ayudan al hombre a pensar, a comprender el pasado y a aplicarlo de cara al futuro, como señalaba Josep Fontana en "Historia, análisis del pasado y proyecto social" (Barcelona,
1982, pág. 45). "... necesidad de aprender del pasado para obrar con acierto en el presente".
En
general, y para concluir, puedo señalar que las Económicas no tuvieron todo el resultado que esperaban, a pesar de los estímulos en premios que las más de las veces quedaban vacantes, y que la nobleza fue perdiendo con el paso de los siglos su potencia activista para irse convirtiendo en un ente
pasivo y casi, como ha sido denominado por algunos "una nobleza parasitaria" (revolución francesa). De hecho, la Junta de Señores Oficiales de la Económica de Jaén en el trienio 1920 a 1922 no cuenta con ningún miembro de las familias nobiliarias que las comenzaron. Aún así, al ser
reelegidos por cuarta vez, en la Revista don Lope de Sosa se nos dice que "seguían recibiendo una nueva prueba de confianza, un testimonio de reconocimiento a su gestión durante la cual, engrandecida la corporación por el espléndido legado Figueroa, supo esa junta llevar a cabo actos que
aseguran la vida económica de la Sociedad con una administración recta y pulcra...", y el autor del artículo, don Alfredo Cazabán Laguna, no se equivocaba mucho, puesto que aún en nuestros días la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Jaén sigue funcionando, eso sí, sin
tanta importancia en la vida social como en la época que hemos estudiado. (Véase el diario "Jaén", del 15 de junio de 1994, página 11).
9. BIBLIOGRAFÍA.
Arias de Saavedra Arias, Inmaculada. "Las Sociedades Económicas de Amigos del País del reino de Jaén". Diputación Provincial de Jaén, 1987.
Cuenca Torivio, José Manuel. "Orto
y ocaso de las sociedades de Amigos del País en Andalucía". En Revista de Estudios Regionales, 1981.
Domínguez
Ortiz, Antonio y otros. Historia de Andalucía. Tomo V. Ed. CUPSA y PLANETA, S.A. Barcelona, 1983.
Fontana
Lázaro, Josep. "Historia: Análisis del pasado y proyecto social". Ed. Crítica. Barcelona, 1982.
Lanuza,
Francisco Carlos de. "Anales de la Sociedad Económica de Jaén". Revista Don Lope de Sosa número 81, Jaén, Septiembre de 1819.
Peset, Mariano y Peset, José Luis. "Universidades, ciencias y letras" en "Historia de España. Ed. Historia 16. Madrid, 1986.
[i]Cazorla, La Iruela, Villacarrillo y Villanueva del Arzobispo, todas ellas en el
partido de Úbeda, señorío del arzobispado de Toledo, por su participación en la Reconquista.
[ii]Nueve de la Orden de Calatrava, que formaban el partido de Martos, y la villa de Albánchez, señorío de la
Orden de Santiago, en el partido de Baeza
[iii]Esta diferencia puede deberse, además de a una disminución real, a que en el segundo censo sólo se incluían
como nobles a aquellos cuya situación de nobleza quedaba claramente probada.
[iv]Por ejemplo, en las provincias cantábricas era casi de la mitad de la población.
[v]He subrayado algunas palabras porque creo que son conceptos
imprescindibles para la comprensión de las Económicas.
[vi]Aunque la de Tudela solicitó su aprobación unos meses antes (el 4 de diciembre de 1773), sólo se aprobó el
8 de marzo de 1778.
[vii]Aunque en un principio fueron pensadas para niños y niñas, posteriormente fueron limitadas a la enseñanza femenina.
[viii]Ver nota 5 en la página 11.