LA ILUSTRACIÓN Y JAÉN
Benito Rus
Si identificamos la Ilustración
con una de sus manifestaciones concretas, como fué el pensamiento enciclopedista francés, hostil a las religiones reveladas, entonces podríamos decir que en España no hubo Ilustración, de la misma forma que se dice de manera apresurada que no hubo Renacimiento o Burguesia.
Pero Hoy en día se tiene un
concepto más amplio de la Ilustración europea, que no fué únicamente francesa; en España tuvo más influencia el pensamiento "iluminista" italiano. La Ilustración española fué una Ilustración cristiana. Buena parte de los "intelectuales" españoles del siglo XVIII fueron
eclesiásticos. La crítica del estado clerical e incluso de la organización eclesiástica (pero no de la religión) fué lugar común en la pluma de los intelectuales españoles.
Los motivos de choque entre
el pensamiento ilustrado, esencialmente crítico, y la ideología oficial eclesiástica (y universitaria), fueron muy diversos. Las tentativas de introducir en España los resultados de la revolución científica del siglo XVII topaba en España con la adhesión de la Iglesia al pensamiento científico
de Aristóteles. Los ilustrados tuvieron que hacer verdaderas filigranas para difundir el heliocentrismo. Los ilustrados fueron "enciclopédicos" más que enciclopedistas, en el sentido de que su obra era polifacética, ensayistas. Jovellanos y otros vertieron en sus poesías sus ideas más
radicales de filosofía social igualitaria, mientras que en sus tratados doctrinales se mostraban más moderados. Su crítica a la enseñanza universitaria se correspondía con la exaltación de la técnica, siendo partidarios de difundir una educación
popular, unos conocimientos que permitieran ampliar una mano de obra mínimamente cualificada. El progreso científico estuvo animado por los oficiales del ejercito, sobre todo los de marina. También tuvo un fuerte enraizamiento regional. Desde mediados del siglo, y sobre todo con Carlos III, los ilustrados obtuvieron mayor protección del poder. Fue el momento del peruano Olavide y del asturiano Campomanes, Jovellanos y el P. Feijoo.
Durante el reinado de Carlos
IV se agudizó la radicalización intelectual. Las tendencias de cambio social y político desbordaban las directrices oficiales y aún las contradecían, a pesar de la censura. Las obras literarias incorporaban una estética preromántica. La prensa realizó progresos notables. Las publicaciones
correspondían al género de los "pronósticos" y revistas de opinión, ademas de las "gacetas". Coexistieron pensa de información (controlada por el Gobierno) y la prensa de opinión. Un título muy significativo fué el "Semanario de Agricultura y Artes dirigido a los párrocos,
que consideraba al clero parroquial como sus agentes más seguros para difundir entre la población rural nuevos conocimientos técnicos y también nuevas formas de organización social. De aquí la importancia y transcendencia de "El retrato al natural de la Ciudad y término de Jaén"
del Deán Martínez de Mazas, cuyo bicentenario conmemoramos en estos días. No olvidemos que la sociedad biempensante española hizo culpables a todos los "ilustrados", de tal forma que a Feijoo se le olvidó, a Campomanes le desprecio, a Carlos III le envió al infierno por atreverse a
expulsar a los jesuitas y a Olavide le hicieron un auto de fé, como luego expondremos. De ahí también la importancia y la valentía del Deán Mazas al publicar haces dos siglos lo que no se podía decir siempre con riesgo de encontrarse con dificultades. Pero la historia es la historia, y la del
siglo XVIII hecha por Jovellanos, criticada por Feijoo, narrada por y para el pueblo por Ramón de la Cruz y retratada por Goya. Es esto lo que justifica mi modesta aportación al tratar de dichos personajes.
OLAVIDE, GOYA
Y LA INQUISICIÓN
Se
ha dicho que la España del siglo XVIII es la España que pudo ser y no fue. Un toma y daca entre la voluntad firme de una sociedad por sobrevivir y el acierto de un rey que a la entrada en el vestíbulo asoma su efigie gracias a la pintura de Rafael Mengs: peluca y banda carmesí, boca volteriana y
cetro de quien gobierna a placer bajo el signo de un templado despotismo. Pero a mí me gusta más el realizado un hombre excepcional, poco cortesano y de espíritu libre y vigoroso, que fué D. Francisco de Goya y Lucientes, cuando el rey era ya un anciano, al que solo le faltaban tres años para
abandonar definitivamente la tierra: traje de caza en actitud velazqueña, lebrel a sus pies, sombrero y casaca enormes marcando esa curva alarmante de la espalda que señala ya el camino de la eternidad y la fisonomía apacibles y cazurra de siempre, surcadas de arrugas. Personalidad positiva de
este rey que puede ser tachado de rutinario e incluso maniático, pero firme en su condición regia para realizar todo un programa de gobierno de monarquía absoluta a la vez modelo de transición pacífica par llevar a cabo las etapas de profundas reformas y ambiciosas que hizo cambiar el rumbo de
la sociedad española. El "todo para el pueblo, pero sin el pueblo". Gracias a él, estamos hoy reunidos aquí en esta Casa de Jaén en honor a él.
Es una España, esta del
siglo XVIII, de sainete. Con razón alguien dijo que "quien quiera conocer las costumbres españolas del siglo XVIII que estudie el teatro de D. Ramón de la Cruz, y los "caprichos de Goya". En él nació el tipo gentil de la Manola
desenvuelta y ocurrente )Quién no conoce el campanudo y guarnecido guardapiés, la nacarada media, el breve zapato, la desprendida mantilla de tira y la artificiosa trenza del peinado de Paca la Salada, Jeroma la Castañera y Pepa la Naranjera. La gracia, y la Alivez, la animosidad contra
todo lo extranjero, su escasa instrucción, la predisposición a la burla, acompañada del majo bravatero con su traza española, los chisperos, guapos y mendigos de tabernas y merenderos, patios de vecindad, placuelas y esquinas de cuchipanda y bullicio, fandangos de rompe y rasga, donaire de maja
y humildad del bravucón amante en su cortejar pintoresco, siendo allí donde se encontraba el carácter español puro y neto, ardiendo en su propia llama, auténtico, con todos sus relieves, esgrafiados y taraceas, que años más tarde harán huir al gabacho.
En el siglo de D. Ramón de
la Cruz, el goya de nuestra literatura, más enconado para zaherir y censurar, porque Goya, en esta época se aleja de todo lo enojoso y retiene lo seductor añadiendole hechizos, reflejando en sus dibujos y caricaturas las modas de los personajes de la Corte de una manera menos profunda que
maligna, menos persuasivo que penetrante. De ahí su comparación entre ambos. De la Cruz predica; Goya zahiere; aquel es filósofo sencillo; éste artista cortesano cuya intención punzante se ejercita para conseguir una gracia, una aplauso, desahogar un
despecho, pero nunca preocupandose de la enmienda. Ellos dos, con su influencia recíproca, aunque sin encontrarse, dieron fé de notarios de todo el siglo XVIII. De una España que fue quizás por única vez, proyecto de si misma.
Curiosas relaciones entre
Carlos III, Goya y Olavide, tan distantes a veces y calurosas otras. De un Goya que acaricia la belleza, denuncia el horror y ríe con risa sarcástica de lo absurdo y lo grotesco del mundo en que vive el hombre de su aventura, señalando con su arte el bien y el mal, a la razón y al absurdo , a
veces confundidos, porque de esos hilos está tejida la existencia humana.
Porque lo verdaderamente trágico
en Goya es que aquel vivir entre dos siglos tan opuestos en una España que se debate en el oscurantismo y la chulería por un lado, y la razón por otro. Goya no es un intelectual encerrado en su torre de marfil, sino que se compromete con la realidad histórica de su tiempo. Un goya que tiene algo
de ángel caído, con una mentalidad tan lúcida que es como adentrarse en el túnel del tiempo para aparecer de pronto en los siglos XXI y XX. Su autocrítica con los pinceles es más profunda y veraz que si hubiese estado confesándose echado en el diván
de un psicoanalista.
OLAVIDE
Siempre me ha llamado la
atención la figura del ilustre caballero limeño D. Pablo de Olavide. Personaje singular, aventurero, popular, dado a la opulencia, cuya labor para colonizar nuestra serranía fué eficaz, notoria y provechosa.
Vida y azares de este hombre
de leyenda, capaz de poblar lo despoblado, desde el Viso del Marques hasta Bailén; ocho leguas plagadas de bandidos, tierras baldías y malditas entre dos miserables ventas, la "Miranda" y la "Bailén" y, ya entrado en el camino de Córdoba, la "Venta de la Parrilla".
Entre Olavide y Carlos III se
planifica un entramado colonizador seguramente porque el rey recuerda la mala impresión que le hicieron den niño, durante los viajes por Andalucía, los largos recorridos sin poblado ni alma viviente por tierras de estepa o barrancos salvajes cubiertos de maleza, donde ni los escasos rebaños podían
pastar, ante la amenaza de los lobos hambrientos.
D. Pablo, hombre ligero en sus costumbres y en sus palabras, es objeto de graves denuncias, que hacen intervenir al Santo Oficio. Como caballero santiaguista es tratado con consideración, lo que no impide que se celebre un "autillo" para juzgarle, en el edificio de la Suprema, que en Madrid forma esquina con la calle del Reloj. Para ello se resucito un viejo sumario por su labor en la reconstrucción de Lima, tras el terremoto de 1757. Se le acusó de haber desviado fondos destinados a obras de iglesias para construir un teatro en Sevilla. Por la Corte corrían letrillas que ironizaban sobre los desmesurados gastos de las poblaciones. A ello no fué ajeno el confesor del rey, el padre Eleta, pieza clave en la intrigas contra Olavide. Creo que la intencionalidad en el fondo, fue de otra índole, veamos:
Olavide prepara en 1767 para
la Universidad el primer plan de reforma del plan de estudios, que hasta entonces había sido literalmente el mismo de la Edad Media. Los primeros estudios se hacían en la Facultad de Artes, donde se ingresaba a los doce años sin enseñanza media, después de probar que se sabia un poco de latín
y de aritmética. En Artes se seguía cursos de filosofía escolástica durante tres años y se obtenían los grados de bachiller y maestro. después se podía pasar a una de la cuatro Facultades Mayores: Teología, Cánones, Leyes y Medicina. La reforma de Olavide pretendía extender cuatro años
los estudios de Artes, en los que se introducían las matemáticas y la física y se abandonaban la escolástica en favor de la filosofía moderna y del método inductivo. Carlos III aprobó la reforma en 1769, pero no la llevó a cabo por dificultadas económicas, interferencias de la Inquisición
y de los dominicos y otros diversos intereses. Pero se consiguió que en Artes no se estudiara mas la filosofía escolástica, y en 1771 el traslado del Estudio General desde el colegio de Santa María de Jesús a la antigua casa profesa de la Compañía, lo que significo la independencia de la
Universidad con respecto al colegio al que había estado vinculada. Al fin, el abandono de la filosofía escolástica se hizo general por Real Orden de Carlos III de 1774. (Aguilar Piñal "La Universidad de Sevilla en el siglo XVIII).
Pero hubo un testigo de
excepción: Francisco de Goya. El con su mente calenturienta, recordó apasionadamente este proceso inquisitorial instruido por el Cardenal Lorenzana, y que el pintor, quizás alentado por Jovellanos, lo reflejo en un cuadro que luego describiré.
Conocedores de la admiración
hacia Olavide por parte de Fray Benito Marin (1750-69) a raíz de girar visita, en 1768, en Sierra Morena, acompañado por Ricardo Vall y el Marques de la Corona, comprobando con el beneplácito de todos y el de el Inspector designado Pedro Pérez Valiente, la buena orientación de las viviendas,
sobre todo en Santa Elena y la Carolina. Cuando recorremos actualmente España, pocas veces se siente, como ante los grupos de colonias, hoy definitivamente arraigadas en el suelo y el alma de sus habitantes, una admiración tan grande, ante la obra de un hombre. Quiero imaginarme a ese hombre, D.
Pablo de Olavide, en el convento de la Peñuela donde había vivido S, Juan de la Cruz, a altas horas de la noche, desvelado, vestido con el grueso y negro terciopelo del uniforme palatino con la cruz de Borgoña, fijar sus ojos inteligentes a la luz de la lamparilla de aceite, en los pliegos donde
se revelaban las cuentas de las 6049 fanegas de trigo, las 4197 de cebada, la 77 de grano, las 3765 de ovejas, los 931 cerdos, las 140 vacas, los 159 borricos, las 6000 arrobas de aceite.... calculado por valor de un millón y medio de reales, quedando sus
pensamientos al vacío para recrear la memoria en el manifiesto Real de 25 de Junio de 1767, obra del ministro Campomanes, con las ordenanzas de colonización de por él tan estimado Federico el Grande, animádose el semblante al leer el párrafo 40: Il serait a desirer que l! Espagne aut 40 personnes comme Vous...". Y cuando la maquinaria del viejo reloj,
rechinando, empezaba a dar las cuatro, al alborear, su mano nerviosa iba examinando los planos de construcción y los mapas de los territorios de colonización, y su lápiz iba formando de cada tres a cinco colonizaciones una agrupación, mientras que el amanecer iba poniendo morados luminosos a
aquellos campos yermos que muy pronto se iban a convertir en el granero y el orgullo de España.
A Pablo de Olavide, antiguo
auditor del Perú, ex-gobernador de Sevilla, ex-gobernador general de la Nuevas Poblaciones, antiguo comendador de la orden de Santiago, antiguo caballero de la Cruz de S. Andrés, en el más absoluto silencio como tributo respetuosos a su pasado,
siluetando sus figura distorsionada por la alta coroza y arrastrando los pies en donde las grotescas zapatillas amarillas rechinaban el miedo contra el suelo de piedra, no puedo aguantar impávido la sentencia extensa, bien cimentada de teología, quebrándose su hombría ante la imputación de
ciento sesenta y seis delitos de herejía, en lectura que duró dos horas, cayendo al suelo desmayado al oir las conclusiones de "Por todo lo cual, le declaramos hereje infame y miembro podrido de la religión y le condenamos a abjurar de su herejía y a reconciliarse con la Iglesia".
Pena de ocho años de enclaustramiento e incapacitado para ejercer las profesiones de "medico, farmacéutico, maestro, abogado y recaudador de impuestos". Su fortuna confiscada, no pudiendo montar a caballo, lucir alhajar ni prendas de lana o seda fina, sino las de sarga o paño basto. Además, cuando abandonase el convento de Gerona, el sambenito se colgaría en la iglesia de las Nuevas Poblaciones, junto a la lista de sus herejías, para conocimiento general, extremo este que no he podido comprobar si lo llevaron a cabo en La Carolina. También sus descendientes hasta la quinta generación quedaban afectos a las penas accesorias.
Supongo que ante el cuadro tan
real del Auto de Fé, Goya al presenciarlo se estremecería, los cirios ardientes, el aire enrarecido, gélido y denso a la vez, los dominicos con sus vestiduras medievales y los grandes señores del Reino con los uniformes de gala, quedaría gravado en la retina del pintor hasta el último detalle,
y me parece que así fué, ya que, en mi opinión el genial sordo expresó lo que había visto en la iglesia de Santo Domingo. Pero, ¡ lo que había visto esta tan complicado !. Había visto el fanatismo brutal de unos jueces. Había visto a unos
demonios que acechaban volando y reptando, espíritus malignos que siempre rondaban a uno. Había vuelto a sentir aquel goce morboso que experimento de niño cuando presencio la quema de los herejes. Pero esta confusión, esta maraña de rostros y sensaciones nuevas y viejas , no podía expresarlas
con palabras.
Podía pintarse. Y podía
pintarlas, ya que para él, la realidad transcendente nunca existía. Y en su recuerdo y homenaje, pintó a Olavide, posiblemente en el cuadro que se conserva en el Ayuntamiento de La Carolina.
En esos momentos de horror,
será cuando va a parir su pintura moderna, y lo hace con el esperpético escalofrío de sus Pintura Negras en donde reconoceremos la sinceridad del genial artista al retratar el subconsciente de nuestros infantiles terrores, de nuestro ancestrales instintos la angustia existencial de nuestra alma,
expresando su verdad interior, descarnada, sin tendencias ni idealismos. y lo hace como un eco a través de las fibras de su sistema nervioso, de su cerebro elemental, rinencefálico.
Y pintó; pintó de noche,
vestido de majo; tocado con sombrero cilíndrico. Y allí estaban los cuadros que salieron de sus pinceles tocados por la crisis de conciencia que sufrió ante el Auto que había presenciado: la mísera corrida de toros de pueblo. La plaza con toreros, caballos, espectadores. El toro estoqueado y
sangrando, orinando, que solo buscaba morirse. Pero no era el toro lo que Goya quería pintar, sino su suerte, y para eso necesitaba a los demás: toreros, caballos tanto como al toro. Y la gente en la que no sobra nadie. Pero esta carnicería no impresiona la público. Ante este cuadro, y otros de
su Tauromaquia, me da la impresión de que Goya nunca fué taurómaco. Por el contrario, veía en la fiesta cierta depravación, y así lo expresa cuando el verdadero protagonista es el toro, cuya epopeya, siempre trágica es genialmente contada por él.
En estos cinco cuadros de sus
Pintura Negra, debidas al estallido emocional y cerebral del pintor con motivo del Auto contra Olavide, se vé y se comprende que el gran mérito de Goya consiste en crear lo monstruoso verosímil y armoniosos. Nadie como él, ha osado el sentido de lo absurdo posible. Si punta la Inquisición, es
porque, profundamente religioso, repudiaba este aspecto de la Iglesia española, mostrandolo, a través de sus pinturas, de una manera feroz, fustigando la intransigencia y dándoles un carácter acusatorio.
Pinturas distintas a los que
había hecho hasta entonces, con escenas multitudinarias, pero no superfluas; plétora perfectamente medida. Y es que los cinco cuadros, aún tan diversos por su tema, forman un solo conjunto. El toro agonizante, la apoteosis carnavalesca, los flagelantes, el manicomio, la Inquisición, todo era una
misma cosa, todo era España. El horror queda mitigado por la plácida transparencia del cielo, por la atmósfera diáfana y etérea, por la luz vibrátil y matizada, porque para este extraordinario Goya, has los mismo demonios servían. U como un revulsivo ante el Auto inquisitorial de Santo
Domingo, quiso expresar su afán de vida, de ver, de plasmar su formidable alegría por sentir el latigazo de la existencia tal como él era.
Tal vez, en aquel 17 de Abril de 1828, a punto de rendir cuentas al Altísimo, se acordara de ese otro 26 de febrero de 1803, en que su amigo D. Pablo de Olavide, allá en su cortijo de la noble Baeza, al expirar le hizo su mejor regalo: la temática de una pintura en la que el genial sordo supo penetrar en el alma del hombre, en sus sueños y en su instintos, en sus emociones y en sus desvaríos, donde Dios y el Diablo combaten desde el principio del tiempo y el campo de batalla es el alma humana.
Goya y Olavide. Olavide y
Goya, hermanados a causa de un injusto Auto de Fé, para afirmar en ambos que, como dijo Baudelare, "lo bello es raro pero no todo lo raro es bello".
CONDE DE ARANDA
Curiosamente, los hilos del
entramado de la vida se entrecruzan en las personas dando ocasión para alejarse o acercarse inflúyendose mutuamente para bien o para mal. Tal ocurrió con Olavide y el conde de Aranda que hizo su desenlace en Jaén. Verán:
La acción de Olavide en el poder se polariza en torno a dos grandes planes de gobierno de carácter general; la reforma universitaria y la reforma agraria. Ya vimos como la reforma del plan universitario de Sevilla tropezó para su ejecución con los obstáculos que hemos señalado anteriormente, pero si hay una coincidencias entre el proyecto y las medidas reformadoras del Gobierno. )Hubo influencia de aquél sobre estas? )Responden unas y otras al mismo plan madurado previamente por el equipo reformador gobernante de Aranda - Campomanes? la interrogante queda abierta. Pero si está claro que las ideas generales de reforma sugeridas por Olavide eran más radicales que las dispuesta por el Consejo de Castilla en el periodo 1769-1775. Ítem más: el Gobierno intervino en los intentos de desterrar el teatro español del Siglo de Oro. En 1775 una Real Cédula prohibió la representación de los autos sacramentales. El conde de Aranda tomó medidas sobre "policía de teatros" y se metió a reformador literario. Así favorecía las iniciativas de Olavide y las representaciones patrocinadas por éste en Madrid primero y en Sevilla después. A tal fin, en el cabildo que celebró el Ayuntamiento de Jaén el día 16 de Mayo de 1767, se vio una carta de la Universidad de Granada, por la que se suplicaba a la Corporación giennense que "concurriese con su eficaz representación a los pies de S.M." a través del Conde de Aranda, abundando en la petición que ya había formulado el claustro granadino en fecha un del aquel mes, sobre la necesidad de la dotación de sus cátedras y extensión del material para las aulas de ellas. La Ciudad vió de gran interés y de justicia la petición que se hacia, acordando hacer la representación que se solicitaba, para lo cual encargo al caballero de cartas la redacción del correspondiente escrito. (A.H. M.J. Actas) Esto se comenta por sí solo y corrobora la política universitaria reformadora seguida por el Conde de Aranda.
Pues bien, en el anejo de
Estado celebrado el día 14 de marzo de 1794, presidido por el rey Carlos IV, siempre acompañado del Duque de Alcudia D. Manuel Godoy. Estaban presentes los consejeros, Aranda, como Decano, Almodóvar, Valdés, Caballero, Astorga, Campo de Alange, Flores, Campomanes, Gardoque, Alcudia, Colomera,
Socorro, Pacheco, Llaguno y Anduaga como secretario. A una puya de Godoy al Secretario sobre un comunicado de Aranda se dió lectura al mismo sobre la manera de tratar la política o militarmente la situación con Francia a raíz del gillotinamiento del rey Luis XVI, en la que decía, entre otras
consideraciones, textualmente "Políticamente se dijera también que de nación a nación, ni de Corona a Corona, no hay derecho a ingerirse recíprocamente en los sistemas del Gobierno anterior". Concluida la lectura, Godoy se volvió al rey diciendole: "Señor, este es un papel que
merece castigo, y al autor de el se le debe formar causa y nombrar jueces que condenen, a él como a otras varias personas que forman sociedades y adoptan ideas contrarias al servicio de Vuestra Majestad...", refiriendose probablemente no solo a la Masonería sino a la abortada conspiración de
S. Blas, cuyo cabecilla, Picornell, había implicado al conde de Aranda. Este respondió al de Alcudia duramente, sorprendido ante la agresión verbal de Godoy, e incluso le amenazó con el puño derecho cerrado en ademán de desafío personal. El rey terció en defensa de su favorito, que ya se
refocilaba con la reina M0 Luisa, diciendo a Aranda: "Con mi padre fuiste terco y atrevido, pero no llegaste a insultarle en su Consejo como a mí".
Una hora después se
presentaron en casa de Aranda el Secretario del Consejo D. José Anduaga, el Gobernador del Real Sitio de Aranjuez, Conde de Trejo, mostrándole un oficio del Ministro de la Guerra, con de Campo Alange, en el que se le ordenaba trasladarse a Jaén y " no salir de dicha ciudad" sin
autorización expresa del rey, añadiendo que era indispensable emprender el viaje en el acto, para lo cual tenia ya dispuesto un coche de colleras. También será portador Anduaga de una orden de Godoy para incautarse de todos los papeles que obraban en poder del conde, relativos al Consejo de
Estado, y todos los demás que tuvieran relación con los cargos que ocupara. Sin guardar consideración alguna a su avanzada edad y sin permitirle siquiera tomar alimento, se pusieron en camino Aranda y el Gobernador que le acompaño hasta el límite de la provincia de Toledo.
Después permaneció en Jaén,
hasta el 23 de Agosto en que se le condujo detenido a la Alhambra. En Jaén, al parecer, nadie se acordara de él, y deseando poner en orden sus papeles particulares, sobre todo lo que contenían apuntes de todo lo ocurrido en Francia durante el período que desempeño interinamente el Gobierno,
escribió a Madrid para que se los enviasen; pero como su correspondencia estaba intervenida y vigilada, Godoy lo supo en 30 de mayo comisionó al Alcalde de Casa y Corte, Vargas Laguna, para que los recogiese, arrancádolos de manos del correo que los había de llevar a Jaén, lo que motivó que
Aranda una representación al rey; a tan nobles protestas se le contestó formándole un pliego de cargos, con una serie de preguntas ofensivas y capciosas, a la que el respondió con gran energía y dignidad.
De su estancia en Jaén, me lleva a considerar varios hechos:
No he podido ubicar la casa en
la que vivió el Conde de Aranda en nuestra ciudad. Probablemente, en su condición de desterrado y teniendo en contra el favor real, no le fuera ofrecido ninguna mansión principal, aunque sí estuvo muy vigilado según se desprende del relato del abate Andrés Muriel, transcrito arriba, quizás el
más certero historiador del reinado de Carlos, según lo refiere D. Natalio Rivas en conferencia pronunciada el 22 de Mayo de 1928 en el Centro Artístico de Granada. Dado que el 2 de Enero de 1794 se constituyó el nuevo Ayuntamiento de Jaén con D. Baltasar de Oñate y Durán como Alcalde -
Corregidor, del consejo de S.M. "del Crimen o notario de la Real Audiencia de Sevilla", D. Juan Alonso de la Peña y Carvajal, D. Juan de Contreras, D. Manuel Uribe y Buenache, "caballero pensionado de la Real y distinguida orden española de Carlos III". D. Manuel de Arjona, D.
Francisco de Torres, D. Ignacio Salido, D. Francisco de Paula Salazar Conde de Humanes, D. Agustín de Uribe y Porcuna, D. Fernando de Prados, D. Francisco de Paula García de Quesada, D. Gabriel Zaballos Vizconde de los Villares veinte y quatros, D. Juan Vicente Escalona y D, Miguel
de Guzman Diputados del Común" según libro de actas, sello quarto, veinte maravedis, año de mil setecientos noventa y cuatro". Es posible que algunos de estos "concejales" le diese aposento en su casa, quizás con ordenes
superiores, mas que como ofrecimiento caballeroso, como para tenerlo bajo estrecha vigilancia, pero, repito, no he podido localizar su mansión durante su destierro en Jaén.
Tengo también a la vista
copia del acta del "cabildo de 12 de Junio de 1794 de la Capilla de S. Andrés, en el que se adopta la decisión, ya tradicional, por el Gobernador de la Santa Capilla D. José de Torres, D. Juan Manuel González, Abad mior y el consiliario D. Francisco
de Messia, hacer la visita de cumplido de bienvenida al Señor D. Pedro Rubio Benedicto, Obispo de esta capital, "que es al tercer día de su llegada, realizando la embajada en tres coches: " en el primer coche el sochantre y sachristán. En el segundo quatro capellanes, dos menores y los
otros dos de espera. En el tercero caballeros y consiliarios, y dos Diputados", según refleja dicha acta, Paréceme que por parte del Obispo, tampoco tendría una acogida calurosa, ya que D. Pedro Rubio ya andaba achacoso, quizás por cardiopatia senil, según se desprende de su muerte
ocurrido al año de su venida a esa sede episcopal (Mayo de 1795), estando enterrado en Nuestra Catedral.
)Como era el Jaén que encontró
el Conde de Aranda y que tan bien refleja el Deán Mazas? Quiero suponer que poco tiempo y menos oportunidades tuvo Aranda para captarlo, dada su situación de prisionero, y al que tampoco le cupo el consuelo de alternar con Olavide, ya que éste andaba huido en Francia huyendo de la Inquisición.
Pero vamos a intentar reflejarlos someramente por medio de otras noticias.
En 1794, Jaén, era una ciudad
agrícola, con pocas posibilidades de brillar como "ilustrada" en el concepto de tal. Siguiendo al Madoz, en el capitulo de Instrucción pública "había un atraso total, aunque comenzaron a establecerse escuelas; los hombres de 25 años empezaron a asistir; no así las niñas, poco
menos que abandonadas en esta cabeza de partido. El método de enseñanza es simultáneo por muestra general. El individual está en pocas escuelas y el mutuo se ensaya en algunos maestros pero se ha abandonado algunas poblaciones que poseen escuela primaria superior: Jaén, Alcaudete, Alcalá,
Martos, Porcuna, Bailen, Ubeda, Baeza, Cazorla, Linares y Andujár. (Madoz, pag. 503 del tomo IX) En Instrucción Primaria tenia escuela de varones. En el edificio de la Sociedad Económica de Amigos del País hay una escuela de profesor sin sueldo con 30 alumnos gratuitos y 25 de pago; otra en San
Andrés, costeada con los fondos de la Santa Capilla con 72 alumnos gratuitos (pag. 543). La Sociedad Económica de Amigos del País se estableció por Real Orden de 1786 bajo la real protección. En su principio tuvo fábrica de hilados; después ocupó a muchos pobres en labores de esparto y todo
concluyó por falta de fondos. (pag. 544).
En 1799 - años que nos ocupan - disminuye el censo de cereales y aumenta el de la seda, gracias al impulso que dió el Ilustre Olavide".
Carácter y costumbres,- Sus
gentes son activos, laboriosos, sufridos y sobrios. Soportan las fatigas con pan y vino y algún potaje de legumbres; festivos y alegres, hasta el extremo de parecer frívolos, conservan cierta formalidad que saben hermana bien con ellos. Los hábitos de
montar mulas o caballos, y la solidaridad de todos, los hacer ser muy a propósito para el servicio de las armas y, sobre todo, caballería; respetuosos, no por adulación sino por gratitud, ya que no soportan la humillación ni la ingratitud. Hospitalarios, socorren con lo que pueden al pobre. (pag.
517).
Clima.- La fuerza de los
vientos es temible, dando lugar a que los labradores denominan el "quemarse el olivo", de tal forma que recuerdan al huracán de la Nochebuena de 1821 que dobló las 4 enormes barrones de hierro que con otras cerraduras sostenían la puerta mayor de la Catedral, colocadas como están de
punta sobre la pesada puerta. (pag. 538).
Higiene.- Hay baños públicos
de tina, uno en la calle de San Andrés, y otros en la calle Cerón, estos últimos nuevos y bien servidos, y otros baños para lavar la ropa; el lavado de Jaén es superior. (pag. 541).
Beneficencia.- La beneficencia
pública contaba en 1787 con una renta de 45586 reales según quinquenio, regida por el ex-convento de S. Juan de Dios mediante escritura otorgada en 1632 por el ayuntamiento con los frailes, el 20 de Octubre ante D. Juan Álamo y Miranda y D. Alonso de Ahumada y Vallejo, el cual fundó una sala de
convalecientes, dotándola con varios bienes. (pag. 542).
Enfermedades.- Jaén está
bien ventilada, con exquisitas aguas, alimentos sanos, hacer de sus moradores un estado de buena salud, sobre todo en las gentes de campo. Tal vez, esta mismas ventajas den lugar a que las enfermedades tomen con facilidad el carácter inflamatorio. Aquí no hay enfermedades endémicas, desterrándose
gran número de enfermedades crónicas. Nótese con frecuencia las enfermedades reumáticas y en los robustos apoplejías; bien podría ser la causa la abundancia y calidad de los alimentos y la vida poco agitada y escaso ejercicio. Reumatismos influidos por la umbría que prestan los cerros, sobre
todo el del Castillo que quita el sol horas antes que en otros pueblos. En los trabajadores del campo, en verano, padecen algunas calenturas intermitentes benignas, adquiridas por su permanencia en las huertas. Puede decirse, en general, el pueblo es sano, y lo era mucho más, antes que la nueva
"civilización" viniera a alterar las costumbres sencillas, los hábitos racionales de nuestros padres. (pag.538).
¿Como se deslizaba la sociedad giennense durante este periodo de la "ilustración? Supongo que dado su capitalidad eminentemente rural, escasa pompa habría por esa fecha. Todo se subordinaba al pueblo llano, del cual esbocé sus características en notas anteriores. Por lo demás, en la reducida sociedad giennense seguirían las normas españolas al uso. El reverendo E, Clarke, capellán de la embajada inglesa, escribía que "las refinadas costumbres de Francia habían traspasado los Pirineos", reconociendo que "el Guadalquivir era un río que no se podía comparar con otros". A Jardine decía en 1787 que aunque "los españoles son el mejor pueblo bajo el peor gobierno, España y Andalucía ofrecía más naturaleza, más sinceridad; tantos castillos derruidos, torres y mansiones, tristes vestigios de un pasado de grandeur, hacían volar la imaginación, como las escarpadas sierras, los adustos campesinos y el hecho de que la vida se mantuviera aquí con todo su vigor". Para el aventurero Casanova que vivió aquí en 1767-68, vió en las mujeres andaluzas y por ende, las jaeneras, "el inicio de un deseo, hasta el momento del éxtasis, toda una historia de amor" cuando bailaban el fandango y el bolero; y repito lo de jaenera ya que debió alternar con ellas, pues es sabido que hizo petición para ocupar el puesto de una colonia agrícola de los suizos en La Carolina y cuando la tuvo medio asignada se la negaron a causa de su insistencia en que la Inquisición debía de ser excluida de la colonia y poblarla con gente más trabajadora como eran los gallegos y los asturianos. ¡Cosas de la vida! Si se le hubiera otorgado, quizás Jaén hubiese sido famoso en Europa a causa de las aventuras galantes con la mujer jaenera del caballero Casanova.
La mujer sigue adornándose
con la mantilla en la cabeza, bajando el descote, el torso encorsetado y las mangas abullonada, con falda larga para que no se le vean los pies, quizás por el pudor de no enseñarlos ya que quien eso le concedía al amante era seña de seguir concediendole otros dones más arriba... ni tampoco
besarle la mano y menos la cara , ya que ellas consideraban al beso tan importante que para la fémina era la iniciación del camino para todo... ¡Vivir para ver!.
En la tertulia se toma el café,
y el chocolate americano: "Cinco tazas de café / porque aunque con él me quemo / )Que dama hay que no lo tome?".
Supongo que en le Jaén de
entonces poco tendría que hacer el cortejador de turno, aquel cuya misión era acompañar a la dama casada, regalándole dulces y rosolí, recongiendole el pañuelo o el abanico o chischiviando los sucedidos de la ciudad, aunque habría en las fiesta y saraos en los palacios del Vizconde de los
Villares, del Conde de Humanes, de D. Agustín Uribe y tantos otros caballeros veinticuatro siguiendo la moda al uso en los salones con el brasero encendido y como escribía Azorin en el "Alma Castellana": Una mujer todo el día / sólita con su cortejo / metida en su gabinete / consultándole
al espejo / están los dos rezando? / o tratando de su entierro). Porque la galantería en Andalucía no puede ser más que misteriosa... En los paseos - me figuro que por la plaza de Santa María y Maestra baja-, en la iglesia y en el teatro, hablan con los ojos agarenos a quienes quieren y poseen
a la perfección este seductor lenguaje. Los hombres para triunfar necesitan más que audacia. Necesitan cultura, porque está de moda y asi lo demanda la "Ilustración". Y si la mujer del siglo XVIII, sigue llevando dentro la recia católica del siglo XVII, el hombre de esa época no se
olvidan de la tradición y el sentido del honor, como ya lo reseñaba Pascual Madoz al definir el carácter del giennense.
Y este sería - supongo - el aire social del Jaén del XVIII, en donde la calle era el ambiente natural del antecedente del chirri y la pastira, en los paseos de los barrios altos, él con el calzón estrecho chupetin o jubón con adornos, red de seda en la cabeza o sombrero redondo, y el la cintura la navaja, pisando fuerte cuando lleva a su lado a ella, con falda corta, ancho volante, medias blancas, chaqueta bordada, mantilla, la peineta en lo alto del pelo negro, cimbreándose al pasar por el palacio del Condestable Iranzo, mientras arriba, en el morado atardecer, la media luna asoma tímida abrazada por cendales nubecillas, por la Senda de los Huertos, como eludiendo pudorosamente el saludo - homenaje a la virgen de la Capilla. Era un Jaén que no pudo conocer el Conde de Aranda, pero si, y muy bien, el Deán Martínez de Mazas.
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