AGUSTÍN MORETO
EL SANTO CRISTO DE
CABRILLA
Introducción,
edición y notas de
Aurelio Valladares Reguero
INTRODUCCIÓN
1.- UNA COMEDIA MORETIANA DE TEMA JIENNENSE
Dentro del inmenso corpus dramático español del siglo XVII, todavía siguen existiendo importantes lagunas, tanto en lo relativo al conocimiento de comedias conservadas en raros ejemplares como en lo concerniente a la comprensión de su contenido, al no haberse logrado averiguar las circunstancias que llevaron a su composición por parte del autor.
Esto último puede aplicarse a la obra que ahora se edita, a pesar de que pertenece a una figura de primer orden, Agustín Moreto, reconocido por la crítica especializada como el representante más sobresaliente -junto a Rojas Zorrilla- del llamado ciclo calderoniano, en cuyo marco, siguiendo el modelo teatral adoptado por Lope y sus inmediatos seguidores, cosechó indudables éxitos que todavía hoy siguen cautivando a los amantes del arte escénico.
No puede afirmarse que El Santo Cristo de Cabrilla sea una pieza desconocida, ya que cuenta con dos ediciones perfectamente localizadas, llevadas a cabo poco tiempo después de haber fallecido el autor, amén de una copia manuscrita probablemente muy cercana a ellas cronológicamente. Lo que ocurre es que esta comedia no volvió a imprimirse más veces y ello quizá haya sido la causa de que se viera relegada a engrosar ese amplio repertorio de obras olvidadas a las que sólo se acerca, de cuando en cuando, algún especialista. Pero -claro está-, si el investigador ocasional que repara en ella, a pesar de ser experto en la materia, se topa con un asunto que le resulta desconocido, o bien se limita a constatar su contenido o bien la despacha con unas breves notas sin profundizar en más cuestiones. Y esto es, en buena medida, lo sucedido con la mencionada comedia de Moreto.
Por lo que a mí respecta, debo confesar que el encuentro con dicha obra fue un tanto casual. Dentro del plan de trabajo que desde hace unos años viene realizando, bajo la dirección del profesor Agustín de la Granja, el Grupo de Investigación sobre Mira de Amescua (AISMA) de la Universidad de Granada, andaba repasando -como miembro de dicho grupo- catálogos e índices antiguos de comedias, con el fin de cotejar datos que pudieran ayudarme en esa difícil tarea de clarificar los juegos de atribuciones en que se han visto inmersos tantos autores y tantas comedias del Siglo de Oro, fenómeno del que no ha estado libre el célebre dramaturgo de la vecina Guadix. Primero me había surgido un título de Moreto, El Cristo de los milagros, por el que pasé sin más, al igual que por tantos otros. Luego sabría que se trataba de la misma comedia, presentada así en su segunda edición. Ahora bien, cuando llegué a El Santo Cristo de Cabrilla, de inmediato me vino a la mente la villa de Cabra del Santo Cristo (Jaén), conocida de antiguo como Cabrilla, antes de adoptar el nuevo nombre, debido precisamente al milagroso Cristo de Burgos que allí se venera desde mediados del siglo XVII. En principio, me sorprendía que un dramaturgo como Moreto, del que no me constaba ningún tipo de relación con las tierras del Santo Reino, se hubiera podido interesar por una devoción que acababa de nacer. Sin embargo, parecía conveniente localizar el texto y comprobar tales extremos. No me fue difícil esta labor y bastó una rápida lectura para corroborar las primeras sospechas.
Mi tarea posterior, como es lógico, fue consultar toda la bibliografía posible (bastante amplia, por cierto) en torno al Santo Cristo de Burgos, de la villa jiennense, por si encontraba alguna noticia sobre la referida comedia, pero el resultado fue nulo; si bien todo este material me ha sido de enorme utilidad para ahondar en los pormenores del tema que sirvió de inspiración al autor de nuestra comedia. Sí citan, en cambio, la pieza moretiana algunos estudiosos de temas burgaleses, aunque sin ahondar en pormenores. Hace ya varios años Alfredo Hermenegildo, en su trabajo Burgos en el romancero y en el teatro de los Siglos de Oro (Madrid, Fundación Universitaria Española, 1958), dedicó un apartado a “El Cristo de San Agustín”, cuya imagen fue trasladada en 1835 desde el abandonado convento agustino a la catedral, donde hoy se sigue venerando (pp. 166-170 del mencionado trabajo). Y en este sentido, después de recoger una breve cita de Lope de Vega en su comedia Las almenas de Toro, menciona la obra de Moreto, de la que reproduce una intervención del Corregidor (vv. 240-259 de la presente edición) y algunos fragmentos significativos del extenso parlamento de don Juan donde relata los avatares de la famosa imagen hasta llegar a la ciudad castellana (vv. 325-545), sirviéndose de la edición de la Parte 34ª de Comedias (1670). Lógicamente, su interés se centra en la jornada primera, cuya acción transcurre en Burgos. El resto de la obra lo resume de forma muy sucinta, sin indicar -por ejemplo- dónde se encuentra Cabrilla. Es más, comete un error de bulto (derivado, sin duda, de una lectura precipitada) al identificar a don Juan con el Corregidor de Guadix, cuando en realidad son dos personajes distintos. No agrega ninguna novedad al respecto el sacerdote e historiador burgalés Nicolás López Pérez en un estudio más reciente sobre la famosa imagen burgalesa[1], donde se limita a incluir una escueta alusión a la comedia de Moreto, al tiempo que remite al trabajo de A. Hermenegildo.
Otro punto de mira de mi investigación fue, obviamente, la figura de Moreto: ediciones, estudios sobre el autor... Aquí pude comprobar que, fuera del manuscrito y los dos textos impresos del siglo XVII ya mencionados, no existe referencia alguna a ediciones posteriores; ni tampoco se encuentra entre las treinta y tres piezas del autor seleccionadas por Luis Fernández-Guerra y Orbe en el volumen XXXIX de la “Biblioteca de Autores Españoles” (Madrid, M. Rivadeneyra, 1856; reimpresión: Madrid, Atlas, 1950), aunque sí la cita en el “Catálogo razonado de sus dramas” que precede a la recopilación, donde da cuenta de los tres textos del siglo XVII, sintetiza el argumento y ofrece una brevísima -a la vez que bastante positiva- valoración. Igualmente se refieren a dicha comedia varios estudios monográficos sobre el autor madrileño, a los que aludiré más adelante, pero con escasa atención y sin aportar nada sobre el tema de la misma. Incluso alguno de ellos llega a dudar de la autoría de Moreto o a suponer que, en todo caso, correspondería a su etapa juvenil, extremo este que desmienten totalmente los hechos que luego analizaremos.
Ahora bien, al detenerme en la parte biográfica del dramaturgo, me encontré con un dato de gran interés para mis pesquisas, ya que viene a ser -creo- la pieza que permite resolver el problema que en un principio me había surgido: la relación del autor en los últimos años de su vida con el entonces arzobispo de Toledo D. Baltasar de Moscoso y Sandoval. Porque, en efecto, este famoso prelado había ocupado con anterioridad la sede episcopal de Jaén, periodo en el que tuvo lugar todo lo relativo al milagro del Santo Cristo de Burgos en la villa de Cabrilla, así como las gestiones posteriores para que se quedara allí la imagen, precisamente llevadas a cabo con muy buen tino por el citado obispo. En consecuencia, no me cabe la menor duda de que fue el propio arzobispo toledano (o, si acaso, algún estrecho colaborador suyo, primero en Jaén y luego en la ciudad imperial) quien puso al corriente de este asunto a Moreto y, conociendo su contrastada fama como poeta dramático, le animó a escribir El Santo Cristo de Cabrilla.
Queda aún pendiente otro aspecto que juzgo de especial importancia: dónde y cuándo llegó a los escenarios esta comedia. Desde hace algún tiempo son muchos los estudios que se vienen efectuando sobre las representaciones de nuestro teatro áureo, tomando como base la rica documentación conservada en archivos de ayuntamientos, hospitales, etc., donde constan contratos o pagos por la puesta en escena de una determinada obra. Debo adelantar que he consultado bastantes de los trabajos publicados sobre este tema y no he conseguido encontrar todavía nada sobre nuestra comedia. Sin embargo, abrigo la esperanza de que en cualquier momento se pueda dar con alguna noticia sobre el particular, lo que sería de gran interés para el asunto que ahora nos ocupa; sobre todo teniendo en cuenta que, por los datos hasta conocidos, durante la segunda mitad del siglo XVII y casi toda la centuria siguiente, Moreto fue uno de los autores del Siglo de Oro más representados, sobrepasando en ocasiones al mismo Lope de Vega.
Del resultado de esa investigación di cuenta en una “comunicación” presentada en las “XIX Jornadas de Estudios de Sierra Mágina”, celebradas en la población jiennense de Torres el 6 de octubre de 2001, y que luego ha sido publicada, bajo el título de “Una devoción jiennense en el teatro del Siglo de Oro: El Santo Cristo de Cabrilla, de Agustín Moreto”, en Sumuntán. Revista de Estudios sobre Sierra Mágina, nº 16, 2002, pp. 101-119. Ahora bien, desde el primer momento entendí que el asunto no debía quedar sólo en esto, por lo que he realizado las gestiones pertinentes para que fuera editada, propósito que ahora se ha visto felizmente cumplido gracias a la eficaz contribución puesta de manifiesto en tal empeño por José Latorre García y el cabrileño Diego Jerez Justicia, Director y Vicedirector, respectivamente, de la Sociedad Económica de Amigos del País de Jaén. Quede, pues, constancia de mi más sincera gratitud hacia estos dos amigos y la citada institución.
2.- EL AUTOR Y LA OBRA
Antes de entrar en materia, quisiera recordar los hitos fundamentales de la vida del autor (de la que no se conocen muchos datos), resaltando aquellos aspectos que más pueden interesarnos en este momento[2].
Agustín Moreto y Cavana (o Cabaña) nació en Madrid a comienzos de la primavera de 1618 (fue bautizado en la iglesia de San Ginés el 9 de abril) en el seno de una familia de comerciantes oriundos de Italia. En 1634 inicia sus estudios en la Universidad de Alcalá, donde obtiene la licenciatura en artes en 1639, año de su primera publicación conocida, aunque ya desde más joven había comenzado su carrera literaria con varias colaboraciones en el campo del teatro. Se sabe que en 1642 estaba ordenado de menores y que, gracias a las gestiones de su padre, consiguió un beneficio eclesiástico, lo que le permitía una situación económica más holgada para dedicarse a su verdadera pasión: el teatro, al que en estos años prestó lo mejor de su ingenio.
Tras su estancia en Madrid, debió de pasar algún tiempo en Sevilla, ya que se conoce por un documento del archivo municipal de la capital bética, fechado el 8 de junio de 1656, que en las fiestas del Corpus de ese año se representaron algunas piezas de Moreto, de quien allí se habla como “residente en Sevilla”[3].
En 1657 lo encontramos en Toledo al servicio del cardenal-arzobispo don Baltasar de Moscoso y Sandoval, personaje que entiendo clave en la comedia que ahora se edita. En la biografía de este ilustre personaje, escrita a raíz de su muerte por Fr. Antonio de Jesús María, se da cuenta de la fundación en la capital toledana de la Hermandad del Refugio el día de la Encarnación del año 1653[4]. Más adelante, al consignar los hechos relativos al año 1657, apunta el biógrafo que a dicha Hermandad del Refugio se le agregó el Hospital de San Nicolás, con dos salas, una para hombres y otra para mujeres[5]. Y añade a continuación:
Para cuidar dèl [hospital] nombrò à D. Agustin Moreto, Capellan suio. Hombre bien conocido en el Mundo, por su festiva agudeza; que, renunciados los aplausos, que le daban merecidamente los Teatros, consagrò su Pluma à las alabanzas Divinas, convertido el Entusiasmo, ò furor Poetico en espiritu de Devocion. I para que su Assistencia fuese mas continua, le dispuso Possada en el mismo Hospital [6].
Nuestro autor fijó, pues, su residencia en Toledo, ciudad en la que permaneció hasta su muerte, ocurrida el 28 de octubre de 1669. Cuatro años antes había fallecido el arzobispo, concretamente el 18 de septiembre de 1665.
Teniendo en cuenta los datos anteriores y lo que ya apuntaba más arriba, parece claro que la comedia de El Santo Cristo de Cabrilla debe fecharse, en principio, entre 1657 (año en que Moreto pasa a desempeñar un puesto de confianza del prelado) y 1669 (muerte del autor); si bien yo me inclinaría más por los primeros años de esta etapa, cuando el dramaturgo tenía muy próximos sus éxitos teatrales. Esta opinión chocaría, a primera vista, con el texto antes recogido del biógrafo Fr. Antonio de Jesús María, donde se afirma que desde 1657 nuestro autor abandonó el teatro y “consagró su pluma a las alabanzas divinas”. Sin embargo, juzgo que estas palabras no deben tomarse en sentido estricto; es más, estamos ante una comedia de asunto sacro, posiblemente representada (aunque por el momento no hay constancia expresa) en un ambiente de festividad religiosa, sin que sean menoscabo los ingredientes profanos de la pieza, al igual que ocurría -por ejemplo- con muchos autos sacramentales. De no ser así, habría que suponer que Moreto había tenido conocimiento, con anterioridad a 1657, de los sucesos que le inspiraron, ocurridos veinte años antes. Y esta hipótesis podría ser perfectamente válida, puesto que el prelado regentaba ya la sede toledana desde finales de 1646; aunque resulta más lógico pensar que fue a raíz de la relación entre ambos personajes cuando surgió la idea de esta pieza dramática. En cualquier caso, debe descartarse rotundamente la teoría de Ruth Lee Kennedy, en las dos vertientes en que la expone, cuando dice sobre esta comedia -apoyándose en rasgos que entiende que la diferencian de otras obras del autor- lo siguiente: “In my opinion... is probably not Moreto´s; if it be is, it must be classified under the juvenalia”[7]. Por supuesto, sería de enorme interés la aparición de algún documento o cualquier otro dato sobre sus primeras representaciones, puesto que nos permitiría fijar con mayor precisión la fecha en que fue compuesta.
Los textos que hoy se conservan nada nos aportan en este sentido. En primer lugar, las dos ediciones son posteriores a la muerte del autor. La primera corresponde a la colección la colección Parte treinta y cuatro de comedias nuevas, escritas por los mejores ingenios de España (Madrid, José Fernández de Buendía, 1670), donde El Santo Cristo de Cabrilla ocupa el tercer lugar. Once años después sería incluida en la Tercera parte de comedias de D. Agustín Moreto (Madrid, Antonio de Zafra, 1681), también en tercer lugar, aunque bajo otro título: El Cristo de los milagros.
Esta segunda edición me da pie para un par de comentarios. Así, el hecho de no figurar en las “partes” primera y segunda de las comedias de Moreto (impresas en 1654 y 1676, respectivamente), sino en la tercera y última, podría tomarse como una prueba más de que la comedia pertenece a la etapa final de su actividad literaria. Por otro lado, tenemos el cambio del título, probablemente porque el segundo se consideró más comercial, al evitar la referencia localista del primero, circunstancia que podía restar atractivo a muchos espectadores desconocedores de los hechos que habían inspirado al autor. Todo hace pensar, pues, que el original de Moreto fue El Santo Cristo de Cabrilla. Porque, además, como algún crítico ya tuvo la oportunidad de observar, la cita del segundo en los versos finales de la obra (como despedida de la función, según la práctica habitual de la época), rompe la estructura métrica, señal inequívoca de que el título de El Cristo de los milagros fue un cambio posterior, ajeno al autor.
En cuanto al manuscrito conservado, hay que destacar que presenta el mismo título de la primera edición, de lo que se deduce, en principio, que estaría más cerca de ésta que de la segunda edición; si bien, como luego comprobaremos, la versión manuscrita se aparta de las dos impresas, las cuales mantienen entre sí más puntos de coincidencia. Los especialistas en la materia juzgan que la letra de dicha copia corresponde al siglo XVII[8], aunque conviene añadir que sus rasgos revelan que procede de tres manos diferentes (una para cada jornada). Por otra parte, no lleva fecha ni contiene tampoco ninguna anotación que nos pueda ayudar en este sentido, como ocurre con otros manuscritos de comedias donde, por ejemplo, consta la licencia para su representación.
3.- TEMA DE LA COMEDIA
El Santo Cristo de Cabrilla constituye una recreación -con los añadidos típicos de la fórmula teatral del momento- de los hechos sucedidos en torno al famoso cuadro del Santo Cristo de Burgos. No es mi intención detenerme en los pormenores de tales acontecimientos, dado que son muy conocidos, tanto a través de obras de relativa antigüedad como de estudios recientes. Comenzaré, no obstante, haciendo un rápido repaso de los que juzgo más interesantes para nuestro propósito.
El historiador jiennense Martín de Jimena Jurado, en su Catálogo de los obispos de las iglesias catedrales de Jaén y Anales eclesiásticos de este obispado (Madrid, Domingo García y Morrás, 1654; edición facsímil: Granada, Universidad, 1991), nos ofrece una escueta noticia sobre la llegada de la sagrada imagen a la villa de Cabra (p. 547).
Mucho más explícita resulta la ya mencionada biografía del cardenal Moscoso y Sandoval redactada por Fr. Antonio de Jesús María, quien dedica a este asunto todo el capítulo 4º del libro IV, bajo el título de “Primer milagro del Santo Christo de Cabra” (edic. cit., párrafos 708-729). Dicho capítulo sería reproducido más tarde con el título de Venida milagrosa del retrato del Smo. Cristo de Burgos a la villa de Cabra de Santo Cristo en el año de 1637, como se refiere en la historia del Eminentísimo Señor Cardenal D. Baltasar de Moscoso y Sandoval Obispo de Jaén (Baeza, Agustín de Doblas, s.a., 26 pp., 15 x 10 cm.), opúsculo que debió de imprimirse en la década final del siglo XVIII o primeros años del XIX, periodo en el que desarrolló su actividad la referida imprenta baezana.
También
es importante el testimonio aportado por Sancho de Guzmán Portocarrero en su Sermón predicado en la Fiesta
del Santo Christo de Cabrilla a el Real Acuerdo de esta Chancilleria de
Granada, en el Convento de N. Señora de la Vitoria este año de 1668. tercero
dia de Pasqua de Espiritu Santo. A instancia del Señor D. Ivlian de Cañas
Ramirez y Silva, Oydor en esta Real Chancilleria, de el Consejo de su Magestad.
Y a luzidas expensas de Estevan Garcia Berber, Procurador de ella, Familiar del
Santo Oficio. Por el Doctor... Cauallero del Abito de S. Iuan y Capellan de
Honor de su Magestad en su Real Capilla de Granada. Dedicale al Señor D.
Geronimo de Sanvitores, Cavallero del Orden de Santiago, del Consejo de su
Magestad, en el Real de Hazienda, y señor de la villa de Cabrilla (Granada, Imprenta Real de
Francisco Sánchez, 1668)[i].
Muy interesante resulta la tarea
de recopilación llevada a cabo por el que fuera párroco de la villa, Juan José
Pugnaire, en su Historia y milagros del Santo Cristo de Burgos que se venera
en la Iglesia Parroquial de Cabra del Santo Cristo, Provincia y Obispado de
Jaén (Jaén, Imprenta de la Viuda de Guindos, 1896). También merece una
mención especial el trabajo manuscrito que dejó inédito a su muerte el
cabrileño Fernando Gámez Vera, que sirvió de punto de partida a su paisano José
Caro Perales para el estudio “Cabra de Santo Cristo. Apuntes para su historia”,
publicado en la revista Don Lope de Sosa, 1923, pp. 53-59, 86-91 y
115-120; lo mismo que el documento del que dio cuenta Luis González López en el
artículo “Un instrumento público que interesa a la villa de Cabra del Santo
Cristo”, aparecido en Paisaje, nº 44, 1948, pp. 1220-1223.
En la época actual el que más dedicación ha prestado al tema es Lázaro Gila Medina, quien, además de la bibliografía anterior, ha consultado numerosos documentos referentes al Santo Cristo. De esta labor dan fe las siguientes publicaciones: Cabra del Santo Cristo. Su Arte e Historia (Granada, Gráficas del Sur, 1978); La época áurea de la historia de Cabra del Santo Cristo: la del doctor don Francisco Palomino de Ledesma (1631-76) (Ayuntamiento de Cabra del Santo Cristo, 1982); “Catálogo e inventario de los fondos documentales del archivo de la parroquia santuario de Cabra del Santo Cristo” (Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, nº 118, 1984, pp. 45-57), El santuario de Cabra del Santo Cristo (Granada, Caja General de Ahorros, 1985) y Cabra del Santo Cristo (Jaén). Arte, Historia y el Cristo de Burgos (Maracena -Granada-, Arte impresores, 2002).
He querido efectuar este recorrido bibliográfico con el fin de aportar un material que pueda ser útil a quien desee seguir investigando en el tema. Evidentemente, muchos aspectos tratados en los trabajos citados se salen de nuestro objetivo, dado que hacen referencia a hechos sucedidos con posterioridad a la comedia de Moreto. No obstante, en ellos se aportan documentos antiguos que sí atañen al asunto que ahora nos ocupa.
Resumiendo, pues, los hechos que inspiraron a nuestro dramaturgo, podríamos sintetizarlos así. El caballero burgalés don Jerónimo de Sanvítores de la Portilla era gran devoto de la imagen del Santo Cristo, realizada, según la tradición, sobre el propio modelo de Cristo, cuando su cuerpo fue recogido por Nicodemo para darle sepultura. Durante algún tiempo estuvo en paradero desconocido, hasta ser rescatada -sigue la tradición- por un marino, que la llevó al convento agustino de Burgos, donde es objeto de veneración por parte de muchos fieles[9]. El mencionado caballero, estando en Madrid, atribuyó a esta imagen la curación de una grave enfermedad ante la cual nada habían podido hacer sus médicos. De ahí que, al ser nombrado Corregidor de Guadix, decidiera encargar a un pintor que realizara una copia para tenerla a su lado en el nuevo destino, aunque, según otras versiones, tal hecho había tenido lugar antes del referido nombramiento. Sea como fuere, lo cierto es que agregó a su equipaje dicho retrato (cuya realización se consideraba obra divina y no de la mano exclusiva del artista) y, camino de Guadix, paró la comitiva en una posada del término de Cabrilla. El interés despertado en torno a la caja que contenía tan preciado tesoro, así como la insistencia de algunos vecinos, dio como resultado que fuera abierta ante los concurrentes, que pudieron contemplar la imagen, ante la que puso dos velas la dueña del mesón, doña María de Rienda, cuya fe sería premiada con la curación de su brazo derecho, que hasta entonces no podía articular. Este hecho, unido a otro no menos portentoso, ratificado por la fe popular, de que el mulo que portaba la caja lograra atravesar el río sin que ésta se mojara (a diferencia de lo ocurrido con la carga de otros animales) y se dirigiera por su cuenta a la iglesia del pueblo, donde cayó muerto, se interpretó como un mensaje divino de que el destino de la imagen debía ser aquel lugar. No obstante, el Corregidor se mostraba reticente, ya que suponía renunciar al deseo de llevársela consigo a Guadix. Y aquí fue donde surgió la oportuna intervención del obispo jiennense D. Baltasar de Moscoso, secundado por algunos prohombres del lugar, como el doctor don Francisco Palomino de Ledesma y Aguilar (conocido como “el maestro Ledesma”, según él gustaba firmar)[10]. Las gestiones del prelado, seguramente acuciado por la fama milagrosa de la imagen, extendida en todo el contorno, y sabedor del daño moral que podría ocasionar en sus feligreses desprenderse del sagrado lienzo, consiguió que, mediante el ofrecimiento de varios privilegios religiosos al Corregidor, éste, al fin, decidiera desistir de su empeño. Y así es como la imagen quedó para siempre en Cabrilla, villa que a partir de estos hechos decidió cambiar su nombre por el actual de Cabra del Santo Cristo. La devoción fue propagándose por otros lugares de las actuales provincias de Granada, Almería y -por supuesto- Jaén[11].
Quedan fuera de nuestro campo de referencia otros notables sucesos y milagros, como el sudor experimentado por la imagen el día 27 de abril de 1698, puesto que se trata de hechos posteriores a la muerte de nuestro dramaturgo.
4.- TRATAMIENTO DRAMÁTICO POR PARTE DE MORETO
Lo primero que llama la atención al leer la comedia, es la fidelidad del autor a los hechos anteriores. No viene al caso ahora plantear cuestiones sobre la veracidad de tales acontecimientos, de acuerdo con nuestra forma de pensar actual. En aquella época, tan distinta del momento presente, había otra manera de comportarse en el plano espiritual. Y así procedió Moreto (no olvidemos su condición de sacerdote, aunque tampoco sería necesario apelar a esta circunstancia), que, a fin de cuentas, iba a componer una comedia cuyos destinatarios participaban de tales inquietudes religiosas.
Evidentemente, la fórmula teatral establecida por Lope de Vega (a quien, por cierto, se alude de forma elogiosa en los primeros versos de esta obra) tenía sus reglas de juego, avaladas por el éxito popular en los corrales de comedias. Y así, cualquier historia, aunque fuera la de un santo (se podrían citar innumerables ejemplos), precisaba incluir otros ingredientes dramáticos, como una intriga amorosa -generalmente con los oportunos cruces y un desenlace feliz-, la presencia del singular personaje del “gracioso”, etc... De todo ello participa El Santo Cristo de Cabrilla, como puede deducirse del argumento, que paso a exponer a continuación.
La primera jornada tiene por escenario la ciudad de Burgos, donde se inician dos acciones que correrán paralelas a lo largo de la obra. El caballero don Juan, acompañado de Carreño y el gracioso Centeno, se acerca a la casa de su dama, doña Inés, y observa con sorpresa que antes ha llegado otro galán, don Pedro, también con acompañamiento, que la está rondando. Se produce una disputa que concluye con la muerte de este caballero y uno de sus acompañantes a manos de los hombres de don Juan. Sale la dama, con su criada Dorotea, y don Juan le reprocha su conducta, ante lo que doña Inés se disculpa. A continuación se dirige éste con los suyos al convento de San Agustín, para librarse así de la acción de la justicia.
Entran en escena el Corregidor don Jerónimo, junto a su criado, camino del mismo convento, en el que se encuentra el Cristo que tantos favores le había hecho y del que ha encargado hacer una copia a un pintor para llevarla consigo a su nuevo destino en Guadix. Llega después, con sus dos acompañantes, don Juan, al que comenta el Corregidor lo relativo a la imagen del Cristo, cuyo origen resulta conocer muy bien el primero, que pasa a relatarlo en un largo parlamento: el dibujo fue realizado por el discípulo Nicodemo, teniendo delante el cuerpo de Cristo cuando iba a darle sepultura; tras mucho tiempo desaparecida, fue rescatada del mar por un mercader, quien, debido a una promesa a los religiosos agustinos, viaja a Burgos y la entrega en el convento de esta Orden. Se queda solo el pintor, que abrumado por la trascendencia del encargo, pide ayuda divina y en este trance es vencido por el sueño. Aparece seguidamente un Ángel que le muestra una copia ya ejecutada.
Don Juan, que permanece allí, junto a Carreño y Centeno, “acogido a sagrado”, prepara una salida nocturna a la casa de doña Inés, para comunicarle que ha decidido ausentarse de la ciudad, rompiendo así la relación con ella, a lo que la dama responde que no va a consentirlo, por lo que está dispuesta a seguir sus pasos.
Las jornadas segunda y tercera trasladan la acción a la villa de Cabrilla. Comienza la segunda en una venta, donde se han instalado el Corregidor, que va camino de Guadix, y don Juan, con sus acompañantes. Dentro de un ambiente de sabor costumbrista, incluidas las discusiones del Ventero, primero con Centeno y luego con Carreño, se percata éste de que en un descuido se ha producido el cambio de la caja que contenía la sagrada copia por otra caja vacía, lo que produce el lógico enfado del Corregidor cuando se entera de lo sucedido; si bien todo se había tramado para poner a prueba la eficacia de Carreño en la custodia del valioso tesoro.
Entretanto salen dos lugareños, los alcaldes Antón Chapado y Juan Hidalgo, que conversan sobre las fiestas que van a celebrarse -a pesar de que no hay mucho dinero, como recuerda el segundo-, a las que acudirán gentes de otras localidades vecinas, aventurando que allí lucirá su belleza una dama de la villa, Menga. Aparecen luego doña Inés y Dorotea, ambas vestidas de villanas, que son invitadas a las fiestas por Chapado, al que la dama trata de justificar su presencia en este lugar argumentando que va camino de Guadix para visitar a un hermano.
Comienzan los festejos y, dentro del ambiente de regocijo, irrumpe en escena un Sacerdote Griego, quien comunica a los presentes que, tras haber vivido en los Santos Lugares, ha venido a Cabrilla, cuyo entorno geográfico le resulta muy parecido (hasta el punto de llamarla “Sión segundo”), por todo lo cual considera que es el lugar ideal para custodiar una imagen de Cristo, que en breve les llegará. Prosigue la fiesta. Don Juan queda prendado de la belleza de Menga, a la que dirige los primeros requiebros, conducta que le afea doña Inés, que todavía sigue amándolo.
Entra Carreño, que relata un hecho milagroso: dos de los mulos que portaban la carga de la comitiva, al atravesar el río, se habían ahogado, en tanto que un tercer animal, precisamente el que llevaba la caja con la sagrada copia, consiguió pasarlo sin mayores problemas y se dirigió veloz hacia la iglesia, donde cayó muerto. El Cura y el Sacristán pudieron comprobar que la caja ni siquiera se había mojado, tras de lo cual colocaron el lienzo del Cristo en una de las capillas. Los presentes deciden acudir a la iglesia para comprobar lo sucedido, que inmediatamente relacionan con la profecía del Sacerdote Griego. Al principio el Corregidor no está dispuesto a que la imagen se quede allí, pero, ante la insistencia de los vecinos y una milagrosa desaparición momentánea del Cristo, muestra una actitud más favorable, entendiendo que ésta es la voluntad del cielo.
La tercera jornada comienza con un diálogo entre don Juan y Centeno, en el que el primero le comunica que arde de amor por Menga, hermana del alcalde del lugar Juan Hidalgo. Aparece a continuación la dama y don Juan le hace una declaración de amor, pero ella se muestra esquiva y se va, conducta que provoca en el galán el anuncio de que no cesará hasta gozarla. Llega doña Inés, con Dorotea, a tiempo de ver lo ocurrido y de nuevo reprocha la conducta de su antiguo amante, quien no hace caso de sus palabras; por todo lo cual la dama piensa acudir al Corregidor don Jerónimo y exponerle la situación.
Al regresar Menga de la iglesia a su casa, se le aparece un Ángel, que le advierte del peligro que corre y se ofrece para guiarla en el camino. Mientras tanto, don Juan ha montado guardia, con sus dos acompañantes, ante la casa de Menga. Ésta entrará por la puerta que custodia Centeno, quien, al querer intervenir, es impedido por la presencia del Cristo, ante el cual cae espantado al suelo y, después de reponerse, sale huyendo despavorido, sin atender a Carreño, que ha acudido en su ayuda. Por otro lado, don Juan se siente perturbado y oye una Voz del cielo que le habla, seguida de gran aparato de truenos y relámpagos. El retrato le ha impedido consumar su propósito.
El Corregidor acepta ante el Alcalde que se quede la imagen del Cristo en Cabrilla. Acude doña Inés para comunicarle la ofensa de que está siendo objeto por parte de don Juan, pero de inmediato aparece el galán, que, arrepentido por la milagrosa acción del retrato, pide la mano de doña Inés y ésta acepta sin dudar. Chapado propone celebrar las bodas con nuevos festejos, en los que el Corregidor no podrá participar, ya que, según comunica, desea partir sin más demora hacia Guadix.
Como se puede observar, Moreto reconstruye, con notable fidelidad a las fuentes, los sucesos ocurridos en torno a la copia del Cristo. Vemos, incluso, cómo introduce el nombre del Corregidor (don Jerónimo), personaje central, tanto en la historia del Cristo de Burgos, como en la trama de la comedia, ya que constituye el punto de unión entre todas las piezas de la obra. Presenta, sí, una variante importante: el milagro de la curación del brazo de la mesonera es sustituido en la comedia por el de la intervención del retrato para impedir la acción del alocado amante. Moreto, siguiendo las pautas ya fijadas por una práctica teatral forjada al socaire de los gustos populares, no podía prescindir de una historia amorosa, más o menos intrincada; de ahí la presencia en la trama de don Juan y doña Inés, cuya relación amorosa discurre paralela, de principio a fin de la comedia, a la acción principal, protagonizada por el Corregidor y el retrato del Cristo. Esto le llevó al referido cambio en los protagonistas del milagro, lo que le proporcionaba dos ventajas: ganaba en efectividad poética y conseguía entrelazar las dos acciones.
En otro orden de cosas, se podría echar de menos la presencia de un personaje que correspondiera al cardenal Moscoso, aunque sólo hubiera sido en alguna esporádica escena del final de la comedia, teniendo en cuenta el papel destacado que desempeñó no sólo en los hechos dramatizados, sino muy probablemente también en que Moreto fuera el poeta encargado de realizarlo. Plantear estas cuestiones supone moverse en el terreno de la pura conjetura, pero, puestos a buscarle una explicación, sólo se me ocurre pensar que el autor lo decidió así por simples razones técnicas (aparte de que pudo desaconsejárselo el hecho de que todavía vivía el prelado); o que fuera éste quien prefirió mantenerse al margen de un espectáculo como el teatral, tantas veces visto con recelo por la autoridad eclesiástica.
Las referencias toponímicas (fuera de los inevitables nombres de Cabrilla y Guadix) son muy escasas, entre otras razones porque el autor seguramente nunca pisó estas tierras; aunque tampoco era necesario para su propósito. Le bastaban algunos apuntes aislados para dar verosimilitud a la trama. Así ocurre, por ejemplo, en la segunda jornada, cuando Antón Chapado nos habla de los preparativos de las fiestas de Cabrilla y menciona las poblaciones cercanas de Guadahortuna y Montejícar. Y más adelante, al preguntar el Corregidor a cuántas leguas está Guadix de Cabrilla, le responderá el mismo Chapado con esta vaga afirmación: “Cerca está, señor”.
Por otra parte, la alusión del Sacerdote Griego a la similitud que él aprecia entre el paisaje de Tierra Santa y el de Cabrilla (jornada segunda), no debe entenderse en sentido estricto, ya que se trata de aportar una justificación que haga más creíble ante el auditorio su profecía.
Se ve claro que Moreto no muestra especial interés en las notas localistas, pensando seguramente en los destinatarios de su obra, que tampoco tenían por qué conocer estos recónditos parajes de Sierra Mágina. Recuérdese, a este respecto, el cambio del título original El Santo Cristo de Cabrilla por el menos preciso de El Cristo de los milagros de la segunda edición.
En cuanto a la escenografía, debo indicar que es relativamente sencilla, a pesar de tratarse de un tema sacro, en que la presencia de hechos portentosos obligaba en la representación a complicados ejercicios de tramoya. Moreto huye en esta comedia de tales artificios. La aparición del Ángel en la escena de la primera jornada, mientras duerme el pintor, o su nueva presencia en la jornada tercera, para servir de guía a Menga en su regreso a casa, no ofrecen ninguna dificultad para la puesta en escena; como tampoco la aparición estática de la imagen del Santo Cristo, con un Ángel a su lado, al final de la jornada segunda. Incluso para la intervención del retrato del Cristo impidiendo la consumación de la conquista amorosa por parte de don Juan, al final de la obra, no se requerían muchos alardes escenográficos, como lo demuestra el texto de las acotaciones. Así, cuando Centeno decide interrumpir el paso de Menga, se nos dice:
Va a entrar, y esté el Cristo en la puerta, y cae en el suelo espantado.
Y en cuanto a la acción de la imagen ante don Juan, se nos presenta a éste en un monólogo a través del cual se aprecia su turbación, acrecentada por la Voz que se oye, y más adelante por un “Ruido de truenos y relámpagos”, según reza la acotación. Como puede apreciarse, ninguna de estas escenas exigía aparatosos procedimientos para su representación.
Muy diferente hubiera sido el caso del milagro en el río, al ser atravesado por los mulos, con la posterior muerte de uno de los animales en la iglesia. Para este tipo de escenas existía en nuestro teatro áureo un recurso habitual: no se representaban en el tablado -resultaba a todas luces imposible de conseguir-, sino que las relataba, con todo lujo de detalles, para hacerlas más verosímiles, uno de los personajes. En el suceso mencionado lo hace, como ya se ha dicho, Carreño.
Todo lo anterior nos pone de manifiesto la habilidad de Moreto para sortear con acierto tales dificultades técnicas, no en vano ya por entonces se hallaba al final de una fructífera carrera teatral.
5.- VALORACIÓN
Son muchos más los aspectos de esta comedia que se podrían analizar y que dejo a criterio del lector que tenga a bien detenerse en su lectura. En cualquier caso, quisiera, cuando menos, hacer algunas observaciones generales que me parecen dignas de resaltar. Como valoración de conjunto, creo que la pieza está bien trazada en su estructura dramática, con perfecta combinación de las dos acciones que conforman la trama argumental, lo que me lleva a emitir un juicio más que positivo sobre la obra. Por otro lado, encontramos escenas costumbristas (particularmente las relativas a la estancia en la venta o los festejos celebrados en la villa), todas ellas muy bien diseñadas y que seguro serían del agrado de los espectadores. Además, se consiguen momentos felices, tanto en las intervenciones llenas de gracejo de Centeno y Carreño, como en las más solemnes, derivadas de la propia historia de los sucesos religiosos recreados. La profecía del Sacerdote Griego, por ejemplo, constituye un excelente elemento para preparar el clima de expectación y misterio, en el que luego se enmarcarán las acciones milagrosas del Cristo. E igualmente juzgo que los personajes centrales (el Corregidor, don Juan o doña Inés) están sabiamente caracterizados. Nos encontramos, en definitiva, ante un Moreto maduro, que ya había cosechado triunfos tan notables como El desdén con el desdén y El lindo don Diego en la modalidad de “comedias de carácter”, El parecido en la corte en la de “comedias de enredo” o San Franco de Sena en la de “comedias de santos”, por sólo citar los títulos que más renombre le han dado. No voy a decir que estamos ante una obra extraordinaria, pero sí pienso que puede afirmarse que la comedia se muestra equilibrada en todos sus elementos dramáticos, consiguiéndose un resultado que sin duda tuvo que causar satisfacción en el entorno del cardenal Moscoso, protagonista, si no de la comedia, sí de los hechos que dieron lugar a ella.
Uno de los mejores conocedores de la obra dramática de Moreto, Luis Fernández-Guerra, emitió en su día el siguiente juicio sobre El Santo Cristo de Cabrilla: “Comedia altamente romancesca, rica en episodios bellísimos, y escrita con gracia y corrección; el plan sobremanera defectuoso”[12]. Comparto totalmente la primera parte de esta opinión, aunque me permito discrepar del reparo que pone al “plan” de la obra. Da la impresión de que este ilustre crítico, al que se deben páginas memorables sobre nuestra literatura clásica, desconocía los hechos que sirvieron de inspiración al autor madrileño para la presente obra, circunstancia que -me inclino a pensar- motivó la parte negativa de su dictamen. Me pregunto: ¿hubiera dicho lo mismo de haber tenido noticia de los sucesos acaecidos en torno a la imagen que se venera en Cabra del Santo Cristo? Creo, sinceramente, que no.
Y antes de concluir la presentación de esta comedia, no puedo menos de recordar el tratamiento literario de otra devoción de las tierras jiennenses, la de más amplia difusión: la Virgen de la Cabeza, de Andújar. Como es sabido, la romería en honor de esta advocación mariana, fue inmortalizada por la pluma de escritores del renombre de Cervantes o Lope de Vega. Precisamente este último lo hizo en el segundo acto de La tragedia del rey don Sebastián y bautismo del Príncipe de Marruecos (1618), siendo, en la sabia opinión de Menéndez Pelayo, la parte más meritoria de una pieza teatral irregular y desordenada en su trama[13].
Por supuesto, Moreto no tiene la categoría de Lope de Vega, pero, en cambio, debemos afirmar que la comedia del primero está dedicada por entero al milagroso Cristo de Cabrilla, lo que no ocurre en la obra del Fénix, donde la romería mariana constituye un mero aditamento al tema central, aunque, eso sí, muy bien logrado.
Así pues, a Cabra del Santo Cristo le corresponde el honor de que su devoción más preciada, a la vez que hito principal de su historia, tenga presencia en el teatro del Siglo de Oro, sin duda el capítulo más importante, en cantidad y en calidad, de nuestra literatura, hecha la salvedad de la singular excepción del Quijote; todo ello, además, de la mano, no de un autor de segunda o tercera fila, sino de un auténtico primer espada. Y utilizo intencionadamente esta imagen taurina, porque, en aquella época y durante mucho tiempo después, la verdadera “fiesta nacional” fue el teatro, fenómeno que llegaba a todo tipo de personas y lugares, desde los espectadores del más humilde escenario improvisado en la plaza de un modesto pueblo, hasta el público, más selecto, que frecuentaba los locales estables de una importante ciudad o de un recinto cortesano.
6.- TABLA DE LA VERSIFICACIÓN
Jornada primera: vv. 1-883 (883 versos)
- 1-82 (82 versos) romance (en eo)
- 83-107 (25) glosa (1 quintilla + 5 redondillas)
- 108-215 (108) romance (en eo)
- 216-323 (108) redondillas
- 324-545 (222) romance (en ua)
- 546-565 (20) redondillas
- 566-645 (80) décimas (abbaa ccddc)
- 646-837 (192) romance (en aa)
- 838-867 (30) décimas (abbaa ccddc)
- 868-883 (16) romance (en a)
Jornada segunda: vv. 884-1861 (978 versos)
- 884-1331 (448) redondillas
- 1332-1335 (4) copla (con rima consonante)
- 1336-1379 (44) redondillas
- 1380-1453 (74) romance (en eo)
- 1454-1457 (4) copla (con rima consonante)
- 1458-1471 (14) romance (en eo)
- 1472-1575 (104) pareados en series libres de endecasílabos y heptasílabos
- 1576-1709 (134) romance (en ea)
- 1710-1789 (80) décimas (abbaa ccddc)
- 1790-1861 (72) romance (en ia)
Jornada tercera: vv. 1862-2577 (716 versos)
- 1862-1965 (104) redondillas
- 1966-2055 (90) décimas (abbaa ccddc)
- 2056-2191 (136) romance (en eo)
- 2192-2373 (182) romance (en ua)
- 2374-2483 (110) pareados en series libres de endecasílabos y heptasílabos
- 2484-2577 (94) romance (en io)
Distribución estrófica:
- Romance 1.326 versos (51´45 %)
- Redondillas 724 “ (28´10 %)
- Décimas 280 “ (10´87 %)
- Pareados 214 “ (8´30 %)
- Glosa 25 “ (0´97 %)
- Coplas 8 “ (0´31 %)
__________________________________
2.577 versos (100 %)
7.- CRITERIOS DE EDICIÓN
Para la presente edición he tenido en cuenta los tres textos mencionados (copia manuscrita y ediciones de 1670 y 1681), que no presentan entre sí diferencias sustanciales. No obstante, tras el cotejo de estas tres fuentes, puede decirse que las dos versiones impresas ofrecen más concomitancias. Es más, la edición de 1681 parece estar realizada sobre la de 1670, de la que varias veces copia, incluso, las mismas erratas, siendo contadísimas las ocasiones en que esta segunda edición difiere de la primera y coincide con el manuscrito.
Por lo que respecta a éste, si bien en algunos momentos su texto resulta más fidedigno que el de la edición de 1670, hay otros en que ocurre todo lo contrario. Quizá el detalle más llamativo es la presencia de una décima que prolonga la declaración amorosa de don Juan a Menga (vv. 1999-2005) y que no figura en las dos ediciones; siendo su contenido reiterativo, con todos los tópicos de estos casos, por lo que resulta difícil discernir si esta estrofa pertenece al texto original de Moreto o fue un añadido posterior.
Tendríamos, por tanto, dos familias textuales: la del manuscrito y la de las dos ediciones. Y, en consecuencia, habría que determinar a cuál de las dos debería darse prioridad. Tengo que confesar que, a la hora de establecer el texto base para la presente edición, me surgieron las dudas. Sin embargo, finalmente me he inclinado por la edición de 1670. A favor de esta solución ha contado el hecho de que el manuscrito no lleva junto al título el nombre del autor (prescindo de la hoja que se le agregó después, a modo de portada, donde sí consta) y que salió de tres manos diferentes, todo lo cual me induce a pensar que se encuentra alejado de la que pudo ser versión original de Moreto. Y, en otro orden de cosas, considero que no hay que perder de vista la edición de 1681, dado que se trata de la tercera (y última) de las “Partes de Comedias” del dramaturgo madrileño (es de suponer que el recopilador estaba familiarizado con los textos moretianos), y es evidente que ésta sigue muy de cerca la de 1670.
Así pues, para la edición que ahora se presenta, he seguido, como texto base, la edición de 1670, que llamaré A, apuntando en cada caso las variantes de las otras dos fuentes: edición de 1681 y manuscrito, que identificaré, respectivamente como B y M. Ahora bien, en ocasiones he preferido la versión de M y rara vez la de B, bien por exigencias métricas, bien porque me parece más acorde con el contexto o simplemente porque nos hallamos ante claras erratas del texto A; aparte de los casos concretos en que M incluye versos que, por error u otra circunstancia, no aparecen en A y B. Todas estas circunstancias se indicarán oportunamente en nota a pie de página. Paso, en cambio, por alto aquellas variantes de escasa relevancia y que entiendo que nada aportan de interés, tales como esto / eso, mismo / mesmo, le / lo, ah / oh, etc.
Por otra parte, siguiendo la práctica más generalizada en la edición de comedias del Siglo de Oro, adapto el uso de mayúsculas y signos de puntuación a la normativa actual, y modernizo las grafías (Christo > Cristo ...), a no ser que afecten a la métrica o que se trate de vocablos antiguos cuyo valor filológico hace aconsejable su mantenimiento. Por esta misma razón, respeto formas o expresiones antiguas: agora (a veces figura aora, que modernizo en ahora), destos, ansí, de espacio, a Dios...; vulgarismos en boca de criados, etc. Así mismo, el texto correspondiente a los “apartes” los señalo entre paréntesis, criterio adoptado por más de un editor en la actualidad y que juzgo acertado. En cambio, los paréntesis que figuran en el original para marcar un inciso son sustituidos aquí por otros signos de puntuación que denoten tal circunstancia.
En las notas a pie de página, aparte de señalar las variantes textuales, se intenta también explicar el significado de vocablos o expresiones de la época hoy en desuso, así como otros detalles y particularidades, de muy diversa índole, que considero pueden ser útiles para una mejor comprensión por parte del lector.
8.- BIBLIOGRAFÍA
A.- MANUSCRITO Y EDICIONES ANTIGUAS
La gran Comedia de el Sto. Christo de Cabrilla. Manuscrito. Letra del siglo XVII. 53 hs., 19 x 15 cm. Procedente de la biblioteca del duque de Osuna, actualmente se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid (Mss. 15.547). Lleva una hoja de portada con letra distinta que, aunque está incluida -con el nº 1- en la numeración actual, es claramente posterior y en ella consta este titular: El Santo Cristo de Cabrilla. Comedia en 3 jornadas. De D. Agustín Moreto. Sin embargo, en el texto propiamente dicho de la comedia (hs. 2-53), tanto al principio como al final, sólo figura el título de la obra, sin más indicación sobre su autor. El tipo de letra revela que intervinieron tres copistas: uno para cada jornada.
COMEDIA FAMOSA / DEL SANTO CHRISTO DE / CABRILLA. De Don
Agustín Moreto. En tercer lugar de la colección de la colección PARTE TREINTA Y QVATRO DE
/ COMEDIAS / NVEVAS, ESCRITAS POR LOS MEJORES / INGENIOS DE ESPAÑA / AL EXCELENTISSIMO
SEÑOR DON FRANCISCO / Eusebio del Sacro Romano Imperio, Conde de Peting,
Cauallero / del insigne Orden del Toyson de Oro, Embaxador / de Alemania,
&c. Año 1670. En Madrid, por Ioseph Fernandez de Buendia, pp. 77-112.
Tengo constancia de la existencia
de ejemplares en estas bibliotecas: Barcelona, Instituto del Teatro:
58.649-58.656; Boston, Public Library: D.172.1 (Vol. 34); Filadelfia,
University of Pennsylvania; Londres, British Museum Library: 11725.c.13;
Madrid, B. Nacional: R-22.687 (Micro 18.091), Ti 16 (34); París, B.
Arsenal-Colec. A. Rondel: Re 6164; Roma, B. della Accademia dei Lincei: 93-H-1.
El texto exclusivo de la comedia de Moreto, desgajado de esta colección, se
puede encontrar en Parma, B. Palatina: vol. 57, ob. 11. Para la presente
edición me he servido del primer ejemplar citado de la B. Nacional de Madrid.
COMEDIA FAMOSA. / EL CHRISTO DE LOS MILAGROS. / DE DON AGVSTIN MORETO. En tercer lugar de la TERCERA PARTE / DE / COMEDIAS / DE D. AGVSTIN MORETO / Y CAVAÑA. / DEDICADAS / Al Señor Francisco Martinez de la Serna, Es- / criuano de Prouincia, en la Casa, y Corte de / su Magestad (que Dios guarde.). Año de 1681. En Madrid, por Antonio de Zafra, pp. 66-104.
Hay ejemplares en estas bibliotecas: Barcelona, Instituto del Teatro: 59.223/24, 59.235, 60.709, 61.847; Londres, British Library: 1072.h.17; Madrid, B. Nacional: R-9.107 (Micro 18.230), T-14.973; R. Academia Española: 10-A-105; París, B. Arsenal-Colec. A. Rondel: Re 6495; Santander, B. Menéndez Pelayo: 2.844. En la B. Nacional de Madrid existe, además, un ejemplar suelto desprendido de esta colección (T-15.040/3), cuya última página está pegada a la hoja que sirve de guarda, con lo que se pierden los tres últimos versos de la obra. El ejemplar manejado para esta edición ha sido el citado en primer lugar de la B. Nacional de Madrid.
B.- BIBLIOGRAFÍA SOBRE AGUSTÍN MORETO
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CALDERA, Ermanno: Il teatro di Moreto, Pisa, Editrice Libreria Goliardica, 1960.
CASA, Frank P.: The
Dramatic Craftsmanship of Moreto, Cambridge, Harvard University Press,
1966.
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CASA, Frank P. y PRIMORAC, Berislav: “Introducción” a su edición de El lindo don Diego, Madrid, Cátedra, 1977.
CASTAÑEDA, James A.: Agustín Moreto, Nueva York, Twayne Publishers, 1974.
CIRIA MATILLA, María Soledad de: “Manuscritos y ediciones de las obras de Agustín Moreto”, Cuadernos Bibliográficos, XXX, 1973, pp. 75-128.
COTARELO Y MORI, Emilio: La bibliografía de Moreto, Madrid, Imp. de la Revista de Archivos, 1927.
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HERMENEGILDO, Alfredo: Burgos en el romancero y en el teatro de los Siglos de Oro, Burgos, Fundación Universitaria Española,1958, pp. 166-170.
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Dramatic Art of Moreto, anejo de la revista Smith College Studies in
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Review, 4, 1936, pp. 312-332 [326-328].
PROFETI, Maria Grazia: “Estudio preliminar” a su edición de El lindo don Diego, Madrid, Taurus Ediciones, 1983.
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RICO, Francisco: “Introducción” a su edición de El desdén con el desdén (y otras), Madrid, Castalia, 1971.
VALLADARES REGUERO, Aurelio: “Una devoción jiennense en el teatro del
Siglo de Oro: El Santo Cristo de Cabrilla, de Agustín Moreto”, Sumuntán. Revista de Estudios sobre Sierra
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VIQUEIRA, José María: estudio preliminar a su edición de El desdén con el desdén, Zaragoza, Editorial Ebro, 1977.
C.- BIBLIOGRAFÍA SOBRE EL SANTO CRISTO DE CABRILLA
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ANTONIO DE JESÚS MARÍA, Fray: D. Baltasar de Moscoso i Sandoval, presbytero cardenal de la S. I. R. del titvlo de Santa Crvz en Iervsalem, arzobispo de Toledo, primado de las Españas... Describiale..., Madrid, Bernardo de Villa-Diego, 1680.
... ... Reproducción del capítulo IV del libro IV: VENIDA milagrosa del retrato del Smo. Cristo de Burgos a la villa de Cabra de Santo Cristo en el año de 1637, como se refiere en la historia del Eminentísimo Señor Cardenal D. Baltasar de Moscoso y Sandoval Obispo de Jaén. Baeza, Agustín de Doblas, s.a.
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GILA MEDINA, Lázaro: Cabra del Santo Cristo. Su Arte e Historia, Granada, Gráficas del Sur, 1978.
GILA MEDINA, Lázaro: La época áurea de la historia de Cabra del Santo Cristo: la del doctor don Francisco Palomino de Ledesma (1631-76), Ayuntamiento de Cabra de Santo Cristo, 1982.
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GONZÁLEZ LÓPEZ, Luis: “Un instrumento público que interesa a la villa de Cabra del Santo Cristo”, Paisaje, nº 44, 1948, pp. 1220-1223.
GUZMÁN PORTOCARRERO, Sancho de: Sermón predicado en la Fiesta del Santo Christo de Cabrilla a el Real Acuerdo de esta Chancilleria de Granada, en el Convento de N. Señora de la Vitoria este año de 1668. tercero dia de Pasqua de Espiritu Santo. A instancia del Señor D. Ivlian de Cañas Ramirez y Silva, Oydor en esta Real Chancilleria, de el Consejo de su Magestad. Y a luzidas expensas de Estevan Garcia Berber, Procurador de ella, Familiar del Santo Oficio. Por el Doctor... Cauallero del Abito de S. Iuan y Capellan de Honor de su Magestad en su Real Capilla de Granada. Dedicale al Señor D. Geronimo de Sanvitores, Cavallero del Orden de Santiago, del Consejo de su Magestad, en el Real de Hazienda, y señor de la villa de Cabrilla, Granada, Imprenta Real de Francisco Sánchez, 1668.
JIMENA JURADO, Martín de: Catálogo de los obispos de las iglesias catedrales de Jaén y anales eclesiásticos de este obispado (Madrid, Domingo García y Morrás,1654), edición facsímil con estudio preliminar e índices de José Rodríguez Molina y Mª José Osorio López, Granada, Universidad, 1991.
LÓPEZ ARANDIA, Mª Amparo: “El Santo Cristo de Burgos. Una devoción de Sierra Mágina en Jaén”, Sumuntán, nº 11, 1999, pp. 137-146.
LÓPEZ MARTÍNEZ, Nicolás: El Smo. Cristo de Burgos, Burgos, Ediciones Aldecoa, 1997 (especialmente, el cap. 11, “Por tierras del Sur”, pp. 57-64).
PASSANO DE HARO, Andrés: Exemplar eterno de prelados, impresso en el corazon, y executado en la vida y acciones del Emmo. Señor el Señor don Baltasar de Moscoso y Sandoval, Toledo, Francisco Calvo, 1670.
PUGNAIRE, Juan José: Historia y milagros del Santo Cristo de Burgos que se venera en la Iglesia Parroquial de Cabra del Santo Cristo, Provincia y Obispado de Jaén, Jaén, Imprenta de la Viuda de Guindos, 1896.
COMEDIA
FAMOSA DEL SANTO CRISTO DE CABRILLA
De don Agustín Moreto
PERSONAS QUE HABLAN EN ELLA
Don Juan Doña Inés Carreño
Centeno Dorotea Un Ángel
Un Pintor Don Pedro Labradores
Un Corregidor Músicos Acompañamiento[14].
JORNADA PRIMERA
Salen don Juan, Carreño y Centeno
JUAN Aparta, necio.
CARREÑO ¿Estás loco?
JUAN Sí, porque si agora cuerdo
estuviera, con razón
me pudieras llamar necio.
5 Pues dicen, y dicen bien,
unos castellanos versos
que quien ama y no enloquece
no tiene sutil ingenio.
CARREÑO Eso lo dijo el gran Lope
10 de Vega[15].
CENTENO Diga el lucero
-y perdone, que le atajo
su razón, señor Carreño-
del Parnaso[16], aunque a pesar
del buen Virgilio y Homero,
15 que son los dos obligados
destos encarecimientos.
Nació poeta de chapa[17]
y lo fue de pelo en pecho[18],
honra de España y laurel
20 de Apolo, escrito del mesmo[19].
CARREÑO (Este pícaro me tiene Aparte
hasta aquí.) Señor Centeno,
o señor diablo: ¿no he dicho
que cuando solos hablemos
25 su amo y yo, no se meta
en dibujos ni en gracejos?
CENTENO Es verdad, soy un menguado,
y aun un desalmado, pero
como se hablaba de Lope
30 de Vega, mi amigo un tiempo...
CARREÑO ¿Otra vez su cucharada?
CENTENO Perdone vusted, ya entiendo.
CARREÑO Pero volviendo a tu tema...
CENTENO ¿Qué tema es la tuya[20]? Creo
35 que has de perder el juicio
si das y tomas en eso,
y sin duda.
CARREÑO ¿Ya no he dicho
que calles? Pues, por el cielo
de Dios, que te haga echar
40 de una puñada los sesos
por los ojos.
CENTENO Sin jurallo
yo lo creo, eres un necio.[21]
CARREÑO ¿Qué tienes?
JUAN Mi mal es grande.
CENTENO ¿Tienes sarna o tienes pleitos?
45 JUAN Mucho peor.
CARREÑO ¿Dos arbitrios[22]?
JUAN Sólo de mi espada entiendo.
CARREÑO Pues si esos males no tienes
y no tienes suegra o suegro,
endemoniado estás, sí,
50 a pagar de mi dinero.
JUAN Ojalá, pues ese daño,
con exorcismo, ya ello
se acaba y no hay sacristán
que no sepa este remedio,
55 y de mi pasión se ignora,
siendo mayor el tormento.
CARREÑO ¿Mayor daño hay que diablos
metidos en el pellejo
de un hombre, hechos carne y sangre?[23]
60 JUAN Mucho mejor.
CENTENO Jesús, Credo,
arredro[24] vayas[25] Satanás.
CARREÑO Pues, ¿qué tienes?
JUAN Tengo celos,
tengo un Etna en las entrañas,
tengo un volcán en el pecho
65 y tengo dentro del alma,
¡voto a Dios!, todo el infierno.
CARREÑO ¡Eso que no es nada!
CENTENO Escuchen,
señores, este mancebo
está de celos y amor
70 hecho un Peralvillo[26], y esto
le hace decir disparates
y echar por la boca verbos. Tocan
CARREÑO Si no me engaño, en la calle
música, don Juan, tenemos.
75 JUAN Dices bien. Desde esta esquina
podemos estar atentos.
CARREÑO Yo pienso que por su mal
templaron los instrumentos,
porque estoy para reñir
80 mucho más templado que ellos.
CENTENO Ya cantan.
JUAN Y es en las rejas
de mi dama.
CARREÑO Lindo es eso. Cantan
MÚSICOS Si dormís, señora, tanto,
mientras velan mis sentidos,
85 sospecharé que a mi llanto
cerráis vuestro dos oídos
como la sierpe al encanto.
Salen don Pedro, músicos y criados
PEDRO Decid con sonoro canto,
porque mi dolor se advierta,
90 que muere un alma despierta,
si dormís, señora, tanto.
Decid, que desconocidos,
por no ver de amor despojos,
no estén dormidos sus ojos
95 mientras velan mis sentidos.
Pero si crüel en tanto
ensordece las orejas,
¿cómo, negada a mis quejas,
sospecharé que a mi llanto?
100 A cuyos tiernos gemidos
testigos ya de mi fe,
¿por qué, señora, por qué
cerráis vuestros dos oídos?
Porque yo no supe cuanto
105 es bien para no querer
el saberse defender
como la sierpe al encanto.[27]
CRIADO[28] Advierte, que la ventana,
si mal no he visto, han abierto.
110 PEDRO Bien dices.
DOROTEA Ce[29].
PEDRO ¿Dorotea?
DOROTEA Sí, señor.
PEDRO ¿Pues qué tenemos
de nuevo?
DOROTEA De nuevo nada,
porque mi ama, sospecho,
que está queriendo[30] a lo antiguo
115 y está templada a lo viejo;
muy fina con su don Juan
y muy fiel con su respeto.
JUAN En la reja de Inés hablan,
si oigo bien y mal no veo.
120 CARREÑO ¿Quién se lo niega?
JUAN A escuchar
lo que están hablando llego.
CARREÑO ¿No es mejor que antes con antes
esos hombres degollemos
y luego a placer pongamos
125 a toda esta calle fuego?
CENTENO No dijera más Nerón.[31]
INÉS ¿Así con discurso necio Inés a la ventana
se infaman las casas nobles?
Aparta.
PEDRO Dorados yerros
130 son los míos.
INÉS Escuchad,
escuchad, señor don Pedro.
JUAN Aquella es de Inés la voz,
apurando estoy venenos
en el vaso de mi honor
135 y en la capa de mis celos.
PEDRO ¿Pues por qué?
INÉS Porque es mi amor
mucho más fino que el vuestro.
JUAN ¡Ah, infame!, de su amor hace
alarde; ¿qué escucho, cielos?
140 PEDRO Esto es verdad.
INÉS Ya os he dicho
que vuestro amor agradezco.
JUAN Ya es infamia escuchar más,
muera quien me ofende.
CENTENO ¡A ellos!
CARREÑO ¿No huyen?
CENTENO Dice muy bien[32].
145 PEDRO Callen y riñan.
CENTENO ¡Ah, perros!
INÉS Don Juan, y mi desdicha
este pesar me ha dispuesto.
Métenlos a cuchilladas
CENTENO ¡Hideputa[33], cómo riñen
el demonio de Carreño!,
150 pero don Juan se las mulle[34],
coronista[35] soy y quiero
ver despacio la batalla.
PEDRO ¡Muerto soy! Dentro
OTRO ¡Ay, que me han muerto!
JUAN Seguidme. Vase
CARREÑO A espacio, don Juan.
155 PEDRO ¡Confesión!
Salen don Juan y Carreño
CARREÑO Claro está eso,
que se habían de morir
de mirarme: ya está hecho.
JUAN Vámonos a retraer
a San Agustín[36], que un deudo[37]
160 mío es prior.
CARREÑO Vamos, pues.
CENTENO ¿Hoy sopa doble tenemos[38],
deudo prior? La barriga
pongo cual tamborilero.
Salen doña Inés y Dorotea con una luz
INÉS ¡Ah, don Juan, ah, mi señor,
165 ah, mi bien, válgame el cielo!
Sin sentido estoy.
JUAN Aparta.
INÉS ¿Estás herido?
JUAN De celos,
de sospechas y de agravios,
que son golpes más acerbos
170 que de la muerte las iras.
INÉS Sin culpa mía a lo menos,
ni sombra de ofensa tuya.
JUAN Mucho hay que decir en eso.
CENTENO Huyamos, Cuerpo de Cristo,
175 que vendrá la gura[39].
CARREÑO Demos
que venga, ¿no estoy aquí
yo, que esta noche pretendo
que el día de los Finados[40]
se vuelva?
CENTENO Es un matadero
180 de capa y espada.
CARREÑO Hablen
muy de espacio, que este puesto
yo se le tendré seguro
a pagar[41] de mi dinero,
aunque llueva Dios alcaldes
185 y aunque granice porteros,
alguaciles y corchetes,
que desta gente me ceno,
como pájaros en caña,
las docenas y los cientos.
190 JUAN Es imposible.
INÉS ¿Y mi amor?
JUAN Me ha mentido.
INÉS Es verdadero.
JUAN Es ingrato como aleve.
INÉS Es tan noble como atento.
JUAN ¿Quién lo asegura?
INÉS Mi fe,
195 mas, ¿quién lo niega?
JUAN Mis celos.
DOROTEA A Centeno.
CENTENO A Dorotea.
DOROTEA Ya me entiendes.
CENTENO Ya te entiendo.
CARREÑO No se asusten, que aquí estoy.
DOROTEA Detén a don Juan.
CENTENO No quiero.
200 INÉS Ni yo más con tus peligros
granjearme los alientos,
ni buscarme desahogos
solicitándote riesgos.
Vete, que los desengaños
205 te han de asegurar muy presto.
JUAN Vamos.
CARREÑO Si sabe esa dama
que no nos vamos de miedo.
JUAN No lo ignora.
CARREÑO Eso está bien
y esto importa, porque es cierto
210 que en nuestra edad en la uña[42]
tienen las hembras el duelo
y es menester quedar más
bien con ellas que con ellos.
Vanse los tres
DOROTEA ¿Así te vas sin hablarme?
215 CENTENO Sí, que con quien vengo, vengo.
Salen el Corregidor y un criado
CORREGID. ¿Llamaste al pintor?
CRIADO Ya está
aguardando en el convento,
y sé que al dibujo atento
ninguno el retrato hará
220 con más arte, y lo mejor
que para casos iguales
se debe en los oficiales,
procurar es que el pintor
por modesto y virtuoso
225 es conocido, y es cosa
en estos casos forzosa.
Puesto que un pincel vicioso,
más de Venus la pintura
sabe sin duda acertar,
230 que de Cristo, y profanar
es lo demás su hermosura.
CORREGID. Deste pintor me han contado
que con humilde conciencia,
menos fiado en la ciencia,
235 confesado y comulgado,
estos lienzos a pintar
se pone seguro, que
obra en ellos más su fe
que el arte pudiera obrar.
240 CRIADO Es verdad.
CORREGID. El cielo acuda
a la intención con que quiero
el retrato verdadero
del que siempre fue mi ayuda.
Digo de la hechura santa
245 de Cristo, que en Burgos hoy
veneramos, y a quien doy
la Fe con humildad tanta.
Y como su Majestad
-ya sabrás todo el intento-
250 merced del corregimiento
de la muy noble ciudad
de Guadix me hizo, advertido[43]
quiero llevar retratado
el original sagrado
255 que del mismo Cristo ha sido;
será en mi defensa muro,
pues cuando esto solicito,
mis acciones acredito,
mis aciertos aseguro.
260 CRIADO Es muy cristiano cuidado.
CORREGID. Será luz de mis sentidos,
mas hablando divertidos
en el claustro hemos entrado.
CRIADO Y el pintor en la capilla
265 del Santo Cristo está puesto
de rodillas.
CORREGID. Bien con esto
se dispone.
CRIADO Ya se humilla,
ya nos ha visto, ya sale.
CORREGID. Señor maestro, ¿qué hacía?
Sale el pintor
270 PINTOR Ver de aquel hermoso día,
con quien no hay sol que se iguale,
cómo piadoso amanece
y ya entre celajes rojos,
de azotes, clavos y abrojos,
275 herido y muerto anochece.
Salen Carreño, don Juan y Centeno gracioso
CARREÑO Decís bien.
JUAN Pues vayan luego.
CENTENO Digo que al momento irán.
CORREGID. ¿Pues aquí, señor don Juan?
JUAN Sí señor, aún no sosiego.
280 CORREGID. ¿Y qué causa os ha traído
aquí?
JUAN Anoche...
CORREGID. Ya yo sé
la desgracia, mas no qué
os hubiese sucedido
a vos.
JUAN A mí y a ese hidalgo,
285 mi camarada, y el ser...
CORREGID. Ya entiendo, es noble mujer.
JUAN Al fin agora me valgo
del sagrado[44], mientras doy
a mis negocios asiento.
290 CORREGID. Es discreto pensamiento,
mas, puesto que yo me voy,
escuchad. Hablan los dos
CARREÑO Y el so[45] maestro,
sabe muy bien esa historia.
PINTOR Siempre para honra y gloria
295 de Dios la digo y la muestro.
CARREÑO Pues en otras ocasiones
he deseado sabella,
cansado de oílla y vella,
tan llena -en las oraciones
300 de los ciegos- de patrañas
necias[46]; ¡válgaos los demonios!,
¿sin levantar testimonios
no hay milagrosas hazañas?
JUAN Digo que es sumo favor.
305 ¡Ah, camarada!, ¿qué digo?
CORREGID. Tenedme por vuestro amigo.
CARREÑO ¿Es el señor Corregidor
de Guadix?
JUAN Sí, conoced
quien a muchos nos prefiere.
310 CARREÑO Para lo que le[47] cumpliere
me tendrá vuesa merced.
CORREGID. Sólo de serviros trato.
JUAN Aumentáis mi[48] obligación.
CORREGID. No se pierda la ocasión,
315 maestro.
JUAN ¿Que del retrato
habéis sabido su origen?
CARREÑO No, don Juan, y he deseado
sabello.
JUAN Yo haré un traslado
de lo que algunos me dicen.[49]
320 CORREGID. Referidle y todos, pues,
atentos escucharemos.
CARREÑO Sola[50] la verdad queremos.
JUAN Claro está, pues ésta es.
Después que por nuestros yerros,
325 con poder y ciencia suya,
quiso Dios que Dios muriese,
justicia y caridad suma.
Después que Cristo en la Cruz
ostentó a las criaturas
330 su amor, y en la pena todas[51]
se compiten y se emulan.
Entonces, de sentimiento
rasgando sus vestiduras,
explicando el dolor grave
335 a su modo cada una.
Los cielos estremeciendo
sus inmortales colunas,
la tierra gimiendo y
rimbombando por sus grutas.
340 El mar entre los escollos,
oprimido monstruo bufa.
El aire sin ley, el fuego
sin luz, y sin Sol la Luna,
porque agonizando el Sol,
345 si no se muere, se turba.
Ya, pues, honrando el cadáver
sagrada flamante urna,
entre fragantes aromas
que lo ungen y sahúman,
350 de donde al tercero día
el monumento renuncia
y glorioso del abismo
como de la muerte triunfa.
Entonces, pues, el deseo
355 de un discípulo que estudia
cómo sacar del Maestro
la soberana figura.
El original copió,
farol que apagado alumbra,
360 siendo la forma elegante
de celestial escultura.
Nicodemus[52] fue quien tanto
prodigio y milagro junta,
fuese ya por arte humana
365 o ya por divina industria.
Logró su celo y la efigie
tan vivamente dibuja,
que atenta la anatomía
ningún descuido le acusa.
370 Porque organizado el cuerpo
está de arterias, medulas,
de huesos, nervios y[53] venas,
dientes, cabellos y uñas.
Este fiel trasunto, esta
375 precisa imagen que ilustra,
el mundo, el avaro tiempo,
algunos siglos oculta,
ignorando el lugar donde
a los mortales se escusa[54]
380 la gran reliquia, guardada
para España esta ventura.
Cuyo Católico Imperio
opuesto vive a la furia
de la herejía, serpiente,
385 que aunque ejércitos escupa
y aborte infames cabezas,
bárbaramente confusas,
a los aceros de Austria
darán las gargantas brutas,
390 cuyos reyes son Atlantes
que en sus hombros aseguran
de la Militante Iglesia
la Religión y hermosura.
Volviendo, pues, al suceso,
395 cierto mercader que busca[55]
el[56] caudal eterno, en tanto
que solicita caducas
riquezas, a Flandes hizo
un viaje, para cuya
400 jornada, devotamente,
de Agustín los hijos busca,
que en esta ciudad insigne,
con ejemplar vida suya,
al fin religiosamente
405 pasaba miseria mucha,
ofréceles, si a la Patria
vuelve con bonanza, una
joya, que penda en el templo
por tabla de sus fortunas.
410 Aceptan ellos y, en cambio,
con oraciones le ayudan
y ya en el mar sus empleos
la fatal campaña surcan,
cuando el océano airado
415 ondas levanta sañudas
y de los astros brillantes
el esplendor arrebuja.
Con la agitación parece
que encendidas y robustas
420 sus olas a las estrellas
con calor caliente ahúman.
Brama el viento, el cielo muestra
triste y feroz catadura,
con fuego y agua las nubes
425 ya no espantan por oscuras,
mayores daños predicen,
mayores sustos anuncian;
teme el soldado, el piloto
ya desconoce el aguja,
430 el grumete y marinero
lo mismo ignoran que buscan,[57]
que turbadas las faenas
unos a otros se usurpan.
Llora el pasajero, el dueño
435 de la nao se descoyunta,
temiendo en cada vaivén
que el mar la sorba o la unda[58],
cuando en tal asombro, en tan
azarosa desventura,
440 breve leño, batel corto,
apenas entre la espuma
dejó advertirse, notando,
que las montañas cerúleas,
aquel bajel prodigioso
445 los abolla y los abruma.
Arco de paz que retira
la tempestad, que deslumbra
el aire, y de horror y miedo
la tierra y el mar desnuda,
450 mejor Santelmo[59] serena
tanta borrasca y enjuga
el llanto a los afligidos,
que entre fatales angustias
se juzgaron sepultados
455 en las cristalinas tumbas.
Reconocieron alegres
aquel tronco que fluctúa
y que en la nave parece
que tomar puerto procura.
460 Trasladáronle seguras
del piélago a la chalupa[60],
y de allí a la popa, adonde,
ya con reverencia muda,
de tosca y pobre madera
465 un ataúd les asusta.
Desunen con brevedad
de las tablas las junturas,
y de cristal u de vidrio[61],
clara, transparente y pura
470 hallaron segunda caja,
vieron primorosa funda,
que a la vista, ni embaraza,
estorba, implica ni ocupa,
y así miraron de Cristo
475 la estampa, el tipo y hechura,
tan propiamente cabal,
tan puntüalmente justa,
que a no ser el mismo Cristo
en disposición difunta,
480 la Fe sola en tanto indicio,
lo acreditado repugna,
porque vencer los sentidos
se dejaran de la duda.
Quien de cuantos circunstantes
485 el caso bien[62] dirá, en suma,
la admiración con el gozo,
el pasmo con la ternura,
considérese el fervor[63],
la devoción se presuma,
490 sospéchese la piedad,
que es soberbia y es locura
fiar afectos tan grandes
de una voz ni de una pluma.
Ya, pues, la quilla volando
495 sobre las crespas espumas,
en poco espacio, contento
dieron fondo en La Coruña.
Llega el mercader a Burgos,
cumple el voto, el pueblo escucha
500 la historia, crece la fama,
los religiosos ajuntan[64]
el sacro bulto a una cruz,
porque por sus conyunturas
se gobierna, pareciendo
505 que por manos de hombres justas[65]
como la primera vez,
verse enclavar la segunda.
Los ojos de su materia
ni pueden hablar ni juzgan,
510 porque aun el tacto, si es carne,
una y muchas veces duda.
De la barba y la madeja,
que entre los juncos se ofusca,
sin afán contarse pueden
515 la hebra, el pelo, la punta.
Sangre, y no coral fingido,
agua, y no cristal, inunda
el costado y todo el cuerpo
anega la inmensa lluvia
520 de azotes, cuyas señales,
acordando las injurias,
por el alba de la tez
azules flores madrugan,
teniendo edificio humano,
525 tan perfecta arquitectura,
que lo natural desmiente
y lo verdadero culpa.
Colócanle en la capilla,
que hoy más venerada dura
530 el tesoro, que en la tierra
el cielo mismo vincula.
Si alguno le vio, en el alma
siente rigor y dulzura,
porque tiernamente a un tiempo
535 enamora y espeluza[66],
favorece y amenaza,
desconfía y asegura,
halaga y atemoriza,
y dando vista, deslumbra,
540 cuando unos mismos deseos
facilita y dificulta.
Lo milagroso, lo raro,
historia cuente[67] difusa,
que mis labios balbucientes
545 ya se enmudecen y turban.
CARREÑO Esto sí, pese a los ciegos,
tiene talle de verdad[68].
JUAN Con toda puntualidad
está escrita de mis ruegos.
550 CORREGID. Id a copiarla al momento.
PINTOR Yo voy, señor, a copiar.
CORREGID. Don Juan, ¿podemos fiar
del cuidado y del aliento
de Carreño, que mi ropa
555 lleve a su cargo?
JUAN Muy bien,
que no hay hombre más de bien[69]
ni más valiente en Europa.
CORREGID. Pues a Dios[70], porque a tratar
voy de mi jornada.
CARREÑO Acierta
560 vuesarced, hasta la puerta
os hemos de acompañar.
CORREGID. Aqueso será excusado.
JUAN Por Dios, que aquesto ha de ser.
CARREÑO Aquí habéis de obedecer,
565 que aún no soy vuestro criado.
Vanse y queda el pintor solo
PINTOR Señor, mi discurso loco,
atrevido a la hermosura
de vuestro Hijo, procura
copiar y pavores toco.
570 Al certamen me provoco
en vano, porque es ociosa
diligencia, si oficiosa
la piedad de un querubín
pinceles no me da en fin
575 de los que gasta la Esposa.
Mas la Esposa sea el pintor,
pues en los Cantares[71] sabe
dulce animar, y süave,
su rosicler y candor;
580 mas no, que su ingrato amor
llenó a Cristo de borrones;
y así en estas ocasiones,
si fiel he de retratar,
en cara le sabrán dar
585 con sus yerros las facciones.
Por vuestra cuenta, mi Dios,
esta copia ha de correr,
yo el afecto he de poner,
el arte y la mano vos.
590 Tenga el lienzo de los dos,
vuestro el primor y el halago,
nada mío, y del estrago
de vuestra crüel pasión,
pintad vos la ejecución,
595 que no[72] puedo yo el amago.
Pero el sueño, sin poder
defenderme, me ha rendido,
pensión mortal que ha vencido
el más discreto saber.
Sale un Ángel con un Cristo pintado
600 ÁNGEL Tu celo ha podido hacer
¡oh, artífice piadoso!
que el retrato milagroso,
que solicitas copiar,
venga del cielo a mostrar
605 lo divino prodigioso.
Que en este lienzo se encierra,
pues dará, porque te asombres,
paz otra vez a los hombres,
como a los demonios guerra. Vase
610 PINTOR ¡Válgame Dios! Cuánto yerra Despierta[73]
quien pretende ¡qué locura!
copiar divina hermosura
con los pinceles humanos,
mas con lejos[74] soberanos
615 deidad tiene esta pintura.
¿Si es verdad que yo, mas no,
mezclé sus bellos colores,
o si es cierto que las flores
de este jardín planté yo?
620 ¿Si he dormido? ¿Si pintó
el alma esta hermosa idea?,
qué lástima, que recrea,
no y sí, mas la razón
de esto quiere el corazón
625 que la dude y que la crea.
Entre mortal palidez
se acecha rara beldad
y se ve la majestad
siendo reo del jüez.
630 Espíritu y altivez
tiene el dibujo no humano;
si es milagrosa la mano,
vos, lienzo, lo diréis vos,
porque nunca supo Dios
635 obrar milagros en vano.
Venid, señor, si primero,
sin darme nuevos asombros,
os permitís a mis hombros
vuelto de león cordero.
640 Mas si en vos, como lo infiero,
del mundo a los necios sabios
habéis de advertir agravios,
almas buscando sencillas,
digan vuestras maravillas
645 lo que callaren
mis labios. Vase
Salen don Juan, Carreño y Centeno
JUAN Digo que la burla está
bien dispuesta y bien pensada.
CARREÑO Pues disimular importa.
JUAN Centeno, porque mi dama
650 no esté con más susto, quiero
que esta noche por las tapias
de la huerta los tres solos
salgamos, porque el hablalla
me importa.
CENTENO Es resolución
655 perversa y desatinada.
CARREÑO Eres, digo...
CENTENO ¿Qué? ¿Un lebrón[75],
un judío y un ganassa[76]?
JUAN Pues si no quieres venir,
yo te dejaré cerrada
660 la puerta. Acuéstate y cuida
de la luz.
CARREÑO Quédate.
CENTENO Vayan
y plegue a Dios que en la trena[77]
no amanezcamos mañana. Vase
Si he de decir la verdad,
665 yo muy de bellaca gana
me quedo en la calle solo,
porque nunca he sido nada
aficionado a tratar
ni con duendes ni fantasmas.
670 Que hubiese de ser también
esta dicha celda baja,
y como a la iglesia tiene,
aunque con reja, ventana
para asomarse un difunto,
675 está muy acomodada.
La puerta está con la llave,
conque si algún muerto llama,
con vuélvase, pues el diablo
se vuelve a puerta cerrada.
680 ¿Mas si por mi mal creyese
aquesta noche algún alma,
que tengo el ánimo yo
como el Marqués de las Navas,
de quien han dicho que a un muerto
685 doce años, barba a barba,
le habló, como pudiera
con su lacayo o su dama?[78]
Pero todo esto es dislate,
consejas o pataratas,
690 sólo mi temor no es burla,
sólo mi temor no es chanza,
¿qué haré? ¿dormiré?, ¿mas quién[79]
con miedo duerme y descansa?
Pues rezo, que para el sueño
695 un sermón y rezar basta. Persínase
Por la señal de la Cruz,
que a los demonios espanta,
ya bostezo al primer diez,
pienso roncar; pero aguarda,
700 si la lanza no me miente, Golpes
golpes dan, y se declaran.
Válgame del crucifijo
santo la preciosa estampa
que siempre traigo conmigo,
705 ¡ay, señores, que me agarran!,
temblando estoy; pero, ¿qué
importa?, allá se lo hayan.
Los señores muertos den
golpes de aquí a la mañana,
710 mas esto va malo, que
me golpean la ventana. Golpes
CARREÑO Centeno. Dentro Carreño
CENTENO Aun esto es peor,
¡Jesús, San Blas, Santa Marta!
CARREÑO Centeno.
CENTENO Quiero callar.
715 CARREÑO ¡Ah, Centeno!
CENTENO Luego un alma
errará el nombre; quién fuera
agora trigo o cebada,
aunque me comieran bestias
y logreros me cenaran[80],
720 mas responder es forzoso,
aquí dé el valor. ¿Quién llama?
CARREÑO Un alma en pena.
CENTENO ¿Quién dijo?
CARREÑO Un difunto.
CENTENO ¿Pues qué manda?
CARREÑO Que sin chistar al momento
725 el dinero y las alhajas
que tiene me dé, que así
cumpliré lo que me falta
para una restitución,
porque estoy penando.
CENTENO ¡Ascuas!
730 Perdone, por Dios, hermano,
porque yo no tengo blanca.
CARREÑO ¿Para qué mientes, Centeno?
Yo sé que ganó a la taba
hoy al mozo del convento
735 un real de a ocho en plata,
cinco en cuartos y en ochavos,
él tiene ropilla y capa,
y sombrero y otras cosas,
que sin hacelle gran falta,
740 pueden remediarme a mí.
CENTENO Así el miedo me dejara.
CARREÑO ¿No responde?
CENTENO Quedarse uno
como el pelo de la masa
no es tan fácil.
CARREÑO Dese prisa.
745 CENTENO ¿Esto es limosna o estafa?
CARREÑO Mire que entraré por todo
cuanto he dicho si se tarda. Dáselo
CENTENO Tome usted, que en cortesía
hasta agora ningún[81] alma
750 me ha vencido.
CARREÑO La ropilla
y la moneda me falta.
CENTENO Ya va, ¿quiere más?
CARREÑO No, amigo,
a Dios con la colorada[82].
CENTENO Vaya el diablo para muerto,
755 que es peor que estotra tacha.
Ayúdeme San Laúd,
válgame Santa Guitarra;
pero rüido en la puerta
he sentido, echar[83] el habla
760 no puedo; será mi amo,
y si viene es gran palabra,
quiero alumbrarle, San Dimas,
San Lesmes, Santa Susana[84].
Sale Carreño vestido de muerto
CARREÑO No temas, no, porque vengo,
765 Centeno, a darte las gracias
por el favor recibido.
CENTENO Pues yo se las perdonara.
CARREÑO Y las manos muchas veces
te beso por merced tanta.
770 CENTENO Yo hago lo mismo y digo,
aunque no estoy para gracias,
que almas besa cuerpo, que
quisiera ver quemadas.
CARREÑO Y porque sepas quién soy,
775 por si alguna cosa mandas
en el otro mundo, escucha.
CENTENO ¿Relación? Ésa es matraca.
CARREÑO El ánima sola soy. Vase
CENTENO Barrabás te lleve el alma,
780 ¿que no me dejará en paz?
Digo que ya no me espanta
de que pidan las mujeres
tan sin rienda y tan sin tasa,
si sus cuerpos se gobiernan
785 por tan pedigüeñas almas.
Yo apostaré que esta noche
me han salido diez mil canas.
¿Otra vez ruido? ¡Cielos!
¡Ay, señores, que me matan!
Salen don Juan y Carreño
790 JUAN Centeno, Centeno, tente.
CENTENO ¿Qué buscas, alma borracha,
alma prestada o precisa?
CARREÑO Salió la burla extremada.
JUAN Repórtate.
CENTENO No sosiego.
795 JUAN ¿Y la luz?
CENTENO Qué sé yo.
JUAN Acaba,
y enciéndela en la primera
lámpara.
CENTENO[85] Bercebú que vaya,
vaya Centeno, que yo
tengo dos mil estocadas
800 que sobre un mentís un muerto
aquí me pegó de mala.
CARREÑO Yo voy a encender la luz;
¿pues tú, gallina mojada[86],
no te atreves? Vase
CENTENO Y a usted
805 muy buen provecho le haga,
¡ay de mí!
JUAN ¿No me[87] dirás
lo que ha sucedido?
CENTENO Nada,
más de que sin más ni más
me meto fraile mañana;
810 pero no en este convento,
porque andan aquí las almas
estafando y espantando.
Sale
Carreño[88]
CARREÑO Ésta es la luz . . . . a - a[89]
... ... ... ... ... ... ...[90]
815 CENTENO ¿Qué veo? A Dios muchas gracias
doy; pero alumbre usted,
¿no es ésta la misma cara
del ánima sola?
CARREÑO Sí.
JUAN Tragástela.
CENTENO Basta, basta,
820 ¿no es bueno que conocella
quise?
CARREÑO ¿En qué?
CENTENO En lo adifuntada.
Seor[91] Carreño, nadie diga
de esta burla y desta trampa
no beberé[92], porque el lobo
825 no hace en toda la semana
cuanto el día del domingo
suele decirse que paga.
¿Qué es de mis prendas?
CARREÑO Cabales
están todas, sólo falta
830 la numerata pecunia[93].
CENTENO Como la gastemos vaya
y almuércese hoy a mi costa,
pues es ya de día.
CARREÑO Hablas
como honrado.
JUAN En el compás
835 me parece que hay tapadas,
y no de mal arte.
CENTENO Vamos
a decilles[94] cuatro chanzas.
Vanse
y han de estar asomadas al margen del paño doña Inés y Dorotea,
y salen don Juan y Centeno
INÉS Quien ama y tiene su honor
a los pies de la fortuna,
840 no una diligencia, una
y mil ponga, ¡qué dolor!,
para que el dueño, ¡ay, amor!,
de su honra mal perdida
halle a pesar de la herida
845 que le dio un celoso engaño,
la cura en el desengaño,
yo quietud y don Juan vida.
JUAN Buen talle.
CENTENO Y de la criada
no es muy zurdo[95] el desenfado.
850 JUAN Taparse aquí es excusado. Destápase[96]
INÉS El alma tengo turbada,
decís bien.
CENTENO ¡Ah, desalmada!
INÉS Señor don Juan, ¿de mis males
sois causa?
JUAN Sí, mas iguales
855 son mis agravios y amores.
INÉS Para unos celos traidores
hay desengaños leales.
JUAN Yo me ausentaré crüel
para curar mi dolor.
860 INÉS ¿Tú has de ausentarte? ¿Y mi honor?
JUAN Cuide tu desdicha dél.
DOROTEA No dar es necio arancel.
CENTENO Y ésta es criminal sentencia.
DOROTEA ¡Qué mengua!
CENTENO ¡Qué impertinencia!
865 INÉS Eso es matarme.
JUAN No es
sino procurarme, pues,
alivios con una ausencia.
Y advierte.
INÉS No hay que advertir.
Yo he de seguirte, don Juan,
870 primero es mi honor que todo[97].
JUAN Más despacio lo verás
INÉS Ya no tengo que perder. Vase
JUAN Ni yo tengo que esperar. Vase
DOROTEA Con mi ama voy, picaño[98],
875 y allá me lo pagarás.
CENTENO Pues oye.
DOROTEA Di presto. Vase
CENTENO Que
ya me quedo si tú vas.
Guárdese de mí, Carreño[99],
que me tiene de pagar
880 la burlilla del difunto,
aunque descuidado está,
en la jornada segunda,
si es que llegamos allá.
JORNADA SEGUNDA
Salen Centeno y un ventero
CENTENO Bien haya el hombre primero
885 que hizo venta en despoblado,
digo que es un desalmado
quien ladrón llama al ventero.
Consuelo del afligido
podría[100] con más razón
890 llamarle, y de esta opinión
los hombres sabios han sido,
que halle yo la puerta abierta
a cualquier hora del día.
¿Quién dejó aquesta obra pía,
895 feo huésped?
VENTERO Hidalgo, advierta,
que aún no tengo solo un pelo[101]
de rubio, excuse quimeras.
CENTENO ¡Vive Dios que hablo de veras!
¿Pues hay humano consuelo
900 para un triste caminante
como llegar a la venta,
descansa, come, hace cuenta,
buen provecho y adelante?
VENTERO Prevención fue bien pensada.
905 CENTENO ¿Pues quién caminar pudiera,
si este remedio no hubiera
en medio de la jornada?
VENTERO Ya les cuesta su dinero.
CENTENO ¿Pese a quien eso repara,
910 si dinero no costara,
no fuera santo el ventero?
¿Qué anacoreta montés
hiciera tan santa vida,
si el descanso y la comida
915 le diera sin interés?
Sólo en eso de las cuentas
hay algo que confesar,
que a no haber cuentas que dar,
ermitas fueran las ventas.
920 VENTERO Ahora deje adulaciones
de ventas y de venteros,
¿quién son estos caballeros?
CENTENO Diréselo en dos razones:
el del hábito va a ser
925 de Guadix Corregidor,
el galán es mi señor
y el otro es su tragantier[102].
VENTERO ¿Cómo?
CENTENO La voz es bisoña,
tragantier.
VENTERO No lo he entendido.
930 CENTENO Es oficio introducido
de la casa de Borgoña.
VENTERO ¿Qué oficio?
CENTENO Comeletón[103],
y en el vulgar mascomiente[104],
hombre que por lo valiente
935 tira gajes y ración.
VENTERO Miren por dónde ha venido
a decir de ramo en ramo
que es polilla de su amo[105].
CENTENO Lindamente lo ha entendido.
940 VENTERO[106] Y dígame, aquella caja,
que a su cargo y cuenta viene,
¿qué tiene dentro?
CENTENO ¿Qué tiene?
Una soberana alhaja,
del Cristo de Burgos Santo
945 una copia milagrosa.
VENTERO Gran caja[107].
CENTENO Tan prodigiosa
que provoca a amor y espanto.
Llévala[108] el Corregidor,
y como a[109] hombre de cuidado
950 a él solo se la ha encargado.
VENTERO Gran fineza.
CENTENO Y gran favor.
VENTERO Ahí se dejó un arriero,
porque un mulo le estropeaba[110],
otra caja que llevaba,
955 tan igual que un carpintero
presumo que hizo las dos.
CENTENO ¿Y qué tiene dentro?
VENTERO Nada.
CENTENO Huésped, tome aquesta espada,
esta capa, y vive Dios
960 de darle todo el vestido,
porque esta caja me dé.
VENTERO A mi aposento la entré.
CENTENO Pues a reír le convido,
que esta noche ha de llevar
965 con la de rengo[111] el valiente.
VENTERO Él viene.
Sale Carreño
CARREÑO ¿Que a tanta gente
honrada pueda estafar
un ventero?
VENTERO Hidalgo, aquí
sin estafar me conservo.
970 CARREÑO Será milagro del Verbo.
VENTERO Sin ser milagro es ansí.
CARREÑO Yo lo creo.
CENTENO Y fama tiene
de que es un alma de Dios.
CARREÑO Pues ahora[112] de ser dos,
975 no hará poco si una tiene.
Ea, huésped, eche cebada
y prevenga a buena cuenta
qué cenar.
VENTERO No hay en la venta
más que un ave.
CARREÑO ¿Y está asada?
980 VENTERO Con unas lonjas está
y un pedazo de ternera.
CARREÑO Para la mesa primera,
que somos tres, bastará.
VENTERO ¿Y acá no hemos de comer?
985 Por Dios, que para pegado,
el seor Carreño es[113] cuitado[114].
CARREÑO ¿Pues tú bien sabrás morder
de un plato, aunque esté vacío?
CENTENO Que esto a mi amo se le pega.
990 CARREÑO Nunca gente palaciega
murió de ahíto ni hastío[115].
CENTENO Basta que usted procure
para la primera mesa.
CARREÑO Allí[116] me toca una presa[117].
995 CENTENO Créolo sin que lo jure,
que[118] cuando a comida y cena
se cala un señor truhán[119],
con la gorra de Milán[120]
a costa de bolsa ajena.
1000 Es un pegadillo eterno,
una comezón, un grano,
un sarpullido[121] en verano
y un sabañón en invierno,
todo es comer y rascar,
1005 como lo hace el seor Carreño
CARREÑO ¿Mas cuánto va que le enseño,
si llego, cómo ha de hablar?[122]
VENTERO El lacayo se la pega
a este crudo[123] lindamente.
1010 CARREÑO ¿Huye Carreño la frente
al golpe ni a la refriega?
CENTENO Yo en eso no me entremeto,
lo que sé, y por lo que llamo,
es que se come a mi amo
1015 en virtud de ese coleto[124]
y esa daga criminal,
que pegado[125] siempre a ella,
no mata, sino desuella
una bolsa real a real.
1020 CARREÑO ¿Esto sufro? ¿Esto consiento?
Pícaro, desvergonzado,
voto a Dios, que si me enfado,
que os estrelle en un cimiento.
CENTENO El hipérbole[126] es pequeño,
1025 mas si ello hubiera de ser,
estrellar para comer,
lo creyera[127], seor Carreño.
CARREÑO Pícaro, de esta manera
respondo. Saca la daga
VENTERO Repórtese,
1030 señor Carreño, usted[128]
más corriente pensé que era.
¿No echa de ver que el camino
a estas cosas da ocasión
y el camarada es burlón?
1035 CENTENO Bueno es estar muy mohíno,
el seor Carreño, pues de eso
no más se corre, despacio
lo toma, que es en palacio
estilo aqueste profeso,
1040 como eso le he de decir,
si juntos hemos de andar.
CARREÑO Lo que ha de hacer es callar.
CENTENO Lo que ha de hacer es sufrir.
¿No sufrí yo lo del muerto[129]?
1045 ¿Y burla de mí no hacía
cuando después me corría?[130]
Pues eso mismo le advierto:
ni se corra ni se asome
hacia la parte que ofende,
1050 sufra como quien pretende
y calle como quien come.
CARREÑO[131]Por vida.
CENTENO Allá dará el rayo. Huye
VENTERO Repórtese, caballero.
CARREÑO Desjarretaré al ventero
1055 y degollaré al lacayo.
VENTERO No es cosa que me está bien
el desjarretarme agora.
CARREÑO La cólera siempre ignora
cortesías.
VENTERO Está[132] bien.
1060 CARREÑO Que este pícaro se atreva...
VENTERO Mejor es disimular,
que quien sabe caminar
burlas sufre y comos[133] lleva.
CARREÑO ¿Pues conmigo un lacayuelo
1065 desdichado, un andrajoso?
VENTERO Si él es natural gracioso,
puede remediarlo el cielo.
Salen don Juan y Centeno
JUAN ¿Qué es aquesto?
CARREÑO Un insolente
que habla mal en mi desprecio.
1070 JUAN ¿Ya no sabéis que es un necio
y es un hombre impertinente? [134]
¿Pues qué ha sido?[135]
CENTENO Porque aquí
un chiste le dije, u dos,
se ha corrido[136].
CARREÑO Voto a Dios
1075 que si me chistáis así,
que os he de poner un freno
en la lengua.
JUAN Eso es honor[137],
pues conociendo el humor
y donaire de Centeno,
1080 era el enojo excusado.
CENTENO Como si yo me corriera
de cuanto a mí me dijera.
JUAN Siempre eres necio y pesado.
CENTENO Siempre lo oí, y soy testigo,
1085 que tú en mi presencia has dicho
que por decir un buen dicho
puede perderse un amigo.
Ofreciose la ocasión,
vino rodado el empeño,
1090 come bien[138] el seor Carreño
y llámele sabañón.
¿Es gran culpa?
JUAN Es disparate
de tu natural perdido.
CARREÑO Pues yo soy muy bien sufrido,
1095 para gracias de un orate.
CENTENO (Ya está la caja escondida Aparte[139]
y en su lugar está puesta,
la vacía: linda fiesta
tenemos, y prevenida,
1100 del Corregidor, que quiere
tener un rato de gusto,
dándole a ese bravo un susto.)
VENTERO Va de burla y desespere.
CARREÑO Huésped, ¿qué dice el bufón?
1105 CENTENO ¿Como yo no le pregunto
si la bufa[140] del difunto
fue frialdad o comezón?
JUAN ¿No queréis callar?
CENTENO Ya callo.
VENTERO Por Dios, que le da de agudo.
1110 JUAN Éste es necio cabezudo
y lo mejor es dejallo.
CARREÑO Reírse dél es mejor.
CENTENO Mi pretensión sola es ésa.
VENTERO ¿Cuándo he de poner la mesa?
1115 JUAN El señor Corregidor
no ha acabado de rezar
y él lo ha de mandar primero.
VENTERO Gran virtud de caballero.
JUAN Quien lo es, así ha de obrar.
Sale el Corregidor
1120 CORREGID. Caballeros, ¿he tardado?[141]
CARREÑO No señor, buena hora es.
CENTENO Eso tiene de cortés
el seor Carreño, y de honrado,
que para él siempre es hora.
1125 CORREGID. Con todo, al señor Carreño
un descuido no pequeño
tengo de reñirle agora.
La caja que por su cuenta
desde Burgos ha venido,
1130 ¿cómo agora la ha perdido
de vista? ¿Y en una venta,
sabiendo que es el tesoro
y la reliquia mayor,
que con verdadero amor
1135 venero, estimo y adoro?
CARREÑO Un instante me aparté
y no puede[142] en un instante
suceder cosa importante.
CORREGID. Bien su cuidado se ve.
1140 CARREÑO ¿Pues quién había de atreverse[143]
en la venta a cosa alguna,
que del globo de la Luna,
si allá subiera a esconderse,
Carreño no le sacara
1145 y crudo no le comiera?
CENTENO Eso de comer sí hiciera,
nunca yo en ello dudara.
CORREGID. Ahora en la caja vi andar,
y como nunca entendí
1150 que había de faltar de allí,
no traté de averiguar
quién era ni lo que hacía.
CENTENO ¿Mas si la hubieran hurtado?
CARREÑO ¿Quién?
CENTENO Quien hubiese pensado
1155 que con moneda venía.
CORREGID. No dice mal, vaya a vello,
por su vida.
CARREÑO ¿No es mejor
traer la caja, señor,
pendiente siempre del cuello?
1160 JUAN No fuera mal relicario.
CORREGID. Y fuera justo también.
CARREÑO Ya no hay ladrones de bien,
que ésa es fruta del Calvario[144]. Vase
JUAN Carreño, señor, es hombre
1165 que ha dado satisfacción
en una y otra ocasión
de hombre de bien y muy hombre[145].
CORREGID. Nunca lo he dudado yo,
pues a mí mismo le igualo.
1170 JUAN Con el señor don Gonzalo
de Córdoba militó
en Flandes y en Lombardía[146].
Y agora a Flandes tornando
con el invicto Fernando
1175 aquel venturoso día
de Norlinge[147], y el primero
que la espada desnudó
entre los muchos que honró,
mereció lugar su acero.
1180 CENTENO Él es hombre de valor;
pero sólo le ha quedado,
después de ser gran soldado,
la plaza de gastador[148].
JUAN ¿Al fin no queréis callar?
1185 Pues pagarlo has todo junto.
CENTENO De la burla del difunto
en algo me he de vengar.
Sale Carreño con una caja
CARREÑO Ea, señor[149], la caja es ésta,
y[150] ha sido Dios servido
1190 que no la hurtaron.
CORREGID.[151] No ha sido
poca dicha.
CENTENO (Ahora es la fiesta.) Aparte
Señor, si yo no me engaño,
esta caja es diferente.
CARREÑO ¡Que oigan a un impertinente!
1195 JUAN La misma es, no la extraño.
CARREÑO Aquesta caja es la mía,
mas ábrala el seor Carreño
para salir deste empeño. Ábrela[152]
CARREÑO Voto a Dios que está vacía.
1200 CORREGID. ¡Buen lance habemos echado!
JUAN ¡Jesús! ¿Esto puede ser?
CENTENO Si era cosa de comer,
habrala puesto a recado[153]
el seor valiente.
CARREÑO Juglar,
1205 no es tiempo de gracias éste,
que voto a Dios que me arreste
y eche la venta a rodar;
y si es burla, basta ya.
CORREGID. Bueno es que le dé ese nombre.
1210 CARREÑO Soy para burlas muy hombre.
JUAN Ninguno se burlará
en tales cosas resuelto.
CARREÑO No puede ser, que me aflijo,
que este Santo Crucifijo[154]
1215 a su casa se haya vuelto,
porque a lo que yo recibo,
¿qué mano había de atreverse?
CENTENO ¿Pues para qué había de volverse?
¿Llevámosle aquí cautivo?
1220 CARREÑO ¿Milagro no puede ser?
CORREGID. Nunca yo he de presumir
milagro.
CARREÑO Esto es discurrir.
CENTENO Sí, pero no resolver.
CARREÑO ¡Que hable este desvergonzado!
1225 Mucho hago, pues me resisto.
CENTENO Habrase comido el Cristo
sin estar sacramentado,
y en disculparse porfía[155].
JUAN ¿No queréis callar?
CENTENO ¿Por qué
1230 he de callar, si se ve
que está la caja vacía?
CARREÑO Insolente, pues mi estrella
os provoca y no os ataja,
vos entraréis en la caja
1235 para enterraros en ella.
Embiste contra él
CENTENO ¡Santo Cristo! Hoy me consagro
a vos, valedme, Señor,
y contra este comedor
haced un nuevo milagro.
1240 CARREÑO Ya basta, el chiste está bueno[156].
CENTENO No lo acaban de entender,
y es que me quiere comer
porque me llamo Centeno. Vase
CORREGID. Ahora bien, señor Carreño,
1245 esto sirva de escarmiento.
La caja está en mi aposento,
que ésa es otra y de otro dueño.
Mas porque haya desde aquí
más cuenta, esto he permitido.
1250 CARREÑO En efeto[157], me ha tenido
la caja fuera de mí;
que el demonio deparó
cosa aquí tan semejante
a la vuestra.
CORREGID. No se espante,
1255 que ya Dios lo permitió,
para que con más ventaja
se acuerde de su trasunto.
Al paño
CENTENO Ah, seor Carreño, pregunto:
¿ha parecido la caja?
1260 CARREÑO Bien está.
CENTENO Esta vez tragola.
CARREÑO ¡Ya saldremos de la venta!
CENTENO ¿Oye usted? Ponga esto a cuenta
de lo del ánima sola.
CORREGID. Ea Centeno, basta ya,
1265 y el señor Carreño a mí
me ha de dar palabra aquí
de que no se tratará
más de esto.
CARREÑO Sí, yo la doy,
que aunque estoy muy ofendido,
1270 todo el enojo he perdido.
CENTENO Digo que tu amigo soy.
CARREÑO Pues a cenar, caballeros.
CENTENO Ya la mesa está esperando.
CARREÑO Vive Dios que voy[158] temblando,
1275 Santa Imagen, de perderos.
JUAN Burla ha sido, y con ventaja,
la que has hecho.
CORREGID. Así ha de ser.
CARREÑO De hoy más, tengo de comer
y dormir sobre la caja.
Vanse. Salen Chapado y Juan Hidalgo
1280 CHAPADO Fiestas ha de hacer la villa.
JUAN H. No os canséis, Antón Chapado,
que está el Concejo empeñado.
CHAPADO Fiestas ha de hacer la villa[159].
JUAN H. ¿Cómo las tiene de hacer?
1285 CHAPADO No más de porque yo quiero.
JUAN H. ¿Cómo, si falta dinero
y no lo hay?
CHAPADO Hale de haber.
JUAN H. No es buena ocasión aquesta,
pues nuestro empeño sabéis.
1290 CHAPADO Juan Hidalgo, no os canséis,
que yo quiero que haya fiesta.
JUAN H. ¿No será mejor tratar,
un año que sois alcalde,
de que no se os pase en balde
1295 y lo que se ha de gastar
en fiestas que no conviene,
antes es de perjuicio,
hacerle al Rey un servicio,
para las guerras que tiene?
1300 CHAPADO Ahora esta vez ha de ser,
que decís bien os confieso,
mas como lo hay para eso,
para fiestas lo ha de haber.
JUAN H. Vuestro capricho es extraño.
1305 CHAPADO Hidalgo, esto está mal dicho,
que aquí no hay ningún capricho
y ha de haber fiestas hogaño,
o sobre ello habéis de ver
a Marcos un[160] Jamilena[161].
1310 JUAN H. Haya fiestas norabuena.
¿Qué fiestas queréis hacer?
CHAPADO Ello ha de haber procesión
y cuatro toros capeos[162].
JUAN H. Buenos son vuestros deseos,
1315 mas falta la ejecución.
¿Toros queréis? Desvarío.
CHAPADO ¿Deso espantado os habéis?
Hidalgo sois, mas tenéis
el ánimo de jodío[163].
1320 Yo tengo toros sobrados,
y aunque venda mi aceituna,
trayré de Valdefortuna[164]
el cura[165] y beneficiados.
Y cuando huese[166] pequeña
1325 la prevención que hay aquí,
Monte-Ficano[167] está ahí
y Granada está en San Sueña.[168]
Haya fiesta y regocijo.
JUAN H. De aquesto gustaréis vos.
Suene dentro música y voces de labradores
1330 CHAPADO Alcalde, cuerpo de Dios,
¿es Cabrilla algún cortijo?
Salen bailando Blas, Menga y otros zagales, y los músicos cantando
MÚSICOS Haced regocijo y fiesta,
vecinos los de Cabrilla,
que en vuestro campo amanece
1335 la flor de la maravilla.
CHAPADO Ven, hasta los zagales
salen hogaño de tino,
y voto al Sol que imagino
que hemos de salir de males.
1340 JUAN H. ¿Qué es esto, Menga, qué es esto?
¿Por qué os alegráis ansí?
MENGA Pues me lo pregunta a mí,
escuche y sabralo presto.
Ha de saber que ha venido
1345 a Cabrilla[169] una serrana
más fresca que la mañana,
más bella que abril florido.
En su encarnado arrebol
se mira todo el Oriente,
1350 la Luna tiene en la frente
y en las mejillas el Sol.
Y no os parezcan extrañas
estas nuevas maravillas,
que en el Sol de las mejillas[170]
1355 hacen sombras las pestañas,
que ocasionando desmayos,
sino desmintiendo enojos
las estrellas de los ojos
las tienen por negros rayos.
1360 Dichoso el que llega a verlas[171],
y más cuando dos rubíes
en los labios carmesíes
descubren risueñas perlas.
Viene buscando a un hermano
1365 que dice que se le ha huido,
y a la fe que es el vestido
costoso, aunque es aldeano
y por esto, y porque es bella
y lo merece su trato,
1370 con música y aparato
salimos a entretenella.
CHAPADO Hacéis bien y me habéis dado
notable gusto y placer,
que toros[172] se han de correr,
1375 por vida de Antón Chapado;
pero ella viene.
MENGA Despojos
de su planta es el verano,
guárdese todo cristiano,
que tiran rayos sus ojos.
Sale doña Inés y Dorotea de villanas, con rebozos
1380 INÉS Zagales, que Dios os guarde
y con prósperos sucesos
fertilicen vuestros campos,
autorice vuestro pueblo,
si ya el ampararme en él
1385 no se os hiciere molesto,
suplícoos que perdonéis,
por la inclemencia del tiempo
el estar aquí unos días,
que desde Castilla vengo
1390 maltratada de las aguas,
de tan riguroso invierno,
(mejor diré de mis ansias, Aparte
mejor diré de mis celos),
con necesidad de amparo
1395 y en vuestra piedad le espero.
CHAPADO Castellana, labradora,
todo este lugar es vuestro,
y voto al Sol que quisiera
poder ser alcalde eterno
1400 para serviros con[173] él.
INÉS La voluntad agradezco.
Yo he de pasar a Guadix,
porque relaciones tengo
que allí está un hermano mío.
1405 CHAPADO Sí, pero veréis primero
nuestras fiestas.
INÉS ¡Ay de mí!,
que para fiestas no vengo.
MENGA ¿Tanto quiere su merced
a ese hermano?
INÉS Es muy travieso
1410 y temo que se me pierda.
¡Ay tal bondad!
DOROTEA Bueno es eso,
es un ángel mi señora.
MENGA ¿Y cómo que es ángel bello
y allá en Castilla se crían
1415 estos ángeles trigueños?
DOROTEA Sí, pero son desgraciados.
MENGA Serán de los que cayeron[174].
CHAPADO Llegad, Juan Hidalgo, vos,
que sois algo más discreto
1420 y ofrecedle nuestra fiesta.
JUAN H. Señora, por lo que veo
en vuestro semblante, juzgo
de vuestra pena lo menos,
y aunque yo no os haya hablado,
1425 debiendo ser el primero,
es Chapado hombre de chapa
y por entrambos lo ha hecho.
Y agora yo por entrambos
nuestras fiestas os ofrezco,
1430 si bien es corto servicio
para los méritos vuestros.
Vuestra posada será
mi casa.
CHAPADO Eso no hablemos,
Juan Hidalgo, llanamente,
1435 yo maté hogaño tres puercos
y la puedo regalar
con morcillas y rellenos,
longanizas, obispillos[175]
y otras cosas deste tiempo,
1440 y vuestra matanza, alcalde,
hasta agora no se ha hecho.
JUAN H. ¿Qué sabéis vos?
CHAPADO Yo lo sé
y lo sabe todo el pueblo.
JUAN H. ¿Qué sabe?
CHAPADO ¿Queréis callar?,
1445 JUAN H. Alcalde, callar no quiero.
CHAPADO Que en la casa de un hidalgo
hay hambre de privilegio.
JUAN H. Vuestras malicias ofenden,
pero...
CHAPADO No hay pera ni pero.
1450 Ea,
volved a cantar
y no se hable más en esto.
JUAN H. Si es vuestro gusto, Chapado,
digo que yo gusto dello. Bailan
MÚSICOS Haced regocijo y fiesta,
1455 vecinos los[176] de Cabrilla,
que en vuestro campo amanece
la flor de la maravilla.
Entretanto
que bailan, salga un clérigo vestido a lo griego, o castellano,
admirándose y besando la tierra
MENGA ¡Ay, alcalde!
CHAPADO ¿Quién es éste?
JUAN H. Éste es sacerdote griego
1460 que hoy dijo misa en la villa.
PRIOR Proseguid vuestro contento,
amigo, que bien hacéis.
CHAPADO Estos escolares temo
que son los que traen las nubes
1465 con relámpagos y truenos
que nos apedrean los panes.
PRIOR No vengo, amigo, a ofenderos.
CHAPADO ¿Pues qué andáis mirando agora
tan pensativo y suspenso
1470 por el ejido?
PRIOR Escuchad,
lo sabréis[177] si estáis atento.
Mi patria es Grecia, el nombre no os asombre,
que allí se veneró primero el nombre
de Cristo, y con dominio soberano,
1475 el Imperio Romano,
que hoy goza el Austria, y goce eternamente,
se vio en aquellas partes del Oriente.
Griego soy, no lo niego,
que soy cristiano y sacerdote griego,
1480 la Tierra Santa he visto,
donde nació, vivió y expiró Cristo,
por eso así llamada,
que su pie la dejó santificada.
Con devoción y afectos singulares
1485 he visto los Santísimos Lugares,
donde el Hijo de Dios, por alto modo
obró la redención del mundo todo,
y he pasado gran parte de mi vida
dentro en Jerusalén, ya destruida,
1490 que[178] la bárbara furia,
que de nuestros pecados es injuria,
aquella que en nobleza y en grandeza
fue del mundo cabeza,
está tan arruinada,
1495 que de su ser antiguo es sombra o nada.
Lo que aquí contemplando estaba agora,
ved si con causa se lamenta y llora,
es que lo que ha quedado
de aquella peña del Sión[179] sagrado,
1500 de aquella maravilla,
es una semejanza de Cabrilla.
En cuanto por[180] el mundo he discurrido,
no he visto otro lugar tan parecido,
y hoy cuando celebraba,
1505 en su sagrado templo me juzgaba.
Este monte, que pocas cosas tiene,
con el monte Sión mucho conviene,
y aquel que unos olivos[181]
le oprimen breves y coronan vivos,
1510 siendo de la campaña gallardete,
tiene[182] correspondencia al Olivete[183].
Aquel más levantado
forma el Tabor[184], donde transfigurado
entre Moisés y Elías,
1515 parte de su deidad mostró el Mesías.
El valle, que entre uno y otro monte
penetra el horizonte
con el de Josafá[185], tan celebrado,
tiene similitud ese dorado;
1520 arroyuelo de vidrio fugitivo
es del Cedrón[186] un arrendrajo[187] vivo,
y por incultas quiebras
se desliza en diáfanas culebras.
Y aquel cercado,
1525 que está de la otra parte levantado,
sobre el arroyo es copia fiel, adonde
todo el Getsemaní[188] se corresponde,
hasta aquel montecillo solitario,
que una cruz tiene, es rasgo del Calvario[189].
1530 No hay cosa alguna en este campo todo
que de Jerusalén no tenga el modo,
el color de la tierra y el piadoso
cielo, si no es el mismo, es tan hermoso.
¡Oh dichosos vecinos de Cabrilla,
1535 no sin misterio es tanta maravilla!
Creed que aquestos montes y esta tierra
misterios incluyen y virtud encierra;
y porque prosigáis vuestra alegría,
presto llegará el día
1540 que sea Cabrilla erario y casa hermosa
de una reliquia santa y milagrosa,
que el Cielo se la[190] ofrece,
como a lugar que tanto se parece
a aquel donde el Verbo regalado
1545 conversó con los hombres humanado[191].
Proseguid vuestra fiesta, id prosiguiendo
la letra que cantáis, que bien entiendo,
que el que toma la pluma para hacella,
con el alma escribió, que no con ella,
1550 pues[192] amanecerá presto en Cabrilla,
esa flor que decís, ¡oh maravilla![193]
Quedad con Dios, que más decir no puedo,
y porque importa el irme no me quedo[194]
bien vuestra dicha fundo,
1555 pues hijos sois de este Sión segundo. Vase
CHAPADO ¿Habeislo[195] oído? ¿Culpareisme agora
porque quiero hacer fiesta?
JUAN H. El alma adora
tan santa profecía.
CHAPADO Primero, Juan Hidalgo, fue la mía,
1560 que el prevenir las fiestas no fue en balde,
cataos aquí con un profeta alcalde[196],